Sobre «El río de la literatura» de Adrados

Respuestas a cuestiones y preguntas


  • He leído partes de su libro sobre la Genealogía de la Literatura, que voy comprendiendo poco a poco, y he comenzado a leer el libro de Adrados titulado El río de la literatura. ¿Puede ser el libro de Adrados un complemento al suyo? ¿Está de acuerdo con las tesis de Adrados? [C. A. R.]


La presente pregunta está relacionada con el libro Genealogía de la Literatura (2012) y con las conferencias que sobre el mismo tema pronunció Jesús G. Maestro en la Fundación Gustavo Bueno el 15 de abril de 2013.


Genealogía de la Literatura
(Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2012, 700 pp.)




Escuela de Filosofía de Oviedo
Videoteca de la Fundación Gustavo Bueno



Respuesta 
Son dos preguntas muy diferentes.
A la primera cuestión, sintéticamente, he de responder diciendo que el libro del profesor Rodríguez Adrados, el El río de la literatura. De Sumeria y Homero a Shakespeare y Cervantes, de 2013, puede leerse —o no— como un complemento al mío, Genealogía de la Literatura. De los orígenes de la Literatura, construcción histórica y categorial, y destrucción posmoderna, de los materiales literarios, de 2012. Que se interprete como complemento al mío dependerá de cada cual, según la formación del lector, o de los intereses científicos presentes en cada lectura, etc. Desde luego, no son libros incompatibles. Y siempre habrá quien piense que todos los libros son complementarios entre sí.
Pero sin ser incompatibles, se trata de dos libros muy diferentes. Lo diré de forma muy precisa: el libro de Rodríguez Adrados, El río de la literatura, es un sistema de datos, un despliegue de referencias históricas y literarias, básicamente. Es una Historia (más) de la Literatura. Por su parte, la Genealogía de la Literatura es un sistema de ideas sobre el origen de la literatura, así como sobre la constitución de sus materiales nucleares (autor, obra, lector e intérprete o transductor), su cuerpo ontológico (con los elementos radiales constituyentes: litografía, tablas de arcilla, papiros, pergaminos, imprenta, internet…) y su curso histórico (la configuración de sus géneros, formas y familias literarias: Literatura Primitiva o Dogmática, Literatura Crítica o Indicativa, LiteraturaProgramática o Imperativa y Literatura Sofisticada o Reconstructivista). La tesis de mi obra es que la literatura nace en la experiencia numinosa del ser humano en el mundo arcaico, y va evolucionando racionalmente hasta alcanzar configuraciones modernas y contemporáneas, en un cierre circular en el que se sintetizan la totalidad de los materiales literarios existentes: autor, obra, lector e intérprete o transductor.
A la segunda cuestión no puedo responder, porque, tras haber leído el libro de Rodríguez Adrados, no sé cuáles son sus tesis. No creo que el autor haya querido exponer una o varias tesis, sino simplemente creo que ha querido exponer datos, referencias, hechos. Como he dicho, su libro es un despliegue de datos, más que de ideas. Es un inventario de referencias literarias. En realidad, es una obra muy interesante, que se lee como si se tratara de una enciclopedia sobre literaturas arcaicas y antiguas. No pasa del siglo XVI, apenas se adentra excesivamente en el XVII. Y a medida que avanza hacia la modernidad los datos parecen desvanecerse ante posibles esbozos de ideas que no adquieren la fuerza argumentativa de la documentación precedente.
No veo que Rodríguez Adrados sostenga ninguna tesis específica, ni general, sobre la literatura, en ningún sentido u orientación (nacional, comparatista, teórica, genológica, política o geográfica). Creo, además, que tampoco lo pretende. Su libro es expositivo y reproductivo, no original. Incluso su concepción de la “Historia de la Literatura” se concibe, al modo kuhniano, bajo la forma de sucesivos paradigmas históricos y geográficos, cuya fluidez mutua —pese a la metáfora fluvial de su título— resulta una ilusión, desde el momento en que Rodríguez Adrados procede por compartimentos estancos: literatura griega, literatura latina, literatura irania, literatura india, literaturas románicas, literatura bizantina, literaturas eslavas, etc… Una obra así expuesta, más que “el río de la literatura”, debería haberse titulado “los ríos de la literatura”. Resulta muy difícil percibir el curso de afluencias e influencias. La visión comparada de las literaturas expuestas, la intertextualidad entre ellas, no se manifiesta. Pese a los esfuerzos del autor por presentar una “fluidez” entre las diversas literaturas, el lector solo percibe una exposición histórica y geográfica —cuando no doxográfica— de obras, autores y referencias, una y otra vez históricas, sobre materiales literarios relativamente homogéneos y compactos.
Las páginas sobre Cervantes, francamente, son bastante pobres, si las consideramos a la luz de la bibliografía cervantina de los últimos años. Rodríguez Adrados sigue anclado en un cervantismo idealista, muy propio de la visión orteguiana del Quijote, que hay que remontar a la primera mitad del siglo XX español, auténtico canto (peninsular) del cisne del idealismo alemán.
Por otro lado, la obra concluye con una pretendida crítica a la educación actual, a la crisis de las humanidades, al estado de la Universidad, etc., como si el autor mismo del libro estuviera exento de responsabilidades en ese punto, como si él no hubiera formado parte —durante décadas— de la Universidad que cuestiona. Páginas así solo pueden leerse desde la ironía ajena o el cinismo compartido. Es una pseudocrítica que no puede tomarse en serio, característica de quien se desentiende de su propia responsabilidad histórica en la gestión universitaria, y que me recuerda a la de Jordi Llovet en su libro Adiós a la Universidad.
La obra de Rodríguez Adrados es más bien una Historia geográfica de literaturas arcaicas y antiguas, con más datos que ideas. Es, a mi modo de ver, una enciclopedia, cuyo mérito mayor, que no es poco, consiste en haber sido escrita por una sola persona. Ni más, ni menos.

Jesús G. Maestro


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