Ficción y Ontología

Glosario

La construcción ontológica de la literatura:
física, fenomenología y lógica

Si todo estuviera conectado con todo, o si nada estuviera conectado con nada, el conocimiento sería imposible (Platón, Sofista, 259c).


© Alex Alemany, Tiempo de rosas
Vuelvo al punto inicial, con el fin de cerrar el círculo y definir la idea de ficción desde criterios ontológicos y materialistas, no epistemológicos, ni gnoseológicos, ni metafísicos.
No hay que confundir lo existente con lo verdadero. La existencia se refiere a la coexistencia operatoria de términos en un contexto. La verdad se refiere a las confluencias que se dan en contextos gnoseológicos. Quiero decir que la Matemática y la Métrica establecen verdades en su campo, construyen identidades sintéticas, mientras que la literatura y la filosofía, no. Esa es la diferencia entre el guarismo 5 y el endecasílabo, por una parte, y don Quijote o la idea de triángulo equilátero, por otra. El número 5 es un término sintético, al igual que el concepto de endecasílabo, y ambos se obtienen de operaciones y relaciones entre otros términos. Por su parte, don Quijote, al igual que el unicornio o la idea de triángulo equilátero, no es un termino categorial. La verdad no es un criterio: la verdad es un hecho (verum est factum), sólo constatable en el campo categorial de cada ciencia, y nunca fuera del terreno científico. Las verdades, o son científicas, o no son. No hay verdades fuera de las demostraciones científicas. Las ciencias son construcciones cerradas ―no clausuradas―, fuera de cuyos límites ontológicos y gnoseológicos no cabe hablar de verdad, porque de espaldas a las ciencias no se dispone de mecanismos para demostrar lo que es verdadero o falso. La Filosofía comienza donde terminan las Ciencias. De hecho, más allá de las Ciencias y de sus verdades categoriales, sólo es posible la Filosofía, como una relación racional de Ideas ―trascendentes a los conceptos científicos o categoriales―, o la Ideología, como conjunto de creencias, opiniones y discursos acríticos (dóxa), constituyentes de un tercer mundo semántico. En consecuencia, hay que definir muy bien en qué terreno queremos movernos: ¿Ontología o Gnoseología? ¿Existencia o verdad? Algo puede existir y no ser verdad. ¿Son verdad mis referentes ontológicos en M2? Un análisis gnoseológico no será muy pertinente respecto al segundo género de materialidad literaria (M2), como he indicado en el epígrafe anterior, al no resultar apenas de utilidad, pero sí lo será el análisis ontológico, desde el momento en que sí es cierto que tales referentes coexisten conmigo y funcionan como causa eficiente en muchas de mis acciones. Coexisten conmigo, es decir, existen en relación con otros sujetos, dado que ellos y yo somos sujetos con existencia operatoria, pero no en la literatura que yo leo, precisamente porque los sujetos o personajes literarios, aun poseyendo la materialidad primogenérica del lenguaje y la materialidad terciogenérica de las ideas lógicas, carecen de existencia operatoria fuera de la realidad literaria, o lo que es lo mismo: frente a la existencia operatoria de los seres humanos. Y es precisamente esta existencia operatoria nula del personaje en el mundo del autor y del lector lo que nos permite hablar de ficción literaria en la realidad de los materiales de la literatura.

           La impotencia de don Quijote: 
           existencia estructural y existencia operatoria


