Consulta sobre Realidad y Literatura

Respuestas a cuestiones y preguntas

  • Leyendo el libro Idea, concepto y método de la Literatura Comparada me ha surgido una duda acerca de la terminología. En el apartado de la comparativa entre las poéticas clásicas de corte aristotélico y las tendencias románticas idealistas de habla de que la mimesis (recurso de la poética aristotélica) es la imitación de la naturaleza, mientras que en el romanticismo lo que se hace es una reinterpretación de la misma. Mi duda es la siguiente: ¿esa «naturaleza» es lo mismo que en la ontología llamamos mundo físico (M1)? [G.G.]

La presente pregunta está relacionada con el libro Idea, concepto y método de la Literatura Comparada (2008) y con las conferencias que sobre el mismo tema pronunció Jesús G. Maestro en la Fundación Gustavo Bueno el 3 de marzo de 2014.



(Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2008, 272 pp.)




Escuela de Filosofía de Oviedo • 3 marzo 2014



Respuesta
En relación con su consulta, la respuesta es que sí, si bien hay que tener en cuenta lo siguiente:
1) Interpretar la Naturaleza en términos de M1 implica incurrir en un reduccionismo, de tal manera que el Mundo interpretado (Mi) quedaría reducido a la Naturaleza (M1), en tanto que realidad física, material, corpórea, mecánica incluso. Este reduccionismo (Mi > M1) es un reduccionismo formalista (porque parte de Mi: si fuera un reduccionismo materialista partiría de M), que conduce a un corporeísmo, a un mecanicismo, es decir, a una concepción materialista primogenérica del mundo. Este reduccionismo, desde el Materialismo Filosófico, se considera un materialismo grosero, porque el Materialismo Filosófico niega la posibilidad de reducir el mundo interpretado (Mi) a un único género de materia (en este caso, M1). Esta es la idea que, vulgarmente, la gente tiene de materialismo (incluso cuando se le habla de Materialismo Filosófico). Corporeístas, mecanicistas, han sido Newton, en sus Principios matemáticos de filosofía natural (1687) y todos sus seguidores, hasta Comte. También una parte muy importante del marxismo es mecanicista, particularmente en su concepción del desarrollo de la Historia, al atribuir a la materia la función de sujeto en las leyes de la dialéctica en el desenvolvimiento de la Historia (en lugar de atribuir esa función de sujeto al ser humano, como sujeto operatorio, que es lo que hace el Materialismo Filósofico de Gustavo Bueno). En teoría literaria, corporeístas y mecanicistas son los trabajos del denominado grupo Nikol, dirigido por Siegfried Schmidt, de gran difusión en la década de 1980, y hoy prácticamente extinto y sin consecuencias visibles en lo que entonces él mismo denominaba “ciencia empírica de la literatura”. También podrían considerarse corporeístas Epicuro, Lucrecio, y sus discípulos, así como en cierto modo los estoicos, etc., si bien estos pensadores estarían, como Giordano Bruno en pleno Renacimiento, más bien próximos al panteísmo (en la línea que podría atribuirse a un Spinoza), panteísmo que implicaría una reducción, pero en este caso no formalista (Mi > M1), sino materialista, es decir, de M > M1 (de la materia ontológico general [M] a la materia primogenérica [M1]).
► Sobre los reduccionismos en la ontología del Materialismo Filosófico, vid. Gustavo Bueno (Ensayos materialistas, 1972).
Vid. también este enlace, sobre el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura aplicado a la interpretación crítica del poema de Cernuda «Desolación de la Quimera», donde me refiero a diferentes reduccionismos e idealismos.

2) Los románticos no reinterpretan la naturaleza en términos aristotélicos, es decir, según la teoría de la mímesis (la imitación de la realidad como principio generador del arte), sino precisamente en términos de ruptura con Aristóteles. Los románticos asumen el paradigma epistemológico del Idealismo alemán inaugurado por Kant, al tomar como referencia en la construcción e interpretación del arte no al objeto (la realidad), sino al sujeto (el creador, el Yo, la conciencia). En palabras del idealista Ortega, “de pintar las cosas se ha pasado a pintar las ideas” (cito de memoria unas palabras de La deshumanización del arte, 1925). En consecuencia, la naturaleza deja de ser un referente para el arte. El nuevo referente es la subjetividad del creador, donde reside, de ahora en adelante, la mayor libertad, es decir, la mayor «libertad de conciencia». El pietismo kantiano, el luteranismo radical, en definitiva, está en el fondo del imperativo kantiano de la crítica del juicio estético. El Idealismo alemán es protestantismo puro en muchos casos. Su idea de libertad es una libertad de conciencia, es decir, una libertad de corral. Una libertad donde el esclavo puede sentirse libre y donde el «trabajo nos libera». Pero la libertad, como la inteligencia, no es una cuestión de sentimiento. No basta sentirse listo para ser listo, como no basta sentirse catalán para ser catalán. Reducir el ser a sentimiento es una característica muy propia de nuestro tiempo, una forma de vida en la que está instalado todo el mundo, en la creencia de que se tiene derecho a ser como uno se siente ser. Solo quien se permite ignorar o disfrazar la realidad puede vivir de ese modo, engañándose a sí mismo, en un tercer mundo semántico. Las interpretaciones, sin los hechos, no significan nada (salvo una declaración de intenciones, con frecuencia delatoras de la ignorancia de quien las afirma).
Por último, es muy importante señalar que desde el Materialismo Filosófico no se interpreta la realidad, y aún menos la realidad de la literatura, tomando como referencia el Idealismo alemán, sino que se interpreta el Idealismo alemán tomando como referencia la realidad interpretada desde el Materialismo Filosófico.

Jesús G. Maestro


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