La política

Izquierdas y Derechas


(CC BY 2.0) kev-shine - finger point smoke
Ya he dicho varias veces que la política es la administración del poder, es decir, la organización de la libertad. Pero dentro de la política concurren dos configuraciones míticas de inmensa envergadura y atracción, fuertemente retroalimentadas: la izquierda y la derecha. 
Con frecuencia he preguntado a muchas personas inteligentes en qué consiste ser de izquierdas y en qué consiste ser de derechas. Las respuestas dadas han sido habitualmente muy pobres. Incluso siendo ellas personas supuestamente acreditadas por su formación intelectual, profesional, y también académica (aunque esta última, para ser sincero, es la que para mí menos valor tiene: la Universidad se ha degradado en las últimas décadas mucho más que cualquier otra institución, incluidas la empresarial y la política, lo que ocurre es que el profesor universitario oculta al público la cara que tiene mucho mejor y más cómodamente que cualquier otro colectivo). 
Ser de derechas consiste en creer que uno, o el grupo social al que uno pertenece, tiene derecho a imponer a los demás sus propios privilegios personales o gremiales, y que los demás, por naturaleza o por lógica, están obligados a asumir esta imposición. Ser de izquierdas consiste en creer que uno, o el grupo social con el que uno se identifica, tiene derecho a imponer a todo prójimo su propia ideología, porque, simplemente, es la mejor para todos y, por supuesto, para el mundo.  
La izquierda no se pone límites. La derecha, por su parte, selecciona con afectación, y también capricho, a quién acepta en su club, lobby o gremio.  
En suma, puede decirse que la derecha impone privilegios, los suyos, y la izquierda impone ideologías, las suyas, de modo que quien no colabore en la confirmación de tales privilegios, asumiéndolos y preservándolos, en el caso de la derecha, o de tales ideologías, difundiéndolas y organizándolas, en el caso de la izquierda, se convierte en un adversario o un enemigo. Por supuesto, izquierda y derecha consideran que, según las circunstancias, los diferentes tipos de violencia, desde la más sutil y sofisticada hasta la más difícil de disimular, siempre son un recurso adecuado y necesario, bien para conservar unos privilegios, bien para edificar una ideología.  
En este sentido, izquierda y derecha son formas de conducta social, de comportamientos propios de masas organizadas, que con frecuencia se amalgaman, yuxtaponen y coordinan entre sí. En numerosas ocasiones históricas la izquierda se ha disfrazado de derecha y la derecha de izquierda, han intercambiado sus papeles y su público, y siempre han aspirado al control del Estado, inicialmente, desde la oferta social de una «nueva» ideología, que es buena, que es mejor que las anteriores, y que, por supuesto, cambiará el mundo, en poco tiempo y para siempre. Sin embargo, esa «nueva» revolución ideológica desemboca prontamente en el establecimiento de una serie de privilegios que tratarán de preservarse, en un nuevo club, lobby o gremio. La izquierda conduce siempre a la derecha. 
El cristianismo, que comenzó ofertándose a las masas como una religión incruenta, no tardó en convertirse en una de las más crueles creencias de su tiempo. El marxismo, en todas sus variantes, como antes que él el jacobinismo, edificado en la liberación del oprimido, al igual que el cristianismo,  no tardó en convertirse en un monstruo de crueldad política. El nazismo, esto es, el nacionalismo socialista obrero alemán posterior a la I Guerra Mundial, es otro de estos engendros de vesania política. 
Esto es la política, la administración del poder, es decir, la organización de la libertad. Lo demás es periodismo, esto es, retórica y publicidad.  

Jesús G. Maestro


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