Sobre la obra de Gustavo Bueno


Respuestas de Jesús G. Maestro 
a tres preguntas sobre la obra de Gustavo Bueno, 
con motivo del 90 aniversario 
del nacimiento del filósofo español

Gustavo Bueno:
60 visiones sobre su obra

Raúl Angulo, Rubén Franco, Iván Vélez (eds.)

Pentalfa, Oviedo, 2014, 316 pp. [109-113]
ISBN 978-84-7848-559-8


1. ¿De qué modo se produjo su conocimiento o aproximación a la obra de Gustavo Bueno y al sistema del Materialismo Filosófico?

Mi aproximación y conocimiento de la obra de Gustavo Bueno tiene lugar inicialmente durante los años 1985 y 1990, durante mis estudios de licenciatura en Filología Hispánica en la Universidad de Oviedo. Bueno era el profesor más brillante, junto con Emilio Alarcos, en Lingüística, y José Caso, en Literatura Española. Asistí a sus clases como oyente, pues yo cursaba Filología, y desde entonces comprobé que en su magisterio y en su doctrina crítica había algo de lo que carecía el resto de docentes. Fue una realidad que mi vida académica posterior ha confirmado definitivamente. Bueno demostraba en sus clases lo que poseía y posee: una sabiduría precisa y vastísima, una memoria muy potente (lo que le permitía relacionar en sus exposiciones conocimientos de por sí inasequibles para muchas mentes), y una capacidad crítica absolutamente por encima de lo común. Bueno era y es, además, un hombre valiente. Por lo común, la Universidad, como cualesquiera otras instituciones, está llena de cobardes y mediocres. 
El 5 de octubre de 1987, con 19 años de edad, tuve ocasión de entrevistar a Bueno para el diario La Nueva España de Oviedo, periódico en el que yo colaboraba regularmente desde el 10 de marzo de 1984. A partir de ese momento comenzó una relación más personal. El 7 de noviembre de 1987 invité a Bueno a inaugurar el ciclo de conferencias que yo organizaba ese año en el café Dindurra de Gijón. 






En 1990 comencé la elaboración de mi tesis doctoral. Las lecturas de todo lo que se publicaba en El Basilisco me sirvieron de referencia fundamental, en una relación entre Filosofía y Literatura que iría creciendo progresivamente. En 1993 presenté la tesis en Oviedo, y cuando en 1994 obtuve por oposición una plaza en la Universidad de Vigo, comencé a aplicar poco a poco mis conocimientos de la Filosofía de Bueno a la Teoría de la Literatura. En 2004, en clara conexión y deuda con la obra de Gustavo Bueno, publiqué mi obra El mito de la interpretación literaria, monografía desde la que de forma explícita aposté por aplicar a los materiales literarios el Materialismo Filosófico. 
Con Gustavo Bueno me ocurrió todo lo contrario de lo que sucede con los profesores que se han tenido durante la juventud: en lugar de depreciarse con el paso del tiempo, la obra de Bueno no ha hecho más que desarrollarse y perfeccionarse en potencia crítica, en acierto metodológico y en condiciones de aplicación a todos los campos del saber.


2. ¿Cuál o cuáles han sido los trabajos del profesor Bueno y de la filosofía materialista que cree usted más le han influido?

