Teoría de las esencias plotinianas

Glosario

Los Géneros Literarios como «esencias plotinianas».
El género literario en función del Género: núcleo, cuerpo y curso



¿Será preciso, entonces, hablar de una sola categoría en la que agrupemos juntamente la sustancia inteligible, la materia, la forma y el compuesto de ambas, en el sentido en que cabe hablar de un solo linaje de los Heráclidas, no como predicado común a todos, sino porque todos descienden de un solo antepasado? Porque la sustancia inteligible es sustancia en sentido primario, las demás, en sentido secundario y en menor grado.
Plotino, Enéadas (VI, 1, 3).



Plotino (205-270).
Museo Ostiense, Ostia Antica, Roma, Italia
Las especies de un género pueden concebirse de forma distributiva o porfiriana, mediante ramificaciones, arborescencias o incluso escisiones y disecciones, tomando como referencia la especie, pero también pueden interpretarse de forma atributiva o plotiniana, es decir, identificando un orden genético entre ellas, lo que equivale a tomar como referencia el género, en tanto que en él y a su través se engendran y generan las especies subsiguientes. Como ya sabemos, dos son los criterios que pueden utilizarse en los procesos de interpretación de los géneros literarios: el modelo porfiriano o distributivo y el modelo plotiniano o atributivo.
1) El modelo porfiriano o distributivo responde a un planteamiento basado en la figura gnoseológica de la clasificación, que distributivamente da lugar a tipologías, y taxonomías, según el modo de construcción (ascendente / descendente) y el modo de estructuración distributivo. El resultado es el siguiente cuadro (Bueno, 1992: I, 141 ss):


Clasificaciones porfirianas

Construcción / Estructuración


Distributivo

Ascendente


tipologías

Descendente


taxonomías


2) El modelo plotiniano o atributivo responde a un planteamiento basado igualmente en la figura gnoseológica de la clasificación, pero concebida ahora atributivamente, lo que da lugar a agrupamientos y desmembramientos, según el modo de construcción (ascendente / descendente) y el modo de estructuración atributivo. El resultado es el siguiente cuadro (Bueno, 1992: I, 141 ss):

