Sobre el estado actual de las teorías literarias

 Crítica de la Teoría de la Literatura


La mayor parte de las teorías literarias desarrolladas en las últimas décadas no se ha enfrentado nunca directamente con la totalidad de los materiales literarios. A veces no se ha enfrentado ni siquiera a materiales literarios. Y en muchos casos no solo no se han enfrentado entre sí, como sistemas de interpretación literaria, sino que simplemente se ignoran de forma mutua y absoluta. Es decir, no ejercen ni la crítica ni la dialéctica. 
La actividad académica en España es muy endogámica. Este hecho limita y empobrece toda posible investigación. El diálogo con la crítica solo se produce cuando los interlocutores han asegurado previamente su propia endogamia, es decir, cuando se han cerciorado de que ninguna crítica les será planteada. El resultado es una interpretación literaria muy endonímica. De hecho, la mayor parte de las denominadas teorías de la literatura ni siquiera son teorías. Se han gestado en el desconocimiento de la dialéctica e ignoran incluso la esencia misma del contraste y de la crítica. 
Pero en el gremio de los “teóricos” de la literatura se habla endonímicamente de teorías literarias, aunque la mayor parte de ellas no resistirían ni una sola crítica gnoseológica. Exonímicamente, es decir, interpretadas desde fuera de ese gremio, la mayor parte de esas supuestas teorías no son sino ideologías y retóricas gregarias que, por diversas circunstancias acríticas, se han implantado en los medios académicos. Muchas de estas corrientes retóricas son de importación. En España, tras la estilística de Dámaso Alonso, no es posible reconocer a nadie que haya construido una Teoría de la Literatura digna de este nombre. Y advierto que no conviene confundir la construcción de una teoría literaria original con la importación española de teorías literarias extranjeras, de manufactura eslava, francesa, alemana o angloamericana. Incluso la propia estilística española de los Alonso hunde sus raíces en el psicologismo de la filología alemana decimonónica.
En realidad, muchas de estas teorías o pseudoteorías literarias, particularmente desarrolladas en el teoreticismo y el formalismo del siglo XX, y derivadas de sus consecuencias más idealistas, han circulado en una suerte de limbo hipertextual cuya relación con los materiales literarios ha sido, las más de las veces, nula. Este tipo de retórica pseudoliteraria, en sus manifestaciones más extremas, acaba por ser una retórica —francamente cursi en muchas ocasiones— de culturas, ideologías o identidades gremiales, cuyos contenidos, cuando resultan legibles, son por completo estériles para la literatura, el lenguaje y el conocimiento humano. A nadie sorprende, y nadie lo critica ni cuestiona, el hecho de que actualmente las corrientes “teórico-literarias”, así como los discursos a través de los cuales se manifiestan y transmiten, exijan la adhesión ideológica de quienes las utilizan, de modo que es necesario ser mujer para ejercer la “teoría literaria” feminista, etc.
Dos hechos determinan a día de hoy el futuro de la interpretación de la Literatura: 1) el idealismo irracionalista dominante en los estudios literarios actuales frente a un racionalismo crítico cada día más alejado de las instituciones académicas (biocenosis literaria), y 2) la disolución científica y la descomposición institucional de los sistemas universitarios (necrosis académica). 
Estos hechos constituyen los dos tumores fundamentales de la investigación literaria actual. Ambas tendencias se mantienen de forma muy rentable y muy potente, por razones ideológicas, burocráticas y mercantiles, en nuestro más inmediato mundo contemporáneo y posmoderno. ¿Por qué? 

Jesús G. Maestro, Genealogía de la Literatura, 2012 (635-636).


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