Un libro sobre la ficción literaria

La ficción no reside en la metafísica



No, la ficción no reside en la metafísica, porque la ficción forma parte de la realidad. Ficción y realidad no son conceptos opuestos, sino conjugados. El uno es inconcebible sin el otro.
Pese a esta evidencia, hay quienes siguen empeñados en buscar los fundamentos de la ficción más allá de la realidad, es decir, en la metafísica.
Algunos de estos autores, a la metafísica de la literatura se refieren desde términos tales como mundo posible. Ya he dicho muchas veces, y no lo he dicho solo yo, que no hay ningún mundo en el que don Quijote, Hamlet o Dante en los Infiernos tengan la menor posibilidad de existir. Pero aún así, hay gente que sigue empeñada en buscar el quinto pie del gato, es decir, en buscar un lugar para la ficción más allá de este mundo: en la metafísica de la literatura.
He leído recientemente cuestiones muy discutibles sobre la ficción literaria.
Se trata de un escrito que repite, acríticamente, los mismos errores inherentes a las concepciones que interpretan la ficción literaria como construcción de un mundo posible. La novedad de este escrito es que radicaliza, desde perspectivas teoreticistas (de raíces popperianas), indudablemente ignoradas por el autor, muchos de estos errores. Se llega a hablar de mundos imposibles en su oposición a mundos posibles, como si en la realidad del mundo efectivamente existente fuera posible habitar, operar o actuar en mundos ontológicamente alternativos al de hecho y de derecho mundo real.
Este escrito llega a postular incluso que puede haber literatura sin ficción, planteando de este modo una concepción partitiva, ablativa o “especial” de lo que la literatura es, en el sentido de que el intérprete o crítico literario puede hacer una “crítica a la carta” de los materiales literarios, y seleccionar un menú o conjunto de ingredientes para hacer de ellos algo que corresponda con su particular idea o modelo autológico de literatura: literatura con autor o sin autor, literatura con lector o sin lector, literatura con ficción o sin ficción, literatura con cultura o sin cultura, literatura con ciencia o sin ciencia, literatura con compromiso o sin compromiso, literatura con lenguaje o sin lenguaje, literatura con palabras o sin ellas, etc.
Así se puede decir que hay literatua sin ficción, que hay literatura sin autor, o que hay literatura sin mujeres, etc. Una literatura sin autor ya la han postulado Barthes, o Foucault, al afirmar que “el autor ha muerto”, o que no existe, ignorando las leyes de copyright o de propiedad intelectual, etc., es decir, ignorando la realidad. Una literatura sin ficción es, simplemente, una retórica pura, un texto lúdico y recreativo de una realidad que se toma referencialmente como modelo puntual de una escritura. Hablar de una literatura sin ficción equivale a postular una Teoría de la Música concebida al margen de toda experiencia sonora. Una literatura sin ficción es una Geometría sin polígonos o una Medicina sin enfermos.
Si Ortega, desde la “deshumanización del arte”, daba forma objetiva a lo que planteaban muchas vanguardias, en el contexto preambular de los teoreticismos y formalismos del siglo XX, la amputación de la ficción a la literatura no es más que una continuación alternativa de este juego de mutilaciones y ablaciones de materiales literarios, un juego motivado sobre todo por el hecho mismo de que es más fácil suprimir componentes ontológicos que afrontar la explicación científica de esos componentes.
Es más cómodo suprimir al autor que explicarlo. Es más original hablar de literatura sin ficción que reconocer que la denominada “literatura sin ficción” no es más que un juego verbal cuyo referente son los mismos hechos que la literatura de ficción, esto es, la realidad, con la única diferencia de que la ficción exige al creador una imaginación y un racionalismo compositivo de los que el expositor de hechos puramente reales carece.
Pero el modelo de arte ha sido y es siempre el mismo: la realidad. Porque los términos, reales o ideales, que constituyen las obras de arte de todo tipo, son los mismos términos, reales o ideales, que forman parte de la realidad. Y téngase en cuenta que construir un referente o término ideal es mucho más difícil que reproducir o relatar un hecho o término real, por la sencilla razón de que los términos ideales exigen a su artífice el diseño de una estructura operatorialmente inexistente en la realidad a la que es necesario dotar de sentido y de verosimilitud. De un modo u otro, es muy fácil copiar, o incluso plagiar, como el mismo Huidobro, en su poética creacionista, consideraba que, hasta su vanguardia, había hecho todo artista: plagiar a Dios, copiar la realidad en el arte. La fórmula está dada en la mímesis platónica, cuya fuente genuina es el mundo metafísico, esencialista, de las ideas puras.
La teoría de los mundos posibles es una teoría que carece de fundamento material, porque el único mundo posible es, pleonásticamente hablando, el mundo real. La teoría de los mundo posibles es puro teoreticismo popperiano. No hay otro, a menos que concedamos a la metafísica un valor ontológico operatorio más allá de este mundo efectivo. La diferencia entre acto y potencia, entre mundo actualista y mundo posible, remite a la metafísica de Aristóteles. Pero Aristóteles no es nuestro colega actual en Teoría de la Literatura. La ficción no es potencia, sino acto, más precisamente, es acto estructural de una realidad operatoria. De una realidad que es real precisamente por ser operatoria dentro de las estructuras de una obra de arte.
Hablar de mundos posibles es, en términos artísticos, una metáfora sinestésica un tanto alicientosa; en términos científicos, es una ficción que dejaría perplejo a cualquier médico, físico o ingeniero; y en términos filosóficos es, simplemente, un disparate, según el cual habría un mundo metafísico en el que el ser humano podría instalarse y acomodarse físicamente cuando lee un libro o contempla un lienzo.

Jesús G. Maestro


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Nota: Para más detalles sobre la ficción, remito a tres libros: mi monografía El concepto de ficción en la literatura, el libro de Ramón Rubinat Crítica de la obra literaria de Javier Cercas, y el recientemente publicado de Enrique Prado, cuyo título es ¿Qué es Literatura? Análisis crítico de la respuesta dada por Jesús G. Maestro en sus libros Genealogía de la Literatura y Contra las Musas de la Ira.


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