La Ciencia no es Cultura


Y no lo es porque la Ciencia no puede reducirse a Cultura. La Ciencia no es soluble en la Cultura. Las teorías científicas no pueden reemplazarse impunemente por teorías culturales. La teoría de la evolución de Darwin no es soluble en el mito cultural de la mitológica —y siniestra— raza aria. Las “ciencias humanas”, en nombre de la cultura, han hecho casi siempre interpretaciones aberrantes de determinados logros alcanzados por las “ciencias naturales”. Hoy día la Cultura se utiliza, amparada por las ideologías, con muchas más pretensiones que antaño para atacar las demostraciones científicas que disgustan a determinados gremios o grupos sociales. Desde la Cultura se pretende una jibarización de la Ciencia. Las ideologías encuentran en la Cultura su principal instrumento represor de la razón humana y de la investigación científica. El colaboracionismo político de intelectuales y periodistas —principales rameras de toda democracia—, al que se añade gustosamente el de otros gremios como el de los actores de teatro, cine o televisión, sirve a estos intereses. Política y Cultura son, hoy, términos sinónimos. Los denominados “estudios culturales”, vertedero de ideologías desde las que está intervenido y fiscalizado el mundo académico actual, hasta quedar reducido a un tercer mundo semántico, constituyen el triunfo de esta tendencia a través de la cual la Cultura —el Mito de la Cultura (Bueno, 2007)— fagocita la Ciencia. Por esta razón el futuro de la  Ciencia se sitúa, necesariamente, fuera de nuestras Universidades, tiranizadas de hecho por gremios ideológicos y culturales donde la investigación científica no tiene ni lugar ni sentido.

Jesús G. Maestro, Gnoseología de la Literatura, 2015.


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