Un retablo de maravillas filosóficas

Con permiso de Cervantes y su Retablo de las maravillas

(CC-BY 2.0) Ojo - Raf Arte
Recibo en mi correo electrónico una información bibliográfica sobre un libro, cuyos términos publicitarios se manifiestan en este lenguaje. Subrayo los términos que han llamado mi atención, y a los que finalmente dedico una brevísima glosa.
Dice el texto en cuestión, literalmente:
La crisis en la que se encuentra Occidente no es meramente económica e ideológica sino que se funda en el desfallecimiento de su subsuelo cultural en profundidad: es una crisis de espíritu. Así lo afirma el filósofo ―y aquí el nombre del filósofo, que omito por respeto― en ―y aquí el título del libro―, que publica Editorial ―y aquí el nombre de la editorial― dentro de su colección ―y aquí el nombre de la colección―.
[El Autor] emprende en este libro la ambiciosa tarea de mostrar las bases de la crisis que atraviesa Occidente, conectando sus causas sociales y políticas a dinámicas más profundas incrustadas en el subsuelo espiritual de la cultura.
La tesis central del autor afirma el ocaso de las potencias creativas que subyacen a la interpretación del mundo y el modus operandi que conforman el modo de ser de nuestra civilización. Al unísono, da cuenta de un nuevo malestar en la cultura, un sentimiento asfixiante en el inconsciente colectivo que se expande de forma clandestina.
Sobre la base de este análisis, [el Autor] sostiene que el ocaso de Occidente radica en su impotencia de su substrato sociocultural para crearse a sí mismo y en la necedad que la acompaña (en cuanto pérdida del autoextrañamiento). Tal estado yermo del mundo sociocultural da lugar a un agente patógeno —la autofagia civilizatoria— un fenómeno complejo que propulsa un devenir de la civilización contra sus propias potencias autocreadoras.
La crisis del presente es este paradójico progreso involucionista, del que emanan patologías civilizatorias que cobran forma en procesos concretos sociales y políticos. Hay que atravesar desde dentro esta noche del ocaso —termina sosteniendo el autor— para que se hagan realidad las luces de aurora que hoy se vislumbran y que el autor cifra en tres fundamentales: el centelleo pro-barroco, el destello del espíritu trágico y los principios de una ética de la lucidez.

Personalmente, me quedo perplejo:
1. Lo del “subsuelo espiritual de la cultura” está muy bien. ¿O no?
2. Lo del “sentimiento asfixiante en el inconsciente colectivo que se expande de forma clandestina” es súper.
3. Lo de la “impotencia de su substrato sociocultural para crearse a sí mismo” es de pásalo y quedada.
4. Lo de “pérdida de autoextrañamiento” es digno de carta de ruptura de relaciones sentimentales en vía de superación.
5. Lo de “fenómeno complejo que propulsa un devenir de la civilización contra sus propias potencias autocreadoras” confieso, humildemente, que me supera. Sin necesidad de intermediarios: me supera.
Y lo del “agente patógeno” y “la autofagia civilizatoria” (me temo) es para mirárselo...
Respecto al triplete final de “centelleo pro-barroco”, “destello del espíritu trágico” y los “principios de una ética de la lucidez”, la verdad, prefiero aquello de “súper-cali-frági-lístico-espiralidoso”.
¿Es esto Filosofía?
¿O es un libro de autoayuda para culturetas?
El único inconveniente de jugar así con las palabras es que solo puedes hacerlo si tienes a alguien que se deje tomar el pelo.
Es curioso comprobar cómo los supuestos intelectuales consumen libros de este tipo, del mismo modo que los ignorantes consumen libros de autoayuda, bien para enriquecer a los timadores que los escriben (y comercializan con ellos a costa de sus bolsillos), bien para perpetuar a incautos lectores en un tercer mundo semántico cada vez más profundo y cavernícola.
De un modo u otro, cada vez son más las personas inteligentes que consumen libros de este tipo.
Salir de la realidad para interpretar la realidad debe de ser algo impresionante… Porque todos los que vuelven han dejado la razón en el más allá… Y hablan, de hecho, como este anuncio publicitario: “centelleo pro-barroco”, “destello del espíritu trágico”,  “principios de una ética de la lucidez”… Y demás maravillas… 
Genial.
Jesús G. Maestro 



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