Internet y la Literatura Programática o Imperativa

Respuestas a cuestiones y preguntas

    • En su libro Contra las musas de la ira (capítulo III), en la tercera familia [de la genealogía literaria], Literatura programática o imperativa, nos advierte contra una literatura que se sirve de una gran facilidad tecnológica. Y en el capítulo IV, hace una alusión a la red como superadora de una transducción que degenera en control y manipulación de masas. ¿Quiere esto decir que, por ejemplo, podemos ver tranquilamente un vídeo de Gustavo Bueno en Youtube, pero sin la presencia de los demagogos? (por C.C., 03.05.2015).

    La presente pregunta está relacionada con el contenido del libro de Jesús G. Maestro Contra las Musas de la Ira. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (Oviedo, Pentalfa, 2014, 460 pp.)





    Respuesta

    Toda tecnología sirve hoy a la literatura, si el tecnólogo de turno la sabe manipular. La literatura evoluciona, histórica y genealógicamente, como una expansión radial de su génesis, mediante la incorporación de todo tipo de soportes que hacen posible su difusión (oralidad, escritura, litografías, tablillas de cera o arcilla, papiro, pergamino, códice, papel, libro, pdf, textos digitales, internet...)
    La denominada literatura en internet es, en este sentido, una literatura que, en todo caso, tendrá que demostrar que lo es, porque para que algo sea literario ha de ser objeto de interpretaciones científicas que lo acrediten como literario. No basta que yo escriba una novela y la publique en internet en una página donde yo (autologismo), o mis amigos (dialogismo), declaremos que «eso» es literatura. Algo así constituye una interpretación endogámica (nosotros y yo), es decir, autológica y dialógica, una interpretación que da lugar a prototipos (lo que propone el Yo, el individuo) y paradigmas (lo que propone el Nosotros, el grupo, el lobby, el partido político, etc...) Pero lo que propone el individuo y el grupo ha de ser confirmado normativamente, es decir, por unas normas. Ningún individuo, ningún grupo, puede conducir un coche al margen de las normas de circulación que son las mismas para todos, sin incurrir en ilegalidad (infracción) o en abuso de poder (casta política, jefes de estado, cuerpo diplomático...).
    Declararse poeta o literato solo por escribir y publicar una presunta novela o un supuesto poema en internet no es ser novelista ni poeta, sino simplemente escribiente en funciones de informático. Publicar en internet pretensoras obras literarias no es demostrar que se es escritor, ni que se sabe de literatura, sino simplemente que se sabe de informática. Algo poco meritorio, si comprobamos que la mayor parte de las plataformas y servidores ofrecen mecanismos elementalísimos de diseño en internet, prácticamente al alcance de personas incluso funcionalmente analfabetas o intelectualmente memas.
    Internet ha democratizado la expresión pública, degradándola extraordinariamente en muchos casos, pero esto es solo una consecuencia, entre muchísimas, de la premisa de partida: la democratización de la comunicación. En este contexto, la prensa queda cada día reducida más y más a una suerte de «comunicación del espectáculo», o comunicación espectacular de cosas varias, muchas veces irrelevantes, porque el hecho mismo de la comunicación está ya dado en público a escala individual y personal. La prensa, de hecho, se parece cada día más a un cómic o a un blog de actualidad espectacular. Las empresas de información, los periódicos, actúan como dioses que disputan la interpretación y control del mismo mundo. Es un caso de politeísmo informativo a escala planetaria.
    Respecto a su última pregunta, sobre si «podemos ver tranquilamente un vídeo de Gustavo Bueno en Youtube, pero sin la presencia de los demagogos», es evidente que sí, pues basta buscar por internet los vídeos de Bueno y acceder directamente a ellos sin intermediarios. De Bueno pueden decirnos muchas cosas sus enemigos o adversarios, pero tales declaraciones, tendenciosas y mediatizadas, contienen más información sobre las personas mediadoras y tendenciosas que las dicen que sobre el propio Bueno, a quien podemos ver y oír sin presencia perturbadora, o demagoga, de intermediarios o transductores. No necesitamos que nos interpreten, o mediaticen, a Bueno, pues podemos acceder directamente a él a través de sus vídeos.
    Internet individualiza públicamente el acceso directo a las fuentes. Otra cosa es lo que cada individuo sepa o pueda hacer con las fuentes a las que accede, es decir, cómo ponga a prueba el resultado de su educación científica y de las competencias de su inteligencia. Internet nos sitúa individualmente ante la realidad de los hechos, pero no interpreta los hechos por nosotros.
    Jesús G. Maestro


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