Ignorancia y locura




(CC BY-SA 2.0) M Trombone - 2
La realidad es un muy intolerante, y no acepta nada que no sea compatible con ella. Solo la ciencia nos hace compatibles con la realidad, porque permite al ser humano conocer y comprender el orden operatorio de la realidad. De hecho, la ciencia nos permite sobrevivir como especie, en tanto que nos enseña a adaptarnos operatoriamente a una realidad que, a medida que la construimos, nos resulta habitable. En consecuencia, solo los ignorantes y los locos, además de los idealistas, son incompatibles con la realidad. No en vano locura e ignorancia son las formas más frecuentes de idealismo. Los ignorantes, porque desconocen el funcionamiento de la realidad: ignoran su orden operatorio. Los locos, porque acaso conociéndolo, hacen de ese conocimiento un uso patológico. Y los idealistas, porque se niegan a vivir en la realidad (en apariencia, por supuesto, porque ninguno deja de servirse de la materia a todas horas...), digo que dicen negarse a vivir en la realidad, bien con la esperanza de cambiarla, como si la realidad necesitara al ser humano para transformarse, bien desde un extraño complejo de superioridad, en virtud del cual consideran que lo que imaginan es mejor que lo que existe. Lo cierto es que los idealistas ni siquiera son conscientes de que lo que imaginan, con mucha frecuencia, es aún mucho peor que lo que existe. La imaginación de los idealistas es, en la mayoría de los casos, muy poco original (por decirlo suavísimamente...). Con frecuencia, suele tratarse solo de aberraciones emocionales, más o menos momentáneas, aunque recurrentes, que acaban en frases de autoayuda, o poco más. El destino de los idealistas es, en unos casos, la ignorancia crónica, es decir, el desconocimiento de la realidad —un desconocimiento con un inextinguible fondo de cinismo—, o el uso patológico de lo poco que saben, es decir, la forma menos brillante de locura. Y la más dañina.


Jesús G. Maestro

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