Clasificaciones plotinianas

Construcción / Estructuración


Atributivo

Ascendente


agrupamientos

Descendente


desmembramientos
  
Como resulta observable, en las interpretaciones porfirianas o distributivas, los géneros literarios se definen clasificatoriamente mediante tipologías y taxonomías, que fijan, con frecuencia de forma abstracta, los rasgos esenciales de la novela, el teatro o la lírica. El resultado es que tales rasgos esenciales se postulan como definitivos, inmutables o eviternos, de modo que su codificación acaba por convertirse en una preceptiva y en imponerse como tal, como sucedió con la poética aristotélica o mimética hasta la disolución de la Naturnachahmung alemana, bien entrado el siglo XVIII. No ha de sorprender, pues, que desde este punto de vista porfiriano, géneros, especies y obras literarias, se configuren de modo que permanezcan petrificados en la Historia, es decir, incomunicados en el Sistema. La interpretación porfiriana dispone los géneros literarios como estructuras inmutables y, en consecuencia, ideales, o incluso metafísicas.
Por su parte, las clasificaciones plotinianas o atributivas conducen a resultados genológicos muy diferentes, y de extraordinaria utilidad para una teoría verdaderamente general de los géneros literarios. El intérprete de la genología literaria se encuentra aquí ante una disposición no taxonómica ni tipológica, sino funcional, evolucionista, genética, generadora, combinatoria, transductora, sobre todo, de los materiales literarios. Intertextual, podríamos decir, si algo así no implicara necesariamente una reducción formalista, que en todo caso habría siempre que evitar, desde el momento en que por ese camino desembocaríamos en la falacia teoreticista, de consecuencias metafísicas. Las clasificaciones plotinianas o atributivas ponen siempre de manifiesto, y de forma positiva, las transducciones que llevan a cabo, tanto histórica como sistemáticamente, las diferentes obras literarias concretas, bien como especies literarias (en tanto que grupos de transformación en transmisión), bien como géneros literarios (en tanto que clases supremas de transformación en transmisión). Desde este punto de vista plotiniano, las obras, especies y géneros literarios son inconcebibles estáticamente, como entidades fijas, permanentes o inmutables. Todo lo contrario: se exige su interpretación e inteligibilidad desde criterios dinámicos, de transmisión y transformación históricas, sistemáticas y literarias, a lo largo y a lo ancho de un campo de variabilidad del que habrá que dar cuenta, desde la Teoría de la Literatura, la Crítica de la Literatura y la Literatura Comparada, entre otras disciplinas. La posición del modelo de interpretación no es, pues, la de un género inmutable y eviterno, cuyas especies son ramificaciones o arborescencias igualmente invariantes, escisiones o disecciones, objetivadas en obras impermeables y canónicamente acríticas, sino que han de examinarse desde la exigencia de una relación constante entre variables (Bueno, 1985: 107 ss). Más precisamente: una relación constante de transmisión entre variables en constante transformación. Esta concepción de la teoría de los géneros literarios se basa, en consecuencia, en la teoría de la transducción, según la cual todo aquello que se transmite se transforma por el hecho mismo de ser transmitido (Maestro, 1994). Esta exigencia de una conexión abierta y crítica entre los diferentes géneros, especies y obras literarias, que no se fosiliza en tipos o taxones, está en la base de la genología literaria del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (Maestro, 2009).
De este modo, la poética tendrá que examinar cómo los diferentes géneros literarios transforman histórica y sistemáticamente los materiales literarios, de un modo que resultará determinante en la configuración de la Ontología de la Literatura, en tanto que será inteligible, racional, crítico y dialéctico, y por supuesto capaz de revelar sus conexiones intertextuales mucho más allá de sus transmisiones geográficas ―incluida la poligénesis― y, por supuesto, de sus transformaciones históricas ―registrando todo tipo de relaciones hipertextuales e hipotextuales―.
Voy a considerar a continuación los géneros literarios desde la perspectiva plotiniana de la teoría de las esencias, según la reinterpretación de Gustavo Bueno. De acuerdo con Plotino, las especies que pertenecen a un mismo género forman una misma familia, no porque se parezcan entre sí, analógicamente, sino porque proceden de un mismo tronco o esencia común, sinalógicamente. Los miembros resultantes de ese tronco constituyen una familia cuyas ramificaciones se desenvolverán inevitablemente de forma dialéctica y conflictiva. Como advierte Bueno, la familia es la dimensión estructural de la génesis. Esto permite explicar cómo los géneros literarios se objetivan en un desarrollo estructural, y cómo en esta evolución histórica, conflictiva y dialéctica, han de examinarse e interpretarse, sin limitarse nunca a su concepción estática, nuclear o primigenia. El conflicto es una de las formas más enérgicas y efectivas de connivencia.
