Contextos de descubrimiento y contextos de justificación


Bosco, Esfera
Gustavo Bueno (2001b) ha demostrado que las ciencias, como tampoco su interpretación gnoseológica, no se agotan en su relación con la ideas de Verdad y de Conocimiento. Las ciencias no se limitan al conocimiento, sino que van más allá: no solo conocen, construyen. Son operatorias,  más que cognoscitivas. Las ciencias construyen la realidad, no se limitan a interpretarla. No hay que confundir la labor interpretativa del ser humano, como protagonista engreído de una aventura hermenéutica, con la inmediatez y finalidad de las ciencias, constructoras de realidades generadas por el propio ser humano en tanto que homo agens. La Ciencia no es una hermenéutica. Y la Filología, como la Teoría de la Literatura o la Lingüística, no deben ni pueden verse reducidas a una hermenéutica de los hechos humanos, o de los materiales literarios o lingüísticos, sin que algo así implique un gravísimo menoscabo de sus competencias gnoseológicas y operatorias.
La Ciencia no es solamente un conocimiento: es ante todo y sobre todo una construcción. Y en esa construcción, dada inicialmente en contextos de descubrimiento, hay errores, limitaciones e ignorancias que será necesario subsanar y superar a través de contextos de justificación, que permitan acreditar y corregir retrospectivamente hallazgos previos. El descubrimiento de América, protagonizado por Colón en 1492, no se justifica hasta que la cartografía de comienzos del siglo XVI, de la mano de Américo Vespucio, en obras como Mundus Novus (1503) y la Carta a Soderini (1505), sirve a Martin Waldseemüller para editar en 1507 su Universalis Cosmographia, planisferio terrestre en el que se acredita que América es un nuevo continente, y no —como se pensaba intencionalmente hasta entonces— la geografía más meridional u occidental de Las Indias. No basta descubrir un hecho o una realidad: la Ciencia exige siempre justificar —y saber justificar— el descubrimiento de sus hallazgos, es decir, exige saber explicarlos racionalmente en relación con el nuevo estado que impone el orden de las realidades recién descubiertas. 
Por todas estas razones, exigir a las Humanidades que humanicen a la Humanidad, al ser humano, o a cualquier otro ente, sea humano, animal o divino, como de forma reiterada ha hecho, entre otros, George Steiner (1999), es una ridiculez y una simpleza, que entraña, entre otras cuestiones, no solo carecer de una Teoría de la Ciencia mínimamente solvente, sino incluso de una Idea definida de Ciencia, de la que siempre estarían excluidas, sin posibilidad alguna de hacerse inteligibles, las —por gentes como Steiner denominadas— “ciencias humanas”.

Jesús G. Maestro


Glosario




Bibliografía

  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.



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