La ficción es un uso extraordinario de la realidad. Se trata, en suma, de una interpretación de la realidad que verosímilmente se sustrae al orden común u ordinario. La diferencia aristotélica entre acto y potencia, que sirve de elemento nuclear a la argumentación de Gustavo Bueno para postular las diferencias entre existencia operatoria ―la que poseen los entes que actúan y manipulan la materia― y existencia estructural ―la que identifica a los entes que son resultado de acciones exteriores a ellos, y frente a las cuales no tienen capacidad de reacción―, está en la base de la teoría de la ficción del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.
Don Quijote, al igual que el colérico Aquiles o el astuto Odiseo, al igual que el Dante infernal y paradisíaco, al igual que los singulares príncipes Hamlet y Segismundo, al igual que tantos y tantos personajes literarios, es un impotente: como todos ellos, carece de existencia operatoria fuera de su existencia estructural, es decir, al margen de su realidad formal en la materialidad de la obra literaria.
Resulta imprescindible delimitar aquí la idea de existencia del Materialismo Filosófico con el fin de ampliarla, de modo que pueda integrarse en ella la idea de ficción como existencia no operatoria. Me explico. De acuerdo con el Materialismo Filosófico, la existencia es siempre coexistencia, porque nada ni nadie puede existir de forma aislada, insular, autodeterminada, megárica, exento de interdependencias, como una entidad pura, metafísica, al margen de lo que es la materialidad del mundo como construcción humana (Mi) en sus tres géneros de materialidad mencionados. Ahora bien, si toda existencia es necesariamente coexistencia, el Materialismo Filosófico distingue positivamente entre existencia operatoria y existencia estructural.
Desde la perspectiva de la estructura, don Quijote existiría como término codificado, integrado o estructurado en un conjunto histórico materiales literarios (literatura), pictóricos (iconografía), plásticos (escultura), musicales (una pieza sinfónica), etc., de modo que como tal material literario, pictórico, plástico, etc., co-existiría con otros términos de análoga existencia (Dulcinea, Sancho, el cura, el barbero...) Sin embargo, desde la perspectiva de la operatoriedad, la existencia de don Quijote, como la de los restantes personajes con él coexistentes, resulta neutralizada o incluso anulada por el término aglutinante o estructurante que los contiene, materializándolos y formalizándolos a todos por igual (el libro, el cuadro, la escultura, la obra musical...) En consecuencia, la coexistencia de don Quijote, como de todo personaje literario, es únicamente estructural, y no operatoria, desde el momento en que esta última posibilidad queda neutralizada por la dispositio del material poético al que pertenece, esto es, por el continente que lo materializa y formaliza: la obra literaria, cuyo autor es Miguel de Cervantes.
Como consecuencia de todo esto, se advierte que la existencia estructural es exclusivamente formal, y se manifiesta allí donde la materia y la forma se encuentran en relación de sincretismo, en el límite de su conjugación y de su identidad sincrética, frente a la existencia operatoria, caracterizada porque en ella la materia y la forma se mantienen como conceptos conjugados, es decir, evolucionan operativamente.
La existencia operatoria es la que poseen los seres humanos, es decir, los sujetos que son capaces de manipular la materia del Mundo interpretado (Mi) en sus tres géneros de materialidad. La existencia estructural es la que poseen los llamados “entes de ficción”, cuya materialidad es primogenérica y terciogenérica, es decir, física (M1) y lógica (M3), pero no psicológica o fenomenológica (M2), ya que toda su psicología y fenomenología es una prestación formal sin contenido material efectivo, es una ilusión estética sin existencia operatoria. En síntesis: la existencia humana es operatoria y la existencia estructural ―propia de los entes denominados de ficción― no es operatoria. Don Quijote no puede operar en el mundo físico del que él mismo forma parte, como material literario, pictórico, musical o escultórico, porque su existencia estructural está limitada a la obra de arte, y porque su existencia operatoria fuera de ella es igual a cero. Dicho de otro modo, la existencia operatoria de don Quijote es exclusivamente estructural, y se limita a la naturaleza poética de la obra literaria que lo ha hecho factible como ente de ficción, es decir, como realidad material carente de existencia operatoria.
