Prensa, androfobia y seudociencia

Sobre una propaganda andrófoba y seudocientífica aparecida en la prensa

© Leonid Afremov
Habitualmente se atribuye a los abogados el ejercicio de la sofística, más que a los políticos, a los que cada día se les considera menos inteligentes. No sin razón.
Sin embargo, el periodismo, ese gran aliado de la política —más de una vez he escrito que la prensa es la ramera de las democracias—, sería el arte contemporáneo de la sofística, si no fuera porque para ser sofista hay que ser inteligente. Al menos, un poquito inteligente. No basta la astucia para ser cínico.
El caso es que la prensa posmoderna, la prensa que promueve acríticamente ideologías y opiniones posmodernas, se caracteriza por ser profundamente ignorante, o por reproducir la ignorancia con una perfección superior incluso a la de los propios insipientes más genuinos.
Para cualquier persona mínimamente respetuosa con el ser humano un titular como este, aparecido en un periódico digno de mejores informaciones, es absolutamente inaceptable, por andrófobo y por irracional: “Los hombres son más estúpidos”. Por si la nesciencia no se manifestara patentemente ante una declaración así, el autor, o la autora, en lugar de someter a crítica las argumentaciones a las que se refiere, pretende hacerlas pasar por investigaciones científicas: “Un estudio del British Medical Journal revela que las formas más ridículas de morir por acciones insensatas y absurdas están protagonizadas por varones”.
Si algo así es tolerable es porque nuestra sociedad ha asumido que la androfobia es permisible y legal cuando se la enfrenta o contrapone a la defensa de la mujer, o incluso al mero contraste dialéctico con la mujer como referente social. Por eso se habla de “violencia de género” en lugar de violencia en la pareja, que sería lo realmente igualitario, dado entre los miembros de una pareja, si es que lo que se pretende es la igualdad entre ellos.
Pero no importa: lo que importa es la ideología, la propaganda, la ignorancia, el espectáculo, la nesciencia, la explotación del uxoricidio y la manipulación de la mujer verdaderamente torturada por los hombres y las mujeres que viven de la industria de la denominada, como anglicismo, “violencia de género”. Así se impone el tercer mundo semántico de una sociedad humana cada día más estupidizada.
Un lector inteligente habría esperado de este o esta periodista una interpretación dignamente crítica de los contenidos de la noticia a la que se refiere. No hay tal. Lo que ofrece el British Medical Journal, tal como lo expone el o la periodista que firma la noticia, parece más un ejercicio de seudociencia anglosajona, digno de un cómic retrógrado, que un hecho que informe sobre el estado actual de nuestra realidad social y científica.
Si hacemos un estudio estadístico de los protagonistas de estos hechos, es decir, de quienes se exponen a morir en circunstancias absurdas o ridículas, y los clasificamos según su número de pasaporte sea par o impar, sin duda será posible afirmar que quienes tienen un pasaporte par “son más estúpidos” que los que tiene un pasaporte impar, o al revés.
Pero en una sociedad en la que, como la nuestra, cada día está más legalizada la androfobia y la negación de los derechos del hombre —en tanto que persona con genitales y hormonas masculinas— todo este tipo de noticias estúpidas gozan de gran simpatía, aplauso y cachondeo. Contienen, además, un fondo intimidatorio, ante el que nadie se planta, públicamente, por temores socio-políticos varios.
¿Se imaginan que el titular de este escrito, tan irresponsable como insultante, fuera “Las mujeres son más estúpidas”?
No es racional —ni tolerable en nombre de la razón— el ejercicio de un periodismo de este tipo.
Mi enhorabuena al autor o autora (no sé su nombre, ni deseo saberlo, pues solo firma R. R. García) de este artículo por contribuir públicamente a la promoción de la androfobia y la nesciencia en un medio de comunicación pública.

Jesús G. Maestro


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