La locura (según Foucault)

Los amigos de los locos


Michel Foucault [*]
De acuerdo con las ideas que sostiene Michel Foucault en su obra Histoire de la folie à l'âge classique, ninguna sociedad humana debería impedir que una persona como Andreas Lubitz pilotara un avión de pasajeros. Porque semejante interdicción equivaldría a reprimir su personal forma de ser. 
Cuando la obra de determinados escritores, como Foucault, se ve enfrentada a la realidad de la vida y, en particular, a hechos decisivos de la vida de muchas personas, es conveniente no mencionarla, no exponerla al público, ni a la crítica, a fin de preservarla de su vacuidad, y evitar de este modo ponerla en entredicho. ¿Dónde están en estos días los defensores foucaultianos de la Idea de Locura?
Hay autores cuyo prestigio se debe, ante todo, a que sus obras jamás han tenido ninguna relación con hechos reales, porque su idealismo, su irrealidad, su sofística, en suma, así lo exigía. Para los idealistas, la realidad es una ficción. ¿No fue Nietzsche quien dijo que no hay hechos, sino solo interpretaciones? Mejor, pues, que los seguidores de Nietzsche no se tropiecen nunca con la realidad de la vida, porque entonces no sabrán cómo explicarla.
La realidad —piensan los intelectuales— es algo que no podemos permitirnos. Es, desde luego, algo cuyo acceso han de vetar a los demás. Foucault, como la totalidad de los intelectuales posmodernos, ha escrito una obra que cualquier hecho real puede ridiculizar en cuestión de segundos.
Lo contrario de la locura no es la razón, sino la cordura. La locura es un uso patológico de la razón. En todas las sociedades humanas ha habido siempre gente que ha estado encantada de compartir su vida, de forma muy natural, con personas que han hecho de la razón un uso completamente —y con frecuencia también irreversiblemente— patológico.
Convivir con locos puede resultar muy emotivo para algunas personas. Pero la realidad no interpreta las emociones del mismo modo que los seres humanos a quienes encanta y seduce el uso patológico que de la razón hacen sus supuestos amigos. 
Las únicas locuras dignas de elogio son las literarias. Y tampoco todas... 

Jesús G. Maestro


[*] Fuente: Periódico del Bien Común. Ser Nosotros.



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