La realidad de la imaginación



CC-BY 2.0 Felipe Gabaldón - Lucifer
La imaginación, por muy atractivamente que se nos manifieste, no puede ser el paradigma de la realidad, del mismo modo que la pornografía, por muy sofisticada que resulte, no puede ser el paradigma de la sexualidad. No hay imagen que pueda sustuir un cuerpo original. Los hechos no se pueden suplantar. La realidad no es soluble en la imagen, el mito, la ideología, la pseudociencia o la religión. En una palabra, no puede reducirse o jibarizarse en las leyes de la apariencia. La realidad no está hecha de imágenes ni de palabras. Es más, la fórmula misma «está hecha» es reductora y determinista, porque la realidad se hace, desde el momento en que el ser humano puede operar en ella según sus potencias y facultades, y operar con hechos, es decir, ontológicamente, y no solo retóricamente, con palabras o con imágenes. El ser humano nunca deja en paz a la realidad. Solo los impotentes, los incapaces de acción, renuncian a conjugasre con ella, con el pretexto de una vida contemplativa, y otras fábulas por el estilo. ¿Contemplativa de qué? No vale recluirse en la imaginación. Porque la verdadera imaginación, la imaginación efectiva y, por lo tanto, racionalista, es operatoria, es decir, interviene directamente en la realidad, desde el momento en que forma parte esencial y ontológica de ella. La imaginación no sobrevive divorciada de la realidad. Para huir de la realidad hay que pactar con la locura. Y la locura siempre envuelve una sofisticada forma de cinismo. Y de vagancia. 

Jesús G. Maestro, Genealogía de la Literatura, 2012.


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