Guillén y Cassou






Jorge GUILLÉN y Jean CASSOU

Epistolario

Edición de Jacinta Cremades

Valladolid, Fundación Jorge Guillén
Universidad de Valladolid, 2011.

ISBN 978-84-15046-11-0







En la vida de los seres humanos, la verdad de los hechos vividos suele estar más presente en los epistolarios que en las biografías. Dicho de otro modo, las cartas son más sinceras que las autobiografías. Entre otras cosas, porque es mucho más fácil, y más frecuente, mentirse a sí mismo que engañar a los demás. Precisamente porque nos dedicamos de forma desengañada, que no ilusoria, a la Filología y a la Filosofía, sabemos que la verdad, como escribió Giambattista Vico —y nos recuerda Gustavo Bueno— está en los hechos, y no en las palabras (verum est factum). En la escritura domina siempre el deseo sobre la realidad. Sobre todo, entre poetas. 
Jacinta Cremades, autora de una importante y dilatada labor crítica sobre las literaturas española y francesa contemporáneas, nos ofrece, en una edición de lujo, por su forma y contenidos, el epistolario completo habido entre Jorge Guillén y Jean Cassou.

Cassou, escritor e hispanista francés nacido en Bilbao en 1897, hijo de Milagros Ibáñez y Leopoldo Cassou, conoce a Jorge Guillén en el otoño de 1917 en París, en la Sorbona. Nace entonces una fertilísima amistad entre ambos autores que se prolongará hasta la muerte de Guillén en 1984. La primera carta es del 8 de abril de 1918. La última, de un día de abril de 1982, y constituye una expresiva elegía epistolar a la muerte de Ida, el gran amor de Jean Cassou. 

«La correspondencia —escribe Jacinta Cremades en un enriquecedor y documentado prólogo a la edición— desvela uno de los secretos matrimoniales más íntimos de Jean Cassou. En 1925, conoce a Ida Janckélévitch, cuando está recién casado con su primera mujer (cuya vida fue para todos un misterio, hasta que la correspondencia con Guillén ofreció muchos datos sobre ella). Cassou dijo que se había casado con Ida en 1926 y que pasó el viaje de novios en casa de Vicente Blasco Ibáñez en Menton. La realidad la descubrimos en la correspondencia: “Mi querido Jorge, aquí me tienes con Ida. Para la gente estoy casado. Para ti estoy dichoso. Y eso, ya, es mucho” [carta de 1 de mayo de 1926]. En efecto, su partida de nacimiento dice que no contrajeron matrimonio hasta 1954, momento en que le concedieron el divorcio con su primera mujer, después de treinta años junto a Ida» (Cremades, 28). La vida es una experiencia muy compleja, en la que realidad y apariencia viajan siempre juntas. Como el amor y el dinero, que en público fingen desconocerse, y en privado disfrutan de las mejores alianzas. Bien lo dijo Lope…: «No se sustentan galas sin hacienda». Donde hay amor duradero, siempre hay sonante dinero… 

La literatura epistolar es, en cierto modo, la más realista que jamás se ha escrito. Por lo común, en la “literatura” de ficción acrítica, que es la que más se consume comercialmente, sobre todo en el formato televisivo, publicitario o cinematográfico, la relación que se establece entre dos o más términos (hombre y mujer) suele ser ideal (historia de amor, más bien de sexo, perfecta) hasta el extremo. En la literatura de ficción crítica, la relación entre términos suele ser siempre verosímil (es decir, irreal, pero aparentemente verdadera) y a veces hasta realista (esto es, un símil, un simulacro, de la realidad). Por ello en la literatura crítica, más que la satisfacción del amor, lo que se cuenta o se narra son las calamidades que hay que vencer para llegar al tálamo o al locus amoenus, del que los amantes han podido verse desterrados, en el espacio o en el tiempo, cual de un paraíso, hoy perdido, acaso para siempre. 

El lector observará que Amor y Poesía son los temas más dominantes en este epistolario entre Guillén y Cassou. Así, el hispanista francés nacido en Bilbao escribe al poeta español: «Entre los libros que me llevé conmigo, hay Cántico. Estoy escribiendo un pequeño ensayo —tal vez para los Cahiers du Sud— sobre el lirismo ontológico de Jorge Guillén. Y traduciendo Salvación de la Primavera, de todos los poemas de Cántico uno de los que más me gustan, sin duda porqué [sic] es el poema del Amor» (carta del 14 de septiembre de 1953, pág. 109). Y más adelante, en la misma carta, Cassou se lamenta de que «vivimos ahora en un mundo sin poesía y sin amor». 

El ensayo y la crítica literaria es otro de los grandes temas de este epistolario. Una crítica literaria que poco o nada tiene que ver con la actual —si es que en la actualidad hay crítica literaria de hecho—, y que en muchos aspectos podría resultar ilegible hoy día, en un mundo tan artificiosamente posmoderno en su vacuidad. La recuperación y la lectura de este epistolario recuerda ante todo al lector lo lejos estamos de una época que, sorprendentemente, se nos ha desvanecido, con una exagerada rapidez, en un pasado demasiado reciente, pero ya por entero irrecuperable. Nuestra Universidad nada tiene que ver con la que conocieron estos señores. Nuestra sociedad, tampoco. La cuestión es que «estos señores» son, sencillamente, nuestros más valiosos maestros. Porque la generación que los siguió agoniza sin ni siquiera sobresalir en su propia penumbra. Nuestros abuelos fueron más sabios que nuestros padres. A estos últimos les gustó más el poder que el conocimiento. Y si no, léase la obra de los unos, y compárese con la de los otros.

Jesús G. Maestro

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