Lo Grotesco

Las formas estéticas de la materia cómica en la literatura

Quijote II, 49 (Cervantes Project)
Una de las formas que la poética romántica más valoró en la interpretación del Quijote fue la estética de lo grotesco. Siguiendo inicialmente a Thomson (1972)[2], considero que lo grotesco es la yuxtaposición o integración dialéctica irresoluble y conflictiva entre una experiencia risible y un elemento incompatible con la risa, el cual es, sin embargo, parte esencial en la materialización y percepción sensorial de esa experiencia cómica[2]. Si este conflicto se resuelve, lo grotesco tiende a disolverse, desembocando, bien del lado cómico o burlesco, bien del lado trágico u horroroso. La naturaleza dialéctica del conflicto grotesco es algo, pues, que se presenta como su rasgo esencial.
De un modo u otro, lo grotesco es difícil de asumir. Con frecuencia provoca reacciones psicológicas de autodefensa, mecanismos de rechazo, mediante la racionalización, la indignación, la disconformidad. Lo grotesco contiene esencialmente elementos anormales, extraños, incluso sobrenaturales. Pero siempre se formaliza, se presenta, en un marco realista y verosímil, en un contexto de verdad, no onírico, no imaginado, no exclusivamente fantástico, sino real, visible, tangible. Lo grotesco lo es por ser convincente precisamente en sus anomalías más aparatosas[3]. Una de las manifestaciones iniciales más expresivas de lo grotesco en el Quijote la constituye la descripción que el narrador hace de Maritornes.

Servía en la venta asimesmo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las demás faltas: no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera (I, 16).

Verdad es que el narrador se ceba con esta asturiana, a la que acto seguido califica irónicamente de “gentil moza”[4]. El retrato se aproxima incluso a la caricatura, como expresión iconográfica (o verbal) sintética de una serie de rasgos que se intensifican y exageran con el fin de comunicar un determinado sentido o conjunto de características.

En relación precisamente con la idea de caricatura, Emilio Martínez Mata expresa una de las mejores imágenes que pueden darse, dialécticamente, entre lo que don Quijote es y lo que don Quijote pretende ser: “Don Quijote es, desde el inicio del libro, una caricatura de un caballero, por la edad (un anciano para la época), el caballo (sólo piel y huesos) y la grotesca armadura (claramente anticuada y más propia de un carnaval que de otra cosa: la celada, el casco del caballero, la había compuesto sirviéndose de un morrión, un casco de arcabucero absolutamente inapropiado para un caballero, y papeles encolados)” (Martínez Mata, 2008: 33).
La imagen de don Quijote es aquí la de una caricatura que subraya sobre todo el ridículo del personaje. La caricatura es expresión iconográfica (o verbal) sintética de una serie de rasgos que se intensifican y exageran con el fin de comunicar un determinado sentido o conjunto de características


2009.




Bibliografía
  • Cervantes Saavedra, Miguel de (1605-1615), Don Quijote de la Mancha, Barcelona, Crítica, 1998. Ed. de F. Rico.
  • Clayborough, Arthur (1965), The Grotesque in English Literature, Oxford, Clarendon Press.
  • Esquinas Algaba, José Ramón (2007), Jesús de Nazaret y su relación con la mujer. Un estudio de género a partir de los evangelios sinópticos, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo.
  • Jauss, Hans Robert (1970), Literaturgeschichte als Provokation, Suhrkamp Verlag, Frankfurt an Main. Trad. esp. de Juan Godo Costa y José Luis Gil Aristu: La historia de la literatura como provocación, Barcelona, Península, 2000.
  • Jennings, Lee Byron (1963), The Ludicrous Demon. Aspects of the Grotesque in German Post-Romantic Prose, Berkeley, University of California Press.
  • Maestro, Jesús G. (2009), Crítica de los géneros literarios en el Quijote. Idea y concepto de género en la investigación literaria, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo.
  • Kayser, Wolfgang (1957), Das Groteske, Oldburg, Stalling.
  • Martínez Mata, Emilio (2008), Cervantes comenta el Quijote, Madrid, Cátedra.
  • Preisendanz, Wolfgang (1963), Humor als dichterische Einbildungskraft. Studien zur Erza¨hlkunst des poetischen Realismus, München, Eidos Verlag.
  • Thomson, Philip (1972), The Grotesque, London, Methuen.
  • Urbina, Eduardo (1989), “Tres aspectos de lo grotesco en el Quijote”, en Sebastian Neumeister (ed.), Actas del IX Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Frankfurt, Vervuert, 1 (673-679).





[1] “Grotesque is a clash between incompatible reactions, laughter on the one hand and horror or disgust on the other […]. The copresence of the laughable and something which is incompatible with the laughable […]. It is the confusion between a sense of the comic and something —revulsion, horror, fear— which is incompatible with the comic” (Thomson, 1972: 2-3 y 7).

