Genealogía evolucionista del conocimiento literario

Glosario


La fantasía abandonada de la razón produce monstruos 
imposibles; unida con ella es madre de las artes…
Francisco de Goya, Capricho 43 (Manuscrito del Prado).


Goya, Capricho 43
La Literatura es una Poética de la Razón humana que no ha dejado de desarrollarse. En sus orígenes europeos la génesis de la Literatura se postula como una exigencia de conocimiento racional no sujeto ni a normas religiosas ni a normas jurídicas. La Literatura se permite exponer tanto contenidos impíos como ilegales, y exigir a la vez una interpretación crítica de la impiedad y la creencia, por una parte, así como de la ilegalidad y la justicia, por otra. La Literatura es, sin duda, la forma más inteligente y sofisticada del Racionalismo humano.
La genealogía evolucionista del conocimiento literario que aquí voy a exponer está determinada por dos hechos fundamentales: la expansión radial y tecnológica de la Literatura y la indisociable unión que desde su más temprano desarrollo histórico la Literatura ha demostrado con la Razón. La Historia de la Literatura es, sin duda, la historia del racionalismo humano.
En primer lugar, la Literatura habría sido imposible, en su constitución genuina y en su desarrollo histórico, al margen de la infraestructura recibida del eje radial del espacio antropológico, es decir, del uso que le ha sido brindado, merced a la actividad humana, por los recursos del mundo material e inerte de la naturaleza. Desde la piedra hasta el soporte informático, pasando por el papiro, el pergamino y el papel, la Literatura se ha servido de todos aquellos recursos que han hecho posible su formalización y materialización en un amplísimo género de soportes capaces de asegurar su difusión, transmisión, comunicación e interpretación. Este tipo de estructuras físicas ha experimentado muy importantes transformaciones a lo largo de la historia, y ha ido configurando, en suma, lo que hoy constituye el núcleo y la esencia de los cuatro materiales literarios fundamentales, o términos globales, del campo categorial de la Teoría de la Literatura: el autor, la obra literaria, el lector y el intérprete o transductor. A la expansión radial de la Literatura se refiere el capítulo segundo de esta obra, relativo al proceso de construcción histórica de los materiales literarios.  
En segundo lugar, el conocimiento literario ha evolucionado siempre siguiendo una genealogía cuya trayectoria coincide con la de la Razón humana. Lejos de disociarse del racionalismo más explícito, la Literatura ha servido siempre a la razón. Y más concretamente, a la razón antropológica, mucho más que a la razón teológica (idealista por su propia naturaleza ficcional), más que a la razón ideológica de tal o cual movimiento social y gremial (sofista por su “falsa conciencia” gregaria), o más que a la razón mitológica (irracional por su carencia de fundamento científico), por citar sólo algunos ejemplos. Se me objetará inmediatamente que la Literatura expresa en innumerables ocasiones “los estados interiores del alma humana”, “el rechazo de la razón y la civilización”, “la opresión del mundo consciente frente a las libertades del inconsciente…”, etc. Todo esto se discutirá, en su momento, con las debidas razones. Baste ahora decir que tal contenido, supuestamente criticado por una “literatura irracional” —alma, interior, inconsciente, represión, etc…—, no es otra cosa que la reconstrucción, por otro lado muy racional, de referentes atribuidos de forma imaginaria a un mundo que se pretende irracional, pero que no lo es en absoluto. No se puede usar el lenguaje, uno de los instrumentos por excelencia más racionales de cuantos existen, para construir o reconstruir la parte irracional de un mundo, curiosamente bastante racional en su diseño, y demostrar de este modo su supuesta falta de significado, sentido o coherencia. Porque este tipo de irracionalismo tiene un diseño muy racional. El surrealismo es, sin duda, una de las mejores obras del racionalismo vanguardista. La razón y la sinrazón saben disfrazarse muy bien. Y codearse aún mejor. Forman un tándem perfecto, porque la sinrazón siempre brota de la razón. Lo irracional en el arte siempre es resultado del más sofisticado diseño racional. Cuando la razón quiere perder la cordura, suele adoptar el disfraz de la locura. Y del juego. Y lo sabe. Nada más lúdico que jugar a perder la razón, es decir, la cordura. De hecho, los locos pueden perder la cordura, pero no con ella la razón. Y mucho menos el juicio. Conservan siempre sus usos más sofisticados, audaces, sorprendentes. En todo caso, los locos adoptan las formas de un racionalismo patológico. Pero no inexistente. Por otro lado, cuando el irracionalismo quiere hacer de las suyas, se disfraza muy astutamente con sentidos y aspectos coherentes, racionales y lógicos. Los mayores disparates de la historia de la humanidad, desde el nazismo hasta el marxismo, pasando por toda suerte de utopías y mataderos humanos, llevan la firma de una razón que ha sido el mejor disfraz de un irracionalismo muy preciso, capaz de funcionar en la plenitud del ejercicio de su poder. Los locos más peligrosos no son aquellos que delatan, o exhiben, su locura, esto es, los usos patológicos de su razón, sino aquellos que saben ocultarla y disimularla, aquellos que disfrazan su irracionalismo con prédicas muy racionales y convincentes, y que saben adiestrarse profesionalmente muy bien en el uso de las ideas que pretender destruir: el loco más peligroso es aquel que sabe fingir la cordura mucho mejor de lo que cualquier artista cuerdo puede interpretar una locura. El irracionalismo siempre se disfraza con astucia de formas y apariencias racionalmente muy convincentes. 
De un modo u otro, la Literatura se ha abierto paso históricamente a través de la Razón, y ha luchado, al lado del racionalismo humano, por imponer en el desarrollo de todas las civilizaciones que merecen este nombre —con ellas o contra ellas— una Idea de Razón profundamente antropológica, secular y crítica, a partir de los tipos, modos y géneros de conocimiento literario que expongo a continuación.
El conocimiento crítico de la literatura sólo es posible en una cultura moderna y civilizada, y sólo puede desarrollarse desde la Ciencia y desde la Filosofía.
A partir de estas premisas voy a exponer, siguiendo a Gustavo Bueno (1987), los fundamentos gnoseológicos de este conocimiento crítico de la literatura, y para ello, en primer lugar, explicaré qué se entiende aquí por cultura, por modernidad y por civilización, y, en segundo lugar, desde los criterios de una tipología evolucionista del conocimiento, delimitaré los conceptos de Ciencia y de Filosofía.



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Ejemplos literarios o documentales





5
Genealogía de la Literatura
(primera parte)



Origen, concepción y génesis de la Literatura 




Bibliografía
  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.




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