Frente a las esencias porfirianas, que apuestan por la codificación de la invariabilidad de los materiales literarios, las plotinianas postulan ante todo la interpretación de los rasgos más dinámicos, versátiles y evolutivos de los géneros literarios. Las esencias porfirianas objetivan lo inmutable del género próximo y lo permanente de la diferencia específica; a su vez, la esencias plotinianas potencian la interpretación de las propiedades generadoras del género, cuyas especies, procedentes de un tronco común, avanzan, se transforman y retransmiten ―esto es, se transducen― preservando los rasgos del género: preservándolos, sí, pero nunca de forma inalterada. Nunca sin cambios. Así es como una teoría de los géneros literarios basada en una codificación porfiriana clasificará las obras literarias (Lazarillo de Tormes, La metamorfosis, La colmena…) como accidentes específicos (novela picaresca, novela fantástica, novela conductista…) de un género superior y envolvente (la novela). Por su parte, una teoría de los géneros literarios fundamentada en las esencias plotinianas interpretará las obras literarias desde el punto de vista de su pertenencia o implicación evolutivas en un tronco o familia común ―la novela―, determinado por la presencia ontológica de un núcleo ―un narrador que cuenta una fábula―, un cuerpo ―las diferentes especies narrativas que brotan o proceden estructuralmente de ese mismo tronco común, o genoma generador―, y un curso ―las múltiples objetivaciones históricas y geográficas en las que se han formalizado pragmática, e incluso también políticamente, los materiales literarios―. He aquí la solución que establece el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, y que se articula en los tres estadios identificados como núcleo, cuerpo y curso de los géneros literarios.
Como ha señalado Bueno en una de sus mejores obras, El animal divino (1985: 107 ss), “el mínimun de una Idea ontológica de esencia genérica […], como totalidad procesual susceptible de un desarrollo evolutivo interno”, comporta los tres momentos denominados núcleo, cuerpo y curso. En primer lugar, el núcleo designa aquello a partir de lo cual se organiza la esencia como totalidad sistemática íntegra. El núcleo no puede confundirse con la diferencia específica (distintiva e invariante) de los conceptos clasificatorios. Es más bien una diferencia constitutiva. Un “germen o manantial” —género generador— del que fluye la esencia, y que confiere, incluso a aquellas determinaciones de la esencia que se hayan alejado del núcleo generador hasta el punto de perderlo de vista, la condición de partes de la esencia. En segundo lugar, el cuerpo es el desarrollo de la esencia, dado como “género generado”. El núcleo no es la esencia, ni una sustancia aislada. El núcleo pertenece siempre a un “contorno, a un medio exterior”, que lo configura, y que mantiene la unidad de la esencia cuando el núcleo se transforma e incluso llega al límite de su desvanecimiento. “Cuerpo o corteza” de la esencia es, pues, el conjunto de las determinaciones de la esencia que proceden del exterior del núcleo, y que lo envuelven de forma constante a medida que van apareciendo. El cuerpo crece por “capas acumulativas”. En tercer lugar, el curso apela a las fases o especificaciones evolutivas de la esencia genérica. El núcleo, envuelto por su cuerpo (genéricamente invariable), “se modifica internamente, en razón del medio”. El curso de la esencia es el conjunto de las fases evolutivas de su desarrollo. Su límite se manifiesta en el momento en que tiene lugar la eliminación absoluta del núcleo. Y con ello, lógicamente, la eliminación del propio cuerpo de la esencia. La esencia solo se muestra en el desarrollo de sus determinaciones específicas (Bueno, 1985: 107).
El Materialismo Filosófico considera que todas las ideas poseen una causa o fundamento material, y que sus consecuencias son también materiales. Las ideas basadas en realidades inmateriales o inexistentes físicamente son ficciones, al carecer de existencia operatoria efectiva (Maestro, 2006a). Por eso el Materialismo Filosófico considera que las Ideas son realidades universales, objeto de una Filosofía, y que los Conceptos son realidades categoriales, objeto de una Ciencia. Unas y otros han de estar siempre basados necesariamente en referentes materiales, so pena de incurrir en idealismo (metafísico) y en psicologismo (formalista), que es lo que sucede cuando se habla verbalmente de referentes que no existen en el mundo físico (M1), sino solo en el mundo psicológico (M2), esto es, en un mundo ideal o psíquico, imposible de materializarse fuera de la conciencia de un individuo que imagina y fantasea. Se es millonario porque se poseen, de facto, muchos millones, no porque se sueña con poseerlos o porque se cree que se poseen. Los Conceptos pertenecen a ciencias o categorías científicas, mientras que las Ideas son objeto de una Filosofía o saber crítico. Los primeros se basan en referentes materializados según categorías del saber científico. Los segundos, en referentes materializados en relación con saberes críticos y dialécticos, esto es, filosóficos, porque rebasan las categorías científicas concretas para relacionarlas entre sí, con frecuencia de forma dialéctica y siempre de modo crítico.
A continuación voy a aplicar la doctrina de las esencias plotinianas a la idea y concepto de género literario en la investigación e interpretación de los materiales de la literatura.



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Bibliografía

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