Tipología del conocimiento en las culturas civilizadas

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(CC BY 2.0) Galería de Faustino - Galería de las Cariátides
En las culturas civilizadas, los conocimientos se organizan en dos tipos fundamentales, según sean conocimientos críticos o conocimientos acríticos. Son críticos los conocimientos que se basan en conceptos científicos y en criterios filosóficos, es decir, en sistemas de pensamiento racionales y lógicos (M3). Son acríticos aquellos conocimientos culturales basados en argumentos sofísticos, es decir, en un racionalismo idealista y en una lógica ideológica, pero no en un racionalismo materialista y en una lógica científica o filosófica. Ideología, Teología y Pseudociencia son los tres tipos principales de conocimiento cultural y sofista característicos de una cultura civilizada. A estos tres tipos de saberes ha de añadirse un cuarto, ajeno a la sofística, y por entero implicado en un racionalismo materialista y lógico-científico: la Tecnología.
1. La ideología es un discurso basado en creencias, apariencias o fenomenologías, constitutivo de un mundo social, histórico y político, cuyos contenidos materiales están determinados básicamente por estos tres tipos de intereses prácticos inmediatos, identificables con un gremio o grupo social —autista y en última instancia fundamentalista—, y cuyas formas objetivas son resultado de una sofística, enfrentada a un saber crítico (ciencia o filosofía). La ideología es resultado de la fragmentación que las mitologías experimentan como consecuencia del desarrollo del pensamiento racionalista y la investigación científica. La ideología es siempre una deformación aberrante del pensamiento crítico (ciencia y filosofía). Toda ideología remite al idealismo y al dogmatismo, y a un grupo social que se repliega sobre sí mismo, frente a otros grupos, por oposición a los cuales construye idealmente la que considera su propia “identidad”.
2. Las pseudociencias son discursos irracionales que simulan argumentos racionales. Responden a objetivos primarios y prácticos, favoreciendo la entropía del sistema y la anomia de las masas, el estado de aislamiento del individuo y la desorganización de la sociedad, mediante la incoherencia de sus normas. Sin embargo, en muchos casos responden en las civilizaciones contemporáneas a un mercantilismo editorial de primera categoría, al abastecer de libros de autoayuda y absurdas terapias psicológicas el consumismo de la población posmoderna, movilizando un magnífico volumen de negocio a escala planetaria.
3. La Teología, o teoría de dios, que no teoría de la religión, es la forma de conocimiento cultural bajo el que se desarrollan las religiones terciarias, o teológicas, como consecuencia del impacto racionalista que la ciencia y la filosofía ejercieron sobre las mitologías y las creencias características de las religiones secundarias. Así, por ejemplo, el Cristianismo es la religión más racionalista y moderna de cuantas existen —y el catolicismo mucho más que el protestantismo—, porque ha asimilado más y mejor que ninguna otra la filosofía racionalista de raíces platónicas y aristotélicas, manipulándola fraudulentamente al servicio de sus propios intereses eclesiásticos (terrenales) y fideístas (“celestiales”). El racionalismo cristiano es un racionalismo evidentemente idealista, no materialista, del mismo modo que su lógica es una lógica psicologista, no científica, y su filosofía es una filosofía acrítica y retórica, es decir, esterilizada, que no crítica ni verdadera, esto es, fértil, salvo con fines e intenciones eclesiásticamente autodefensivas.
4. La Tecnología, por último, ha de entenderse como la daptación de la naturaleza al ser humano, gracias al uso y aplicación de los conocimientos científicos a la manipulación de la naturaleza, expuesta al servicio del género humano y fuertemente dominada por él.
De esta tipología evolutiva del conocimiento se deriva una discriminación esencial, expuesta por Platón en la República, y reinterpretada por Bueno dentro del Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento. En consecuencia, hay que distinguir un conocimiento dóxico, o pseudoconocimiento, basado en la opinión, en la información superficial, parcial, limitada, nunca verificada, de los hechos. Es un conocimiento sobre apariencias, no sobre realidades. Remite a visiones imperfectas, imágenes aparentes solidificadas por la imaginación, creencias y fideísmos. En contrapartida, se hablará de un conocimiento epistémico o científico para identificar aquellos saberes culturales que se transmiten de forma selectiva, sistemática y organizada, y que cumplen tres requisitos fundamentales: son necesarios, porque penetran las causas y fundamentos que los originan; son objetivos, porque dependen de la naturaleza formal y material del objeto de conocimiento y no de las construcciones artificiales del sujeto de conocimiento (son, pues, objetivos, en un sentido gnoseológico, no epistemológico); y son sistemáticos, porque están organizados de acuerdo con criterios normativos, lógicos y racionales, que rebasan la voluntad de un individuo (yo) o de un grupo social (nosotros).
1. La Ciencia es, por lo tanto, una construcción operatoria, racional y categorial, constituyente de una interpretación causal, objetiva y sistemática de la materia. Del conocimiento científico brotan los conceptos categoriales, sobre los cuales se constituye la noción de verdad científica. La verdad sólo es dable en contextos científicos o categoriales, fuera de los cuales no cabe hablar en términos de verdad, sino de opinión. La verdad es, pues, un referente no solo posible, sino efectivamente existente, sí, pero siempre dentro de un campo categorial, es decir, de un contexto científico, de un conocimiento epistémico.
2. La Filosofía, por su parte, no es una ciencia, y como advierte Bueno no necesita serlo para ejercer sus funciones críticas. La Filosofía es una organización lógica y racional de Ideas, no de conceptos. Los contenidos materiales de la Filosofía son las Ideas Objetivas, que se construyen a partir del análisis dialéctico de los conceptos categoriales elaborados por las ciencias. La Filosofía es, por lo tanto, un saber de segundo grado, que requiere para su existencia y desarrollo un saber categorial o científico previo. Por esta razón la Crítica Literaria es posterior a la Teoría de la Literatura, y por ello mismo la Teoría de la Literatura es a su vez posterior a la Literatura. Porque solo sobre una Ontología, en este caso de la Literatura, será posible construir una teoría científica, o Gnoseología, a la que denominamos, desde Aristóteles, Poética o Teoría de la Literatura, la cual analiza los Conceptos objetivados formalmente en los materiales literarios, y porque solo a partir de una ciencia (o Gnoseología) de los materiales literarios es posible desarrollar una Filosofía de la Literatura, o Crítica Literaria, en tanto que crítica de las Ideas objetivadas formalmente en los materiales literarios.
Este tipo de estudios sólo puede desarrollarse, de forma coherente y verificada, a través de los criterios lógico-materiales comprehendidos en un sistema de pensamiento y de interpretación como el ofrecido por el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. Del mismo modo, por las razones apuntadas, la interpretación y el análisis crítico de la literatura solo puede darse en el seno de culturas modernas y civilizadas, es decir, dentro de un Estado políticamente organizado.



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Ejemplos literarios o documentales





5
Genealogía de la Literatura
(primera parte)



Origen, concepción y génesis de la Literatura 





Bibliografía
  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.



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