Sobre la censura literaria




María José Vega,
Julian Weiss y Cesc Esteve (eds.)

Reading and Cersorship
in Early Modern Europe

Studia Aurea Monográfica, 2,

Universidad Autónoma de Barcelona, 2010.







El Seminario de Poética Europea del Renacimiento, dirigido por María José Vega, ha publicado, dentro de su amplio proyecto de investigación Reading and Censorship in Early Modern Literary Theory, un importante volumen dedicado a esta cuestión: la censura en la literatura y en la historia altomoderna de la interpretación literaria. 
Indudablemente, se trata de una materia capital para la Teoría de la Literatura. En el volumen colaboran más de una decena de investigadores de referencia internacional: Donatella Gagliardi, Gigliola Fragnito, Giorgio Caravale, Emilio Blanco, Julian Weiss, Robert Archer, José Augusto Cardoso Bernardes, Rosa Navarro Durán, Emily Butterworth, Marie-Luce Demonet y Roger Chartier. 
La cuestión de la censura es un tema capital, y tabú, en todas las épocas. No obstante, siempre se habla de la censura en épocas pasadas —nunca de la censura en la época presente—, y en países ajenos al propio —nunca en el país en el que suele residir el intérprete acrítico y ortodoxo—.  
A mediados del siglo XVIII, el padre Feijoo se preguntaba, antes sus censores: “¿Y qué tengo yo de hacer a esto? Nada. Dejaré a todo el mundo censurar como quisiere, mientras que yo escribo lo que se me representa más conveniente” (Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, Carta XII, “Algunas advertencias a los Autores de Libros, y a los Impugnadores, o Censores de ellos”, Cartas eruditas y curiosas, 1742- 1760).  
Lo cierto es que la censura es una práctica que puede funcionar como un atributo del lector —quien interpreta para sí—, o como un “derecho” del intérprete o una “exigencia” del transductor —quien interpreta para los demás—, esto es, de un censor dotado de competencias propias y específicas por una sociedad política estatalmente articulada e ideológicamente definida. No hay censura sin poder. 
¿Qué es, en efecto, la censura? La censura es la supresión objetiva de Ideas y Conceptos que los seres humanos se imponen entre sí, según el grado de poder (política) y de saber (sofística) que detenten en sus relaciones sociales e históricas, y de acuerdo con un sistema normativo ideológicamente codificado.  
La práctica de la censura institucional se sitúa en el sector normativo del eje pragmático del espacio estético. Pero además de la censura normativa o institucional, esto es, la ejercida por entidades políticas, estatales, o institucionales, del tipo que sea, cabe hablar de una censura autológica, que es la que el ser humano se impone a sí mismo —comúnmente llamada auto-censura—, y de una censura dialógica, que es la que el grupo, el gremio, o cualquier sociedad gentilicia, impone moralmente al individuo en ella integrado.  
En consecuencia, cabe hablar de tres tipos de censura, según la ejerza el individuo sobre sí mismo (censura autológica o autocensura), el grupo sobre el individuo (censura dialógica), y una institución política (o académica), cuya máxima expresión es el Estado, en las sociedades políticas, (o la Universidad, en las sociedades académicas) sobre el individuo (censura normativa o canónica). La primera es una censura psicológica, la segunda es una censura gregaria, y la tercera es una censura política. Ningún ser humano puede vivir al margen de estas tres formas de censura.  
Con todo, la censura no conduce a nada, salvo a degradar a quien la ejecuta, y a agudizar el ingenio de quien tiene algo que decir. Nada estimula con más fuerza el desarrollo de las ideas que cualquier intento ajeno por exterminarlas. Es completamente infantil suponer que porque un escrito, un artículo, un libro, no se publica en un determinado lugar, revista o editorial, las ideas que lo motivaron dejan de existir o de buscar por otros medios alternativos una articulación más desarrollada.  
En nuestro tiempo, sin embargo, la censura ya no la ejerce la Inquisición, y acaso tampoco la Congregación para la Doctrina de la Fe, al menos más allá del gremio de sus fieles, sino los ideales imperativos de una posmodernidad políticamente correcta, que excluye de los cauces y medios de publicación todo aquello que no resulte compatible con sus ideologías gremiales y psicologismos personalistas.

Jesús G. Maestro


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