Crítica de la Razón Literaria

El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura


No hay caminos reales para aprender Geometría 
Euclides a Ptolomeo



@EarthBeauties - Puente antiguo
La interpretación literaria de las últimas décadas refleja ante todo un agotamiento de la posmodernidad. La crítica a la metamorfoseada herencia de la Ilustración no ofrece nada nuevo desde hace lustros. 
La teoría literaria difundida durante los últimos años se manifiesta como un estertor de la retórica posmoderna que nos sitúa una y otra vez en el mismo callejón sin salida. 
Las musas de la ira parecen haber conducido la investigación sobre literatura, cultura, problemas intelectuales y políticos, hacia una guerra ideológica contra la imagen de Occidente que a día de hoy es ya completamente improductiva. 
El problema de los falsos problemas es que exigen soluciones también falsas.
Este ensayo expone una introducción al Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, una obra que he desarrollado en 8 volúmenes, publicados entre 2004 y 2012, y de los que recientemente se ha ofrecido una muy detallada síntesis en la monografía titulada Contra las Musas de la Ira. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (2014)[1].
Como se ha expuesto en diferentes momentos y lugares, mi obra se ha escrito contra el agotamiento de lo que precisamente podría denominarse el discurso de las musas de la ira, cuyo origen más decisivo encontramos en la obra de Rousseau[2], y que constituye una de las dimensiones medulares de la retórica posmoderna contemporánea. Se expone así una Teoría de la Literatura basada en el Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento. Es bien sabido que el Materialismo Filosófico es el sistema de pensamiento construido por el filósofo español Gustavo Bueno. Las presentes páginas recuperan mi más temprana introducción a la interpretación de la literatura y de los materiales literarios desde las premisas del pensamiento buenisa.
Este es el punto de partida que explica cómo el Materialismo Filosófico se convirtió de forma específica en una Teoría de la Literatura de naturaleza racionalista, científica, crítica y dialéctica, cuyo fin es la interpretación de las Ideas objetivadas formalmente en los materiales literarios (autor, obra, lector y transductor). La Teoría de la Literatura es, en suma, el conocimiento científico de estos materiales literarios. Y su fin es demostrar que la Literatura es inteligible.
Así pues, este libro se hace eco de uno de los postulados buenistas, según el cual pensar e interpretar es pensar e interpretar contra alguien. Dime qué piensas, y te diré contra quién lo haces. Se considerará que la dialéctica está en la base de todo pensamiento crítico y, por lo tanto, racionalista. La dialéctica es más importante que el diálogo, porque desde todos los puntos de vista aquella presupone a este, lo engloba y lo hace progresar. En consecuencia, no se buscará el consenso, sino la crítica.
Hoy por hoy la interpretación literaria se expone con frecuencia como una idealización semántica de sus referentes, aquellos términos a los que apelan las obras de arte, cuando en realidad debe ser una materialización pragmática y crítica de sus ideas, esto es, de las ideas que hacen posible el adecuado progreso de la vida humana. El mundo sigue exigiendo transformaciones, y no solo interpretaciones. Y para transformar la realidad, incluso simplemente para habitarla, es imprescindible conocer los hechos que la sustentan y hacen posible. Negar los hechos supone extraviar toda interpretación ulterior. Nuestro objetivo no es la ideología, sino la política; no es la fe, sino la razón; no son los dioses, sino los seres humanos; no son los salvajes o bárbaros, sino las personas civilizadas; no es la religión, sino la filosofía; no es la opinión, sino la ciencia; no es el dogma, sino la crítica. No hablaremos de emociones, ni de estados de ánimo, ni tampoco de derechos ni utopías. El lector no tiene en sus manos un catecismo, ni un manual pedagógico, ni tampoco un código penal. Este es un libro crítico sobre literatura y sobre teoría y crítica de la literatura. La ciencia no es democrática. No es la mayoría de la ciudadanía elegida quien decide cuántas valencias tiene el benceno, cuántas sílabas métricas constituyen un endecasílabo, o cuántos sostenidos componen la tonalidad de Re Mayor. La ciencia tampoco puede usarse como signo de algo irreal. El pensamiento científico no es soluble en la corrección política y ni en sus imperativos contemporáneos.
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, del que estas páginas son una introducción, se desarrolla a lo largo de 8 apartados o ámbitos que constituyen las áreas esenciales de este sistema de interpretación.