Toda la obra, absolutamente toda la obra, de Gustavo Bueno ha influido decisivamente en mi formación académica, en mis clases universitarias y en mis publicaciones científicas.
Dada la naturaleza de mi orientación investigadora ―Teoría de la Literatura y la Literatura Comparada―, me he servido muy decisivamente de una serie de monografías de Bueno que han sido para mí fundamentales. Mi obra no existiría sin estos libros de Bueno: El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970), Ensayos materialistas (1972), La metafísica presocrática (1974), El individuo en la Historia (1980), El animal divino (1985), Materia (1990), Nosotros y ellos (1990), Primer ensayo sobre las categorías de las Ciencias Políticas (1991), los tomos de la Teoría del cierre categorial (1992), El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía moral (1996), El mito de la cultura (1997), etc… A todas estas monografías he de añadir una ingente cantidad de artículos y conferencias, publicados originariamente en infinidad de lugares, y por fortuna disponibles a través de la Fundación Gustavo Bueno, de los que me he servido constantemente en mis trabajos.
Los estudios de Bueno sobre la ciencia, que pueden agruparse en torno a su Teoría del cierre categorial, me han permitido fundamentar ―hasta donde es posible― gnoseológicamente un estudio de la Literatura en tanto que conjunto sistemático de “materiales literarios”, de modo que, siguiendo la potencia de la doctrina de Bueno, es factible plantear un cierre categorial en el ámbito de la Teoría de la Literatura, al determinar en el autor, la obra, el lector y el transductor los términos fundamentales de este campo categorial.
Su obra El animal divino me ha permitido aplicar a la obra literaria de autores concretos, como Cervantes, Shakespeare, Vicente Aleixandre, Georg Büchner, Lautréamont, Fernando de Rojas, François Rabelais, John Keats, Ugo Foscolo o Rainer-Maria Rilke, una interpretación sobre la religión ―en sus dimensiones numinosas, mitológicas o teológicas― capaz de cuestionar y revertir mucho de cuando se ha dicho con anterioridad sobre estos escritores. Con la obra de Bueno en la mano, puede afirmarse, por ejemplo, que Cervantes es el Spinoza de la literatura, esto es, un racionalista y un ateo.
Títulos como El papel de la filosofía en el conjunto del saber, Ensayos materialistas, La metafísica presocrática, El sentido de la vida o El mito de la cultura, me han permitido diseñar el fundamento crítico de una Teoría de la Literatura basada declaradamente en el Materialismo Filosófico construido por Bueno. Gracias a obras como Materia o Nosotros y ellos, por ejemplo, me ha sido posible articular una teoría sobre la Literatura Comparada capaz de enfrentarse a la enorme, cuando no disparatada y absurda, confusión actualmente dominante en el ámbito del comparatismo posmoderno. Piénsese por ejemplo en el absurdo del postulado de la posmodernidad según el cual todas las culturas, todas las literaturas, son iguales: si todas las literaturas son iguales, entonces no hay nada que comparar. La Literatura Comparada está inhabilitada en las pseudoteorías literarias posmodernas.
En mi opinión, solo desde un sistema de pensamiento como el Materialismo Filosófico construido por Gustavo Bueno es posible articular a día de hoy una Teoría de la Literatura capaz de enfrentarse dialécticamente ―y con solvencia crítica y científica― a la retórica de la vacuidad posmoderna, que inunda estérilmente la vida académica contemporánea. 


3. ¿Cuáles son, desde su punto de vista, las aportaciones más relevantes del Materialismo Filosófico a la hora de analizar nuestro presente?

Creo que este sistema de pensamiento construido por Gustavo Bueno responde, entre otras muchas cosas, a dos exigencias fundamentales de la vida humana: la Ciencia y la Política. Creo que Bueno atiende en esencia a estas dos dimensiones, en las que resulta envuelta e integrada toda actividad humana.
Bueno ha creado un sistema de pensamiento, el Materialismo Filosófico, desde el que es posible interpretar y explicar la totalidad de la experiencia humana, en todos sus campos y actividades de desarrollo. Lo que hemos hecho muchos de sus discípulos ha sido aplicar los hallazgos del maestro a determinados ámbitos categoriales o científicos.
Sus diferentes ensayos, artículos y conferencias sobre las categorías de las Ciencias Políticas constituyen por sí solos una obra de referencia. La aplicación de sus ideas filosóficas sobre la Política y el Estado, su doctrina sobre la Libertad y el Individuo, la dialéctica entre Ética y Moral, son nociones absolutamente fundamentales para interpretar obras literarias clave en el Siglo de Oro español, en el imperio isabelino inglés, en la organización académica de la Literatura Comparada tras la II Guerra Mundial, en la idea de literatura que desarrollan los ilustrados europeos ―y que el espiritualismo de los idealistas alemanes va a corromper prematuramente―, en la eversión crítica de la casi totalidad de teorías literarias y pseudoteorías literarias que se han planteado a lo largo del siglo XX, y por supuesto en la configuración de una Genealogía de la Literatura.
Como sistema de pensamiento fuerte, crítico y dialéctico, las más importantes eclosiones del Materialismo Filosófico, en diferentes ámbitos categoriales, y por supuesto dentro de la propia Filosofía, están por venir. Sabemos que nuestra obra es, como la de nuestro maestro, provocativa, crítica y deliberadamente adversa a las modas de lo políticamente correcto, y otras estulticias por el estilo. Pero no escribimos para los estultos, sino contra los sofistas, es decir, contra quienes contemporáneamente se alimentan de la estulticia de bobos e ignorantes que los aplauden y subvencionan. Porque, como nos ha enseñado Gustavo Bueno, pensar e interpretar es pensar e interpretar contra alguien. Si algo nos ha demostrado Bueno es que a la Razón, como a la Filosofía, y como también a la Literatura, no le está permitido retroceder. El futuro está lleno de posibilidades y de exigencias para el Materialismo Filosófico construido por Gustavo Bueno. En ello estamos. Y estaremos.

Jesús G. Maestro


© Pentalfa Ediciones, Grupo Helicón

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