Confundirlo todo



Solo hay que hacer lo de siempre. Confundirlo todo, como si se preparase un picadillo y hacérselo tragar a la gente a la fuerza, igual que se introduce la masa en la tripa de embutir. Luego se añade un poco de dulce, que es la palabrería de la cocina y así se hace la mezcla más grata al paladar. Lo demás de la sustancia demagógica ya lo tienes […] para la administración del Estado.


Aristófanes (444 a.n.E.-385 a.n.E.), 
Los jinetes, en Comedias, Ediciones Clásicas, Madrid, 2004, p. 127.

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