Más datos documentados Sobre la Leyenda Negra



Iván VÉLEZ,
Sobre la Leyenda Negra,
Madrid, Ediciones Encuentro, 2014, 328 pp.
Prólogo de Pedro Insua.
ISBN 978-84-9055-029-8

Reseña de Jesús G. Maestro


Cada página de esta obra de Iván Vélez Sobre la leyenda negra está perfectamente documentada, desde criterios históricos, conceptos científicos e ideas filosóficas. No estamos ante una obra más sobre el tema, sino ante un libro actual y de referencia sobre este asunto histórica y actualmente de máxima importancia. 
Las arqueas documentales de la Leyenda Negra antiespañola, sus gérmenes primigenios, se sitúan en la Italia del siglo XV, y alcanzarán una fuerte expresión a lo largo del Renacimiento europeo ―momento decisivo fue el saqueo de Roma, el 16 de mayo de 1527[1]―, cuyo arranque es un «sentimiento de desprecio con el que los italianos, quienes se tenían por los herederos de la Roma clásica, miraban a unos españoles que no solo eran unos ocupantes extranjeros, sino que también eran sospechosos de ser el fruto de la mezcla racial con pueblos infieles como el musulmán o el judío» (Vélez, 2014: 32).

No por casualidad Antonio de Ferraris, en Il Galateo, en su escrito De educatione, como claro precedente de Masson de Movilliers, se pregunta qué han aprendido los italianos de los españoles. Apenas en el mismo siglo, Cervantes podría haberle respondido desde las páginas de su novela ejemplar La señora Cornelia (1613), en la que los caballeros españoles Juan de Gamboa y Antonio de Isunza enseñan a razonar a Lorenzo Bentibolli, hermano de la señora Cornelia, a fin de evitar una tragedia familiar. En la literatura cervantina, el racionalismo de los españoles se impone con frecuencia al escaso uso de la razón que hacen muchos otros personajes, con frecuencia no españoles, y casi siempre no pertenecientes al estamento nobiliario. No se olvide que el loco por antonomasia de la literatura cervantina es un noble venido a menos, el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. 
Desde el Renacimiento europeo, la hispanofobia no hace más que crecer por todo el orbe, irradiándose desde Italia, pero de forma muy particular durante los Siglos de Oro por la geografía luterana, ansiosa de una expansión imperialista truncada por España. Toda la industria del Protestantismo se orientará febrilmente a combatir la monarquía católica hispana. 
En 1567, el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada concluye la redacción de su obra El Antijovio, destinada a desautorizar el escrito de Jovio, obispo de Nocera, según el cual todo lo relativo a la conquista de América por parte de España se resumía en esquilmar el nuevo continente para subvencionar las guerras en Centroeuropa. El tópico no ha dejado de repetirse acríticamente desde entonces. Ocurrió que El Antijovio de Gonzalo Jiménez de Quesada resultó silenciado por la historia, y se publicó de forma extemporánea, por vez primera, en 1952, en Bogotá, en edición crítica de Manuel Ballesteros Gaibrois, y gracias al Instituto Caro y Cuervo. La refutación de la obra de Jovio vio la luz después de 385 años de haberse escrito. Pocos países como España han puesto tan escaso interés en defenderse documentalmente frente a sus enemigos. Durante siglos, la hispanofobia no encontró obstáculos a su paso. 
Iván Vélez advierte cómo la más atractiva literatura, con frecuencia en lengua inglesa, no desaprovecha ninguna ocasión para confitar y enriquecer, con todo tipo y lujo de detalles, el teatro negrolegendario de la sociedad española. La resonancia que la inquisición española, la crueldad española, el catolicismo español, la monarquía española, la milicia española, y, en suma, todo español, adquiere de forma siempre negativa en innumerables obras literarias de las Edades Moderna y Contemporánea da para varias tesis de doctorado en materia de Letras. De Edgar A. Poe a Jorge Luis Borges, pasando por Los hermanos Karamazov (1880) de Dostoievski y alcanzando al mismísimo Don Juan de Torrente Ballester (1963), la sociedad española del Siglo de Oro, en particular la sociedad política, se ha presentado siempre ennegrecida por la Inquisición, como si esta institución fuera un invento patentado por España, y como si el luteranismo, inquisitorialmente hablando, no hubiera existido jamás[2]. Las páginas de una obra aparentemente tan inocente y popular como Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe no escatiman párrafos enteros a destacar la crueldad internacional y proverbial de los españoles, a quienes el protagonista teme incluso más a que los propios caníbales que pueden arribar a su isla procedentes de archipiélagos afines. 
Paralelamente, como sugiere Vélez en su libro, las figuras y contrafiguras de la negrolegendaria mitología antiespañola se suceden poco a poco: a un “sádico Torquemada” se contrapone un liberal y tolerante Erasmo de Róterdam (hombre este último que con toda probabilidad no supo del mundo real más que lo que aprendió leyendo, desde el momento en que trató más con libros que con personas: no dudo de que este trato, diferido e intermediado, con la Humanidad sea muy fructífero, pero también sé que es muy irreal. Y muy lujoso. No todo el mundo puede permitírselo, y aún menos en los siglos XV y XVI). 
El capítulo 3 de Sobre la Leyenda Negra está dedicado a la Inquisición española y a la cuestión de la expulsión hebrea. De los datos aducidos y contrastados por Vélez se desprende que las consecuencias de la expulsión se han magnificado en todos los terrenos: principalmente en el cultural y en el económico. Lo cierto es que las cosas no habrían sido históricamente muy diferentes en ambos ámbitos con la presencia de los judíos en España. Ni ellos eran la salvaguardia financiera del Imperio y ni en sus manos estaba la esencia del Hispanismo. Ningún grupo humano, de hecho, lo es ni lo fue, más allá de un moderado lapso de tiempo, de ningún imperio y de ninguna cultura. Léase a Vélez, en particular las páginas 44-64. Y no olvidemos esta cita:

En cuanto al control ideológico ejercido por la Inquisición en España, éste impidió, insistimos en el argumento, las grandes masacres y guerras de religión que asolaron Europa. A la cabeza de tan trágicos sucesos podemos situar la matanza del día de San Bartolomé del 24 de agosto de 1572, coincidiendo con el reinado en España de Felipe II, con París como escenario inicial, desde donde se extendieron conflictos religiosos por toda Francia. Sin embargo, la persecución a los calvinistas no cesaría con esta nocturna jornada, así, durante el reinado de Luis XIV y Luis XV continuó dicho hostigamiento. No existe en la historia española ningún suceso de carácter religioso que acarreara tal mortandad (Vélez, 2014: 80).


Bibliografía







[1] Lo que nunca se suele mencionar cuando se habla del saqueo de Roma por parte de las tropas al servicio de Carlos I es que, en ese mismo ejército saqueador, estaban además los lansquenetes alemanes innumerables mercenarios italianos, que no desaprovecharon la ocasión para expoliar la capital de su propio país.

[2] Sobre la inquisición luterana, vid. Pfandl (1924). Y también Harris (1974/2006: 208 ss), particularmente en sus páginas sobre la Reforma luterana.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...