Lo mismo sucede en una ciencia como la Matemática, en la que forma y materia son conceptos sincréticos. Lo que ordinariamente se denomina ficción literaria, es decir, en concreto el personaje literario, como los guarismos matemáticos, sólo tiene existencia estructural, porque no existe operatoriamente fuera de la estructura de la que forma parte material. Existen materialmente, porque los personajes literarios, como los números primos, tienen existencia óntica (M1) y lógica (M3), es decir, existencia estructural, pero no existen psicológicamente en sí mismos (M2), porque el número 991 carece de realidad psíquica (dentro y fuera de la matemática), y porque don Quijote posee una realidad psíquica que es únicamente estructural (dentro de la literatura) y operatoriamente nula (fuera de la literatura), es decir, existe estructuralmente sólo dentro de la obra literaria: fuera de ella es una ficción. Pero es una ficción porque existe materialmente como parte formal de una realidad literaria: Don Quijote de la Mancha (1605 y 1615), de Miguel de Cervantes.
Toda ficción es una realidad impotente, es decir, una materialidad que carece de existencia operatoria. Como la matemática, la ficción literaria sólo existe estructuralmente. Por eso se puede afirmar que la ficción es el soporte de la geometría literaria. Sólo una existencia positiva debidamente estructurada puede aportar realidad material a M2, es decir, sólo una existencia operatoria, humana en sentido físico y biológico, puede dotar de contenidos materiales reales el mundo psicológico y fenomenológico de quien la ejecuta. Ni don Quijote, ni el número 8, ni el embrión de un feto humano en proceso de gestación, poseen existencia operatoria demostrada. Don Quijote y el guarismo 8, porque son ficciones fuera de la Literatura y de la Matemática, y el feto humano, porque todavía no existe estructuralmente por sí mismo, sino que existe estructuralmente, es decir, placenteramente o umbilicalmente —bajo relaciones estructurales de dependencia biológica— como una parte más del organismo de su madre. Un feto no es una persona: si lo fuera no dependería biológicamente de la persona que lo contiene como un órgano más de su organismo. Ninguna persona lleva dentro de sí a otra persona, sino a un organismo vivo que, formando parte de su propio organismo (si no, no podría haberse producido el embarazo) se convierte en persona al nacer, en el momento mismo de romperse el cordón umbilical, es decir, en el momento de adquirir su propia existencia operatoria y de emanciparse de la estructura que hasta ese momento le había asegurado su existencia genética. De hecho, el nacimiento o alumbramiento equivale a la muerte o supresión de toda existencia estructural hasta entonces vigente: el nasciturus se independiza orgánicamente de la madre que lo parió, para ser sujeto generador de su propia existencia operatoria, más allá de la placenta en la que ha residido estructuralmente durante nueve meses.
Queda, por tanto, claro que lo que caracteriza distintivamente a los entes de ficción desde el Materialismo Filosófico como teoría literaria es la carencia de existencia operatoria. Esta carencia de existencia operatoria se debe a su propia naturaleza de términos enclasados o incrustados en una estructura dentro de la cual su existencia operatoria es nula, desde el momento en que su capacidad de acción no existe fuera de la estructura que los contiene y de la que dependen, como parte formal y material de ella, la cual funciona como una auténtica totalidad contenedora. Y si no hay acto, porque sólo hay potencia ―por usar los términos aristotélicos―, esto es, si sólo hay existencia estructural, porque no hay competencia operatoria ―por usar los términos de Bueno―, no hay ni habrá existencia ni realidad operatorias. Habrá ficción, es decir, realidad material no operatoria.

