La razón o el crisol de la imaginación

Genealogía de la Literatura.
Sobre la literatura sofisticada o reconstructivista



© Jacek Yerka
Confiarse a la imaginación creyendo que de este modo el ser humano se sustrae a los imperativos de la razón o a los límites de la inteligencia es un error propio de quienes en realidad desconocen lo que es de veras la imaginación o tienen una idea extraordinariamente reducida y empobrecedora de ella. Porque huir de la inteligencia significa ante todo huir de la imaginación. Las raíces de la imaginación, como las de la fantasía y las de todo racionalismo, están en la inteligencia. Una imaginación disociada de la inteligencia es una consecuencia en el vacío. Quienes tradicionalmente pretenden basar el éxito de sus actividades, cualesquiera estas sean, en un divorcio entre racionalismo e imaginación, atribuyéndose ilusoriamente una inteligencia superior y alternativa a la del común de los mortales, se apoyan en una falsa dialéctica, según la cual el motor del arte es una voluntad inconsciente, espontánea o incluso indómita: una suerte de demiurgo cósmico que nos hubiera elegido, como un yo singular y superlativo, para manifestarse a nuestro través. Una tontería. Porque la imaginación, como el supuesto mito del inconsciente, es inconcebible al margen de la razón y de la inteligencia. Las obras de la imaginación ―y en particular las supuestamente más absurdas o irracionales― son siempre resultado de un racionalismo de diseño muy inteligente y muy sofisticado. La razón es una suerte de crisol en el que se funden y organizan los términos y relaciones con los que opera la imaginación.


Jesús G. Maestro

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