Géneros literarios

Introducción a la crítica de los géneros literarios


La narración dieciochesca surge como un escolio del ensayo filosófico; la novela del siglo XIX, como una ampliación compleja del cuadro de costumbres, de igual manera que la del XVI había nacido de hábiles y complicados desarrollos de otros géneros existentes: el relato folklórico, la carta semipública, la gesta épica, el romance fronterizo, etc. Si buscamos entre obras tan diferentes como las que se acogen al rótulo de “novela” rasgos comunes, observaremos que estos se hacen más escasos y tienden hacia la desaparición a medida que consideremos más títulos y más ámbito temporal.
Fernando Lázaro Carreter (1976/1986: 118).

Sólo cuando la Teoría de la Literatura deje de hacer un uso retórico y ramplón de la Filosofía, y comience a servirse del saber crítico que ésta le proporciona de un modo racional y efectivo, estará en condiciones de proporcionarnos un conocimiento científico, conceptual y lógico de los materiales y géneros literarios. Entretanto, seguirá siendo lo que lleva siendo desde hace décadas: ludopatía ideológica y sofística definitoria de gremios académicos y sociales, cuya “identidad” trata de preservarse.
Los límites de la interpretación literaria son hoy día los límites de la moral contemporánea, es decir, de la moralina alienante, cual Inquisición posmoderna, de lo “políticamente correcto”. Desde finales del siglo XVIII hasta prácticamente los comienzos de la segunda mitad del siglo XX, la investigación literaria evolucionó prestando atención al curso de las Ciencias naturales, a sus descubrimientos metodológicos y a sus logros experimentales. En nuestros días las llamadas “Ciencias de la Naturaleza”, que parecen buscar para sí mismas nuevas denominaciones, avanzan primordialmente por los terrenos de la Cosmología y la Biogenética. Una y otra disciplina resultan de difícil acceso a la fragilidad de la epistemología idealista que, en la cultura posmoderna contemporánea, caracteriza a las tradicionales “Ciencias del Espíritu”. Los estudios literarios avanzan actualmente según los criterios metodológicos de la ideología, el culturalismo y la retórica posmodernos[1]. Probablemente desde los tiempos de la escolástica nunca hemos estado tan lejos del empirismo científico y sus posibilidades de raciocinio.


Bibliografía







[1] Los desafiantes tienen una agenda política para las humanidades, pero no la tienen para las ciencias naturales […]. ¿Por qué los políticos radicales han emigrado a los departamentos académicos de literatura? En mi niñez intelectual los activistas radicales abundaban, pero tendían a actuar en la arena política pública o, si es que se inclinaban a hacerlo en las universidades, habitualmente estaban en los departamentos de ciencia política, sociología y economía. Ahora, hasta donde puedo decirlo, los centros intelectuales líderes de actividad política radical en los Estados Unidos son los departamentos de Inglés, Francés y Literatura Comparada. Por ejemplo, estamos en la extraña situación de que los dos «marxistas» estadounidenses líderes son, ambos, profesores de Inglés. ¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Qué habría pensado Marx si hubiera sabido que su principal impacto era en la crítica literaria? Bueno, parte de la razón de la migración de los políticos radicales hacia los departamentos de literatura es que el marxismo, en particular, y el radicalismo de izquierda en general, han sido desacreditados como teorías de la política, de la sociedad y del cambio histórico. Si alguna teoría filosófica ha sido refutada por los acontecimientos esa ha sido la teoría marxista del inevitable colapso de las economías capitalistas y su destrucción revolucionaria por la clase trabajadora, seguida del surgimiento de una sociedad sin clases. En vez de eso, las que han colapsado han sido las economías marxistas y los que han sido derribados han sido los gobiernos marxistas. De manera que, habiendo sido refutadas como teorías de la sociedad, estas concepciones se han retirado a los departamentos de literatura, donde florecen, en cierta medida, como herramientas de «interpretación»” (Searle, 2001/2003: 68-69). Si Searle leyera hoy día lo que escribió hace apenas un lustro, tendría que reconocer que las economías capitalistas, especialmente las desarrolladas en su propio país, Estados Unidos, han experimentado el hundimiento característico de las tumoraciones financieras propias de un neoliberalismo irreflexivo e inconsecuente.


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