[2] Urbina (1989), siguiendo a Thomson (1972: 3), define lo grotesco en los términos aquí apuntados. Urbina distingue tres manifestaciones de lo grotesco en el Quijote, caracterizadas por lo monstruoso, lo ingenioso y lo ambivalente: “Lo grotesco monstruoso es parte primera y fundamental de la parodia ya que a través de ella Cervantes se propone precisamente satirizar los defectos de estilo y forma que encuentra en los libros de caballerías, es decir, su carácter disparatado y extravagante, su fealdad y deformidad grotescas […]. Lo grotesco ingenioso es el aspecto representado por el poder de don Quijote en su locura de imaginar experiencias y realidades a las que llama aventuras y de explicar las desventuras de manera igualmente imaginativa a través del recurso del encantamiento […]. Lo grotesco ambivalente o problemático es el aspecto relacionado con el problema existencial de don Quijote en el Quijote, es decir, como personaje creador en y de su historia” (Urbina, 1989: 674-676).

[3] Según Kayser (1957), el término grotesco parece procede del italiano, grottesco, derivado a su vez del término grotte, gruta, cueva, en las que se diseñaban pinturas y relieves de motivos muy heterogéneos, que rompían el principio clásico de la mimesis o imitación de la naturaleza, al concentrar imágenes de animales, plantas, seres humanos, motivos arquitectónicos y naturales. En Francia la palabra crotesque se documenta hacia 1532, y en Inglaterra se registra grotesque hacia 1640. A lo largo del siglo XVI, el término se aplica también a la literatura y a objetos ajenos al arte, como el cuerpo humano. Así sucede en la obra de Rabelais en Francia. Lo grotesco se sistematiza especialmente a lo largo de la Ilustración y del Romanticismo, en la época de la razón y de la crisis de la razón. Clayborough lo explica del siguiente modo: “The word grotesque thus comes to be applied in a more general fashion during the Age of Reason —and of Neo-Classicims— when the characteristics of the grotesque style or art —extravagance, fantasy, individual taste, and the rejection of ‘the natural conditions of organization’— are the objetct of ridicule and disapproval. The more general sense […] which it has developed by the early eighteenth century is therefore that of ‘ridiculous, distorted, unnatural’ (adj.); ‘an absurdity, a distortion of nature’ (noun)” (Clayborough, 1965: 6). W. Kayser, en sus comentarios a Athenäum de Schlegel, escribe: “Según los fragmentos 75, 305 y 389, lo grotesco se constituye a partir del violento contraste entre una forma y un contenido, de la inestable mixtura de elementos heterogéneos, de la fuerza explosiva de algo paradójico, que resulta simultáneamente ridículo y terrible” (trad. mía del alemán, Kayser, 1957: 43). Victor Hugo, como se ha indicado en este mismo volumen en el capítulo dedicado al Romanticismo y los géneros literarios, en su prefacio al drama Cromwell (1827), y en el conjunto de su obra literaria, sitúa lo grotesco en el seno mismo de la realidad, en una de las condiciones esenciales de la vida y la naturaleza humanas. El mundo se ilumina desde una nueva luz: la ausencia de falsedad, la realidad tal como es. Lo grotesco puede concebirse como un reflejo del mundo, como una expresión o categoría estética y como una forma de comportamiento. Sostienen tesis contrarias a la idea de lo grotesco en Kayser, Preisendanz (1963), Jennings (1963) y, sobre todo, Jauss (1970: 114 ss).

[4] El narrador no regateará puntualmente a Maritornes el reconocimiento de alguna virtud, implicada en un contexto religioso acaso poco favorable. Tras el manteo, la moza asturiana es la única que se apiada de Sancho, quien “rogó a Maritornes que se le trujese de vino [un trago, que no de agua], y así lo hizo ella de muy buena voluntad, y lo pagó de su mesmo dinero: porque, en efecto, se dice della que, aunque estaba en aquel trato, tenía unas sombras y lejos de cristiana” (I, 17). El cristianismo siempre ha mantenido con la prostitución una estrecha relación, digamos de “simpatía”: «Los recaudadores y las prostitutas os precederán en el reino de Dios» (Mt 21,31b-32). “Pocos lectores desconocerán ese retrato romántico que suele pintar a un Jesús santurrón y ñoño, rodeado por un nutrido elenco de prostitutas arrepentidas que le siguen, expiando sus muchos pecados. Pero lo cierto, es que son pocas las fuentes que nos informan de que Jesús tuviera especial interés por convertir a las prostitutas o se rodeara de ellas. Se le acusa de comilón y bebedor, pero no de fornicario; come con fariseos y con publicanos, pero no come con prostitutas —ya hemos visto que Lc 7,36-50 no es histórico—, y no existe ningún dato que nos indique que, si es cierto que le siguieron mujeres, estas se hubieran dado en algún tiempo a la prostitución. María Magdalena, por ejemplo, sufrió en manos de la tradición cristiana posterior un proceso de paulatino emputecimiento ideológico, que en modo alguno se basaba en los textos neotestamentarios ni en la verdad histórica, sino más bien en las mentes lúbricas de los comentaristas varones” (Esquinas, 2007: 202-203).


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