1. En primer lugar, se exponen sus Postulados fundamentales, que son el racionalismo, la crítica, la ciencia, la dialéctica y la symploké. Al margen de estos principios, la interpretación literaria suele devaluarse en una retórica acrítica, descriptiva y doxográfica. A estas premisas esenciales está dedicado el libro La Academia contra Babel. Postulados fundamentales del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (2006).
2. En segundo lugar, se ofrece una delimitación precisa de la Idea y concepto de Literatura, desde los criterios del espacio antropológico, el espacio ontológico, el espacio gnoseológico y el espacio estético. He desarrollado este planteamiento, en primer lugar, en mi libro Los venenos de la literatura. Idea y Concepto de la Literatura desde el Materialismo Filosófico (2007a), y en segundo lugar en una edición revisada y ampliada de esta misma obra, con el título de ¿Qué es la Literatura? Y cómo se interpreta desde el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (2009).
3. En tercer lugar, se expone una Genealogía de la Literatura, donde se sintetiza el origen, concepción y génesis de lo que la literatura es, a través de las cuatro estructuras o familias literarias fundamentales: la Literatura primitiva o dogmática, la Literatura crítica o indicativa, la Literatura programática o imperativa y la Literatura sofisticada o reconstructivista. La obra que desarrolla esta exposición se titula Genealogía de la Literatura. De los orígenes de la literatura, construcción histórica y categorial, y destrucción posmoderna, de los materiales literarios (2012).
4. En cuarto lugar, se da cuenta de una  Ontología de la Literatura, fundamentada en una crítica de los cuatro materiales literarios efectivamente existentes: el autor, la obra literaria, el lector (quien interpreta para sí) y el crítico, intérprete o transductor (quien interpreta para los demás). Queda de este modo planteado el cierre categorial de la Teoría de la Literatura, como se expone en la monografía Los materiales literarios. La reconstrucción de la Literatura tras la esterilidad de la «teoría literaria» posmoderna (2007b).
5. En quinto lugar, se justifica una Gnoseología de la Literatura, es decir, un conocimiento de los materiales literarios basado en criterios que toman como referencia la conjugación entre forma y materia, frente a los tradicionales estudios epistemológicos ―e idealistas―, que se basan acríticamente en la oposición sujeto / objeto. La gnoseología de la literatura examina las posibilidades y condiciones de formalizar la crítica de los materiales literarios justificando de este modo su cierre categorial. En mi libro Contra las Musas de la Ira (2014) he expuesto este apartado.
6. En sexto lugar, se sistematiza una Genología de la Literatura, es decir, una teoría crítica de los géneros literarios, donde se delimita el concepto de “género” en la investigación literaria, a partir de la teoría de las esencias plotinianas frente a la teoría de las esencias porfirianas, que es la tradicionalmente seguida ―por Aristóteles y por Hegel―, sin apenas crítica alguna que cuestione sus fundamentos y aplicaciones. La teoría de los géneros literarios basada en el Materialismo Filosófico se expone en mi obra Crítica de los géneros literarios en el Quijote. Idea y concepto de «Género» en la investigación literaria (2009).
7. En séptimo lugar, se define el Concepto de ficción en la literatura, a partir de las nociones de existencia estructural y existencia operatoria, para concluir en que la ficción literaria es fundamentalmente una materia carente de existencia operatoria. A la cuestión de la ficción literaria está dedicado el libro El concepto de ficción en la literatura (2006a).
8. En octavo y último lugar, se examina ―en el libro homónimo― la Idea, concepto y método de la Literatura Comparada (2008), a partir de la figura gnoseológica de la relación de materiales literarios, como criterio y pauta metodológica fundamental en el ejercicio de esta disciplina. Aquí se dará cuenta, entre otras cuestiones, de la crítica de los metros, prototipos, paradigmas y cánones literarios.
El conjunto de estas contribuciones da lugar a un sistema de pensamiento interpretativo y crítico destinado al examen racionalista de la literatura y sus materiales. El fin del arte es, en suma, la interpretación humana y normativa. Sin pautas de interpretación ―sin criterios― no es posible ejercer la crítica literaria. Se ofrece de este modo una obra declaradamente crítica y conscientemente diferente, una obra heterodoxa que tendrá que abrirse camino por sí misma, a través de una sociedad peligrosamente próxima a un “tercer mundo semántico”, y en medio de una época que valora más la ideología que la ciencia, que está más seducida por la fe que por la razón, que prefiere la protesta escenificada a la crítica efectiva, que vive sin oasis en el espejismo del oasis, y que sobrevive entregada con frecuencia ―sin querer asumirlo― al cultivo del autoengaño y de la autocensura.