           Ontología de la ficción literaria:  
           La ficción es una (parte formal y material de la) realidad

No salimos de la realidad cuando accedemos a la ficción. No abandonamos la realidad cuando nos adentramos en la ficción. Ninguna ficción nos permite fugarnos de la realidad, salvo psicológicamente (M2). Nunca físicamente (M1), ni tampoco lógica u ontológicamente (M3): no hay mundos posibles alternativos al único mundo existente de hecho. Sólo desde la locura, es decir, desde un uso patológico de la razón, podemos perder de vista la realidad operatoria y efectivamente existente. La ficción brota de la realidad. Emana de ella como un uso extraordinario de sus términos y relaciones operatorias. Los términos (personas, objetos, hechos…) con los que se construye la ficción, así como las relaciones (reales o ideales, verosímiles o fantásticas, maravillosas o increíbles) entre tales términos, se disponen a través de operaciones siempre extraordinarias. Vamos a explicarlo.
La ontología constituye una organización filosófica de los contenidos materiales construidos, organizados y categorizados por los seres humanos como sujetos operatorios ―constructores y transformadores― del Mundo interpretado (Mi). La ontología especial es resultado de la organización y determinación material de acuerdo con los tres géneros de materialidad referidos: Mi = M1, M2, M3 (Bueno, 1972). Lo que aún se escapa a esta determinación y categorización se denomina M, es decir, el Mundo no conocido o explorado racionalmente. La llamada ciencia-ficción es, en consecuencia, una construcción adulterada del Mundo (M), es decir, una visión falsificada del mundo no categorizado o interpretado racionalmente por los seres humanos en los términos de las ciencias categoriales. De hecho, la ciencia-ficción se construye siempre con términos procedentes, total o parcialmente, del mundo conocido (Mi), que se relacionan entre sí de forma ideal o imposible respecto a la operatoriedad conocida o disponible en el mundo interpretado. En la naturaleza o en el cosmos hay cuestiones y realidades materiales que pertenecen a M, porque M1 no representa el mundo físico, sin más, sino que representa el mundo físico que el ser humano ha podido manipular, entender o explicar científicamente, esto es, categorizar. La Ciencia, como interpretación causal, objetiva y sistemática de la materia, es una construcción ontológica, constitutiva del tercer género de materialidad (el mundo lógico, M3) y constituida desde el Mundo, es decir, constitutiva de M3 y constituida desde M. La Filosofía, al igual que la Ciencia, es un saber crítico, pero, a diferencia de ella, no es un saber de primer grado, no es un saber constitutivo de ningún género de materialidad, sino que su objetivo está en la organización racional y lógica de las ideas del mundo lógico, es decir, de las Ideas contenidas en M3. La Literatura, por su parte, es una construcción ontológica, al igual que la Ciencia y la Filosofía, ejecutada por sujetos operatorios, que llamamos autores, lectores y críticos o transductores, en la medida en que construyen, leen e interpretan obras literarias. La Literatura no es necesariamente un saber crítico, como lo son la Ciencia y la Filosofía, de modo que su ontología se manifiesta en los tres géneros de materialidad, y no sólo en uno de ellos, como puede suceder con la Filosofía (M3) y con algunas Ciencias categoriales (M1 y M3), es decir, que la ontología literaria es una construcción ontológica muy especial que se desarrolla en M1, M2 y M3. Los materiales literarios se objetivan en el mundo físico (M1), al que pertenecen sus autores, lectores y críticos, los materiales lingüísticos, verbales y literarios, los sonidos, palabras y grafías, la materialidad de los libros y la industria editora, la propaganda, la economía y el poder que emana de la instrumentalización de los materiales literarios, desde sus fines académicos e institucionales hasta sus consecuencias ideológicas y políticas, cuyas causas y consecuencias son materialmente comprobables. Además, los materiales literarios son depositarios de contenidos psicológicos y fenomenológicos muy explícitos, que se expresan y refieren formalmente de manera manifiesta y poderosa (M2), a menudo con consecuencias prácticas (emociones, pasiones, reacciones psíquicas, impacto en los estados de ánimo, etc.) Finalmente, la Literatura es un discurso en el que se objetivan Ideas específicas del tercer género de materialidad (M3): Libertad, Justicia, Paz, Guerra, Poder, Amor, Muerte...
Es, pues, evidente, que la Literatura es una construcción ontológica que se proyecta a través de los tres géneros de materialidad, manipulándolos y roturándolos profundamente, pero no en términos gnoseológicos ni epistemológicos, sino sólo en términos ontológicos. La Literatura no es objeto de una epistemología, como he tratado de demostrar, contra Aristóteles y su concepción de la poética literaria, pero sí puede ser objeto de una ontología, aunque no en todos sus géneros de materialidad. La Literatura es analizable ontológicamente sólo en sus implicaciones en el mundo de los objetos físicos, como material oral o impreso, textual, lingüístico, etc., y como material depositario de ideas objetivas propias de un mundo lógico, es decir, sólo es interpretable ontológicamente como M1 y como M3. ¿Y por qué no como M2? Porque los contenidos psicológicos referidos y expresados en el discurso literario son siempre ficciones, es decir, porque lo que confiere a la literatura un estatuto ficcional es M2 y sólo M2: un mundo psicologista y fenomenológico cuyos referentes materiales se formalizan sincréticamente en la construcción literaria de personajes, tiempos, espacios, acciones, funciones o situaciones fabulosas, es decir, en la concepción sintáctica o estructural del Sujeto en la literatura. Y aunque los contenidos psicologistas y fenomenológicos de la literatura (M2) puedan servir, como un andamiaje o una infraestructura, formalizada no sólo en personajes (sujetos), sino también en acciones o funciones (fábula), para construir los contenidos lógicos, lo cierto e indiscutible es que tales contenidos psicológicos y fenomenológicos (M2) nunca serán operatoriamente verdaderos, mientras que los contenidos lógicos (M3) lo serán siempre, dentro y fuera del texto, antes y después de su lectura, ya que su existencia operatoria es independiente de cualesquiera materiales literarios que ocasionalmente puedan servirles de soporte formal o medio de expresión. La Literatura es una realidad ontológica construida siempre por sujetos operatorios que utilizan soportes físicos y materiales reales (M1), y depositaria de ideas cuya materialidad es terciogenérica o lógica (M3). Sin embargo, los contenidos psicológicos y fenomenológicos de la literatura, aun siendo materialmente reales, no son operatoriamente verdaderos. Por eso no son, ni pueden ser, objeto de una gnoseología, y por eso decimos que son ficciones: porque, aunque posean existencia óntica en un mundo lógico (M3), carecen de existencia operatoria en el mundo físico (M1).
No cabe, pues, en rigor, hablar de ficción en Literatura, sino de la ficción de los contenidos psicológicos y fenomenológicos de la ontología literaria. En Literatura sólo es coherente hablar de ficción en relación con el segundo género de materialidad: el mundo de los contenidos y materiales psicológicos (M2). Todo lo demás (M1 y M3) es real y verdadero, es decir, posee existencia óntica y operatoria más allá de la obra literaria, trascendiendo históricamente diferentes campos categoriales.
Será, pues, absurdo referirse a la literatura como un mundo posible o un modelo de mundo, desde el momento en que la literatura es una realidad constituida y constitutiva de tres géneros de materialidad.
La única diferencia entre don Quijote y yo es que yo co-existo y co-opero con otros sujetos operatorios, y don Quijote, no; es decir, yo estoy dotado de existencia operatoria, y el personaje literario, no. Y cabe advertir aquí que la literatura no sólo es cuestión de personajes. Los materiales literarios son superiores e irreductibles al mundo de los contenidos psicológicos, es decir, son superiores e irreductibles a la fenomenología de M2. La ontología literaria implica los tres géneros de materialidad. Por eso, entre otras cosas, no cabe hablar de una teoría literaria posmoderna: porque la posmodernidad lo reduce todo a un texto, es decir, a una metáfora, a una tropología psicologista. La posmodernidad reduce los tres géneros de materialidad (mundo físico, mundo fenomenológico y mundo lógico) a uno solo de ellos: el mundo de la psicología y de la ideología, de lo fenoménico y lo dóxico, de lo aparente y cavernícola, esto es, a M2. He aquí la caverna platónica lujosamente acomodada en la sociedad del consumo industrial. La posmodernidad se reduce precisamente a aquella dimensión ontológica de la literatura en la que sólo habita la ficción: los referentes impotentes, la materialidad que carece de existencia operatoria. Nada, pues, más alejado de la materialidad de la literatura que el discurso psicologista y fenomenológico de la posmodernidad.
De acuerdo con el Materialismo Filosófico, la ficción es una parte de la realidad de la literatura, y no cabe hablar de ella aisladamente. La ficción es una realidad que, construida por el sujeto operatorio con materiales reales (M1), no sólo se sirve a su vez de formas constitutivas de ideas y materiales lógicos (M3), sino que alcanza todos estos logros precisamente porque forma parte esencial de la realidad del mundo categorizado e interpretado. La ficción en general, y la literaria en particular, es una superfetación de la realidad, uno de sus espacios virtuales más expresivos, al constituir una topología especialmente significativa, y siempre construida con materiales reales. La ficción es lo que hace posible y asequible la geometría de la literatura, esto es, la arquitectura y habitabilidad de las ideas literarias.
Diré, en síntesis, que ficción es la materialidad que carece de existencia operatoria, tratándose de una materialidad a la que se le atribuyen contenidos psicológicos y fenomenológicos, y a la que, sin embargo, se convierte en sujeto de referentes lógicos. Es decir, es la materia cuya forma se agota en su propia materialidad. Es el caso de don Quijote, quien no existe formalmente fuera de su propia materialidad, las formas de la novela cervantina titulada Don Quijote de la Mancha. Es ficción todo aquello que no tiene existencia operatoria en M1, todo lo que no tiene existencia positiva genética, sino únicamente estructural, en M1 y M3, es decir, todo lo que no existe ni coexiste operatoriamente en el mundo de los objetos físicos (M1), porque su materialidad es exclusivamente formal (gráfica, pictórica, escultórica...), y porque sólo formalmente se postula, sin capacidad de existencia operatoria, en el mundo de los objetos psicológicos (M2) y en el mundo de los objetos lógicos (M3), donde la materialidad terciogenérica de las ideas dota nuevamente a sus formas de contenidos reales. La psicología de don Quijote no existe, ni es operatoria, fuera del libro que lleva su nombre, pero don Quijote sí existe positivamente, no sólo como material literario (incluso pictórico, escultórico, musical, hasta psiquiátrico...) (M1), sino como expresión de ideas objetivas y lógicas que pueden analizarse y estudiarse materialmente mediante conceptos (libertad, amor, poder, política, cautiverio, honor, lucha, etc...) (M3).
Pese a todas sus impotencias operatorias, don Quijote es una de las realidades lógicas más importantes y poderosas que la literatura ha colocado en M3, esto es, en el mundo de las Ideas.




Términos relacionados





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Ejemplos literarios o documentales




Bibliografía

  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.



El concepto de ficción en la literatura



Ficción y literatura



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