Epicteto

¿Acudo al maestro como el que acude al oráculo, dispuesto a obedecer? ¿O también yo voy a la escuela lleno de imbecilidad solo a aprender la historia y a conocer los libros que antes no conocía y a explicárselos a otros si se tercia? [...] Y vosotros, hombres, curaos primero las úlceras, detened las diarreas, serenad la mente, traedla a la escuela sin distracciones, y comprenderás cuánta fuerza tiene la razón.


Epicteto (Disertaciones, II, 21, 8-23).
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