Vivimos en una sociedad que se esfuerza extraordinariamente en reprimir la más importante de las cualidades humanas: la razón. Nuestra época permite superar los mitos freudianos. Si antaño la razón se malinterpretaba como instrumento o sujeto de represión, hoy sin duda es el principal objeto de represión. La nostalgia de la barbarie, junto con la reconstrucción de formas primitivas y neomíticas de vida, es hoy día la más potente fuente represora del racionalismo humano. Rousseau, Nietzsche y Freud han sufrido una amarga eversión, que la mayor parte de sus apologetas siguen ignorando.
Este libro introduce al lector en una línea de pensamiento crítico y literario contraria a los enemigos del racionalismo, en relación dialéctica contra las musas de su ira, y que desemboca en el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.
Esta obra tendrá más detractores que lectores. Ya lo hemos dicho. La grave depresión por la que atraviesa el mundo académico contemporáneo no asegura a este libro una grata relación con sus colegas y lectores de época. Su público está mermado: la Universidad, en sus Facultades de Letras ―humanidades o cultura (ibéricas, mediterráneas…), o como ahora se llamen― se queda sin estudiantes. Sus arcas presupuestarias están vacías: las bibliotecas carecen de fondos para la adquisición de títulos. El profesorado en general atraviesa una de las etapas de mayor descontento, abulia e incluso extravío laboral como no se ha conocido en décadas. La calidad de la docencia sigue en descenso. La prosperidad de la investigación está erosionada por la administración, la burocracia y la ideología asfixiante de una sociedad que ―incluso académicamente― asume comportamientos irreflexivos e irracionales, con una frecuencia desmedida y difícil de comprender.
Gramsci advertía que el pesimismo era una cuestión de la inteligencia y el optimismo lo era de la voluntad. No diré que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque algo así es una simpleza, pero sí sé que el estado actual y futuro del estudio de las comúnmente denominadas “ciencias humanas” exige un repliegue extraordinario hacia las más personales limitaciones financieras e intelectuales. Este repliegue constata el fracaso de muchas tentativas sociales y políticas, académicas y económicas, malogradas durante los últimos tiempos, y cuyas consecuencias son ya irreversibles. Los Estados ―democráticos o no― no asumirán ese coste, y la educación científica se convertirá en una cuestión de minorías ―en algunos casos de muy dudosa referencia― y de élites cuya genealogía no resultará menos inquietante para el común de los mortales. El pensamiento posmoderno ha sido el principal responsable de este deterioro y de esta degradación delirante. He aquí el triunfo de Babel. Este libro se dirige precisamente a los herederos de esta situación, obligados a ser educados científicamente en un mundo académico sin criterios.
En un contexto de esta naturaleza, donde el extravío y la confusión triunfan sobre las posibilidades del racionalismo, la ciencia y la filosofía, resulta muy difícil abrirse camino a través de obras críticas, desmitificadoras de sofismas y exigentes de un pensamiento fuerte, sistemático e inevitablemente demoledor de muchas falacias.
La interpretación de la literatura exige un pensamiento sistemático. Nuestra época y nuestra sociedad ―incluida la académica― rechazan cualquier tentativa que vaya en esta dirección. Son instituciones fatigadas, consumidas, sin expectativas ni estímulos. La Universidad actual, en materia de Letras, tanto en España como fuera de ella, carece completamente de objetivos. Con todo, y en uno de los momentos cenitales de esta depresión académica, económica y política, he querido dar cuenta en esta obra de un sistema de pensamiento destinado a la interpretación de los materiales literarios.
El lector, el intérprete, el enemigo incluso de las ideas aquí defendidas, encontrarán una interpretación crítica de lo que la literatura es en todas sus dimensiones: 1) Postulados fundamentales, 2) Definición conceptual, 3) Genealogía, 4) Ontología, 5) Gnoseología, 6) Genología, 7) Ficción y 8) Literatura Comparada.
Estas páginas recuperan y actualizan la versión que, con el mismo título, se redactó en Estados Unidos en 2003, durante mi estancia como investigador y profesor visitante en Vanderbilt University. Se publicó al año siguiente con el título El mito de la interpretación literaria. La ética de la literatura y sus dogmas contemporáneos. Hoy recupero lo esencial de aquellas páginas, con una adecuada puesta al día, como antecedente de lo que ha sido y es: el primer paso hacia una Teoría de la Literatura basada en el Materialismo Filosófico.




Bibliografía

  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.






[1] Agradezco a la Fundación Gustavo Bueno y a la Escuela de Filosofía de Oviedo su apoyo en la edición de esta obra, a cargo de Pentalfa Ediciones.

[2] Vid. a este respecto la obra de González Cortés, El espejismo de Rousseau. El mito de la posmodernidad (2012), cuya lectura ha inspirado precisamente esta metáfora de genitivo ―las musas de la ira―, tan representativa de las raíces del pensamiento posmoderno.


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