Crítica de la Teoría de la Literatura

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Disciplinas, Poéticas y Ciencias de la Literatura



Si la teoría del cierre categorial pretende ser más “profunda” que otras teorías alternativas de la ciencia, no es porque pueda enfrentarse a ellas de un modo retórico, o por su autoridad, sino porque ofrece instrumentos de análisis de las ciencias particulares, criterios de demarcación, etc., más ricos y precisos que los de otras alternativas. La presentación de una teoría de la ciencia como la presente tiene, por tanto, algo de desafío.
Gustavo Bueno, Teoría del cierre categorial (1992: I, 15).



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La Gnoseología de la Literatura exige una crítica de las formas y materiales literarios. Desde este punto de vista, la Teoría de la Literatura es ante todo una forma (metodológica) cuyo objetivo consiste en la conceptualización (o análisis científico) de un material (literario). 
La Teoría de la Literatura se concibe así como el conocimiento científico de los materiales literarios (autor, obra, lector y transductor o intérprete). 
Ahora bien, forma y materia son conceptos conjugados, de modo que la una no existe ni se desarrolla sin la otra (Bueno, 1978a). 
La forma es materia operatoria y la materia es forma igualmente operatoria. Forma y materia se constituyen mutuamente, de tal manera que la una es constitutiva de la otra y viceversa. Identificamos la materia del endecasílabo al formalizarlo conceptualmente como el verso constituido por once sílabas métricas.
Una crítica de las formas y materiales literarios permitirá, ante todo, clasificar en tres grandes grupos los múltiples intentos y operaciones de formalización categorial y conceptual de los materiales literarios a lo largo de la Historia, según se tome como referencia el criterio académico o institucional (disciplinas), el epistemológico o idealista (poéticas), y el gnoseológico o lógico-material (ciencias).
El primero de estos criterios, el académico o institucional, reduce la ciencia de la literatura a una disciplina académica, o a un conjunto de disciplinas, a las que histórica y sociológicamente se les ha dado cabida en diversas universidades, a través de múltiples y sucesivos planes de estudio, más o menos útiles, y políticas departamentales más o menos aberrantes, según los tiempos y las sociedades, los intereses personales y las ideologías gremiales, etc. La crítica academicista de la literatura es la que se encuentra más a merced de las alteraciones políticas, ideológicas y sociales, y es con frecuencia la menos científica de las formalizaciones conceptuales que operan sobre los materiales literarios. Con todo, es la que determina su estudio en las universidades. Por lo que se refiere a la Teoría de la Literatura, la implantación en Europa del llamado Plan de Bolonia ha precipitado una tendencia ya en curso desde hacía años: la conversión y subrogación, francamente degradante, de las disciplinas literarias tradicionales en ideologías gremiales posmodernas (feminismo, indigenismo, neohistoricismo, nacionalismo…).
En segundo lugar, me referiré al criterio epistemológico o idealista de las teorías literarias, dominante desde la implantación y expansión del kantismo en las filosofías occidentales, y que parte de la imposición de dos hipóstasis: la del Sujeto, por un lado, como ente cognoscente dado en sí mismo, ajeno a la historia, la sociedad, la economía, la salud o incluso la psicología que lo hace posible, y la del Objeto, por otro lado, como entidad concebida en condiciones apriorísticas y acríticas a todo sujeto, y cuya interpretación acaba finalmente por resolverse en la más personalista conciencia del yo, capaz de convertir a cualquier objeto en un mero “hecho de conciencia”. El modelo idealista o epistemológico ha dominado la teoría literaria desde la disolución, en el siglo XVIII, de la poética aristotélica o mimética, y hoy día, en la cúspide posestructuralista de la retórica, la sofística y el psicologismo posmodernos, vive sus momentos más ventrílocuamente fulgurantes. La filosofía kantiana, tronco del Idealismo alemán, contiene un arsenal de recursos que, a través de Nietzsche, Freud y Heidegger, sirve de alimento a la posmodernidad.
En tercer y último lugar, me referiré al modelo gnoseológico, o lógico-material, que tomaré como referencia en la crítica de las formas y materiales literarios sobre los cuales se han concebido, construido y desarrollado las diferentes teorías literarias. El criterio gnoseológico es esencialmente operatorio —es decir, trabaja con realidades corpóreas, no ideales ni ilusionistas—, y se articula como una teoría del conocimiento basada en la relación entre materia y forma, a las que concibe como conceptos conjugados, frente a la epistemología, que postula una relación antinómica, e hipostática, entre objeto y sujeto, para reducir finalmente el objeto a un epifenómeno de la conciencia del sujeto. La gnoseología es la forma crítica por excelencia del Materialismo Filosófico como sistema de conocimiento (Bueno, 1992) y como Teoría de la Literatura (Maestro, 2004-2014).
En suma, la crítica de la Teoría de la Literatura puede organizarse al menos desde tres dimensiones: academicista o disciplinaria, epistemológica o poética y gnoseológica o científica. Las dos primeras orientaciones han conocido un desarrollo histórico constatable. La última dimensión corresponde de forma explícita a la teoría del conocimiento literario característica del Materialismo Filosófico.



Gnoseología de la Literatura: 
teoría del conocimiento literario

(tercera parte)



La Teoría de la Literatura frente a la Teoría del Cierre Categorial



Crítica de la Teoría de la Literatura
y Teoría del Cierre Categorial





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Bibliografía

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