Arquea literaria y Literatura Primitiva o Dogmática

Respuestas a cuestiones y preguntas


  • Hola, soy M.O. y enseño Lengua y Literatura en el segundo nivel de educación en mi país. Hace más de un año que sigo las conferencias del profesor Maestro y estoy leyendo los materiales disponibles. Lo estoy estudiando con mucha vehemencia porque ha respondido a todos los porqués que me planteé mientras estudiaba teoría de la literatura durante mi formación docente. Solo quería consultarle al profesor Maestro si la familia de la Literatura Primitiva podría considerarse en realidad como una arquea literaria, porque a diferencia de las demás genealogías que el profesor expone, la Primitiva no confiere estatuto de ficción a las obras que se comprenden en ella (por M.O., 18.04.2015).


La presente pregunta está relacionada con el contenido de la clase de Jesús G. Maestro sobre la Genealogía de la Literatura, impartida en la Universidad de Vigo el 17 de marzo de 2015, grabada íntegramente y disponible en internet en el siguiente vídeo:


Genealogía de la Literatura
(segunda parte)


Literaturas Primitiva o Dogmática, Crítica o Indicativa,
Programática o Imperativa y Sofisticada o Reconstructivista



Respuesta

La arquea literaria y la Literatura Primitiva o Dogmática son dos tipos diferentes de materiales literarios, aunque estén estrechamente relacionados, y tengan en común importantes analogías.
Vamos a definir, en primer lugar, cada uno de estos dos tipos de materiales literarios, y, en segundo lugar, vamos a explicar en qué son diferentes y en qué son semejantes.
1. Una arquea literaria es un texto fragmentario o un extracto poético, oral o escrito, en el que se objetiva formalmente un material literario primigenio, propio de una literatura arcaica, primitiva o en ciernes. La arquea literaria remite a una suerte de Urliteratura, es decir, a un conjunto de materiales literarios precursores de una literatura posterior, una literatura posterior que será siempre una Literatura Primitiva o Dogmática. La arquea literaria remite al estado anterior o previo a toda Literatura Primitiva o Dogmática.
Además, la arquea literaria se caracteriza porque se trata siempre de materiales literarios limitados a fragmentos, extractos, enunciados declarativos, que no forman parte de un todo definido y delimitado. Son materiales literarios partitivos. Sería una suerte de «literatura» fragmentaria. La arquea se basa siempre en fragmentos que remiten o postulan un todo inexistente en sí mismo, y que incluso pudo no haber existido nunca como totalidad.
2. La Literatura Primitiva o Dogmática es resultado de la actividad literaria de sociedades con frecuencia previas a la constitución del Estado, y determinadas por tipos y modos de conocimiento propios de culturas bárbaras, tribales o preestatales (mito, magia, religión y técnica). Dicho de otro modo, es el resultado de tipos de conocimiento que hoy calificaríamos de irracionales[1] y acríticos, porque no se basan en investigaciones científicas (consideran que el rayo es la ira de un dios, y no el efecto de un hecho meteorológico) y no se enfrentan dialécticamente a los imperativos de su tiempo (no cuestionan los fundamentos religiosos o míticos, sino que los fundamentan o confirman como dogmas).
Ahora bien, ¿por qué son diferentes entre sí?: porque la arquea es fragmentaria, y en cualquier caso remite a una totalidad perdida o nunca concebida materialmente como un todo. Y porque la arquea es precursora de la Literatura Primitiva o Dogmática, sin alcanzar ella misma un estatuto literario propiamente dicho. Es solo eso, un precedente, un «hecho literario» en ciernes.

Y, ¿qué tienen en común arquea literaria y Literatura Primitiva o Dogmática? El hecho de que una y otra brotan de sociedades bárbaras, previas a la constitución del Estado, y cuyos conocimientos son irracionales y acríticos: mito, magia, religión y técnica.
¿Qué papel desempeña la ficción en la delimitación conceptual de la arquea literaria y de la Literatura Primitiva o Dogmática? La ficción es una propiedad esencial de la literatura, hasta el punto de que me niego a aceptar que haya literatura sin ficción, como con frecuencia se sostiene. Una literatura sin ficción es una literatura ablativa, es decir, una pseudoliteratura, una literatura a la que se le ha amputado un término, componente, o ingrediente fundamental, es decir, un material esencial. Una literatura sin ficción es una Medicina sin pacientes o una Veterinaria sin animales.
No hay que sorprenderse de estas amputaciones, propias de las teorías literarias ablativas —incubadas no solo en la posmodernidad—, que se dedican a amputar materiales literarios, y a hacer de este tipo de ablaciones literarias y amputaciones una gracia o un esnobismo, en términos de “el autor ha muerto” (Roland Barthes) u otras simplezas por el estilo.
La ficción es lo que hoy nos permite leer la Biblia o el Corán como literatura, porque los antiguos no podían hacer eso de ninguna manera, pues para ellos estas obras eran, e incluso siguen siendo, escrituras sagradas, es decir, dogmas. Y un dogma es algo absolutamente insoluble en la ficción. Considerar que un dogma es una ficción no solo es secularizarlo, es ante todo actuar como un hereje, como un blasfemo.
Hasta Spinoza no hay intérpretes que dentro del judaísmo, ni fuera de él, examinaran la Biblia como un material cuya valoración científica provocara las desmitificaciones que se apuntan en el Tratado teológico-político (1670). Spinoza es, probablemente, el primer filósofo que lee la Biblia como un libro de ficción, es decir, como literatura.
La interpretación de la Literatura Primitiva o Dogmática es una interpretación literaria a posteriori, porque los autores de estos materiales literarios primitivos y dogmáticos no los perciben como literarios, pues interpretarlos como literarios equivale a interpretarlos como ficticios, y algo así es —en una sociedad religiosa— incurrir en blasfemia.
Solo desde una perspectiva científica, filosófica o teórico-literaria se puede calificar a la Biblia de Literatura Primitiva o Dogmática, porque desde un contexto teológico, cristiano o judío, la Biblia es un conjunto de escrituras sagradas. La Ciencia y la Filosofía son actividades seculares, es decir, críticas (con los dogmas) y dialécticas (contra las falacias y mitos).
Y la ficción también es una actividad secular. La ficción pone a los dioses en su sitio, es decir, en la metafísica, en el más allá. Los destierra. Los sitúa, francamente, en la mentira metafísica. La ficción es la única mentira que la inteligencia tolera con humor. Y con esa tolerancia ha jugado históricamente la literatura desde épocas determinadas por la intolerancia más radical.
La Literatura Primitiva o Dogmática es literatura porque los intérpretes no creyentes, desde criterios científicos y filosóficos, intervenimos e interpretamos esos materiales literarios al margen de la religión, el mito, la magia, la teología, la ideología y las pseudociencias, y porque en consecuencia leemos como literarios y ficticios una serie de hechos que, en el momento de su génesis y composición, eran imposibles de identificar como literarios y ficticios, porque el estado y uso del pensamiento racional de aquel lugar y momento no lo permitía.
No por casualidad la literatura nació en la Grecia arcaica, es decir, en un lugar no intervenido por Yahvéh.
La ficción literaria se instituye como recurso poético específico con el nacimiento de la Literatura Crítica o Indicativa —no antes, antes no hay conciencia de ficción, ni de literatura—, es decir, con el nacimiento de la obra homérica, Ilíada y Odisea. Una vez constituido históricamente el concepto de Literatura es posible retrotraerse a todo tipo de materiales literarios anteriores, y recuperarlos e interpretarlos retrospectivamente como tales, incluso aunque hayan sido compuestos en una época anterior al concepto de Literatura constituido a partir de la Literatura Crítica o Indicativa.
En síntesis, la ficción literaria nace con la Literatura Crítica o Indicativa, y retrospectivamente se aplica a materiales literarios anteriores, porque nosotros podemos percibirlos como literarios y ficticios, dada nuestra idea de Razón, una idea de Razón que nos ha liberado de la esclavitud del pensamiento religioso, primitivo y dogmático, que imponía sobre la Biblia una lectura propia de una escritura sagrada, cuyo estatuto negamos, porque la Literatura nada tiene que ver con los dioses. La Literatura brota de la razón humana, es decir, de la razón antropológica, y nada tiene que ver con una razón teológica que es obra —y diseño— de un racionalismo humano de signo idealista y sofista.
                                          
Jesús G. Maestro







[1] Irracionales para nosotros hoy, porque para aquellas culturas esos conocimientos no eran irracionales, del mismo modo que para un niño no es irracional decir “yo sabo” en lugar de “yo sé”: su racionalismo está dado a una escala infantil, o diferente de la del adulto. No es que un niño no sepa razonar, es que razona de un modo infantil: el problema se plantea si un adulto razona de modo infantil.


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