Racionalismo y Catolicismo

Respuestas a cuestiones y preguntas

  • Si el catolicismo es la institución más racional, ¿cómo se explica las oposiciones que esta Iglesia ejerce al avance de la ciencia? (O.A.F.A., 22.06.2015).


La presente pregunta está relacionada con la conferencia pronunciada por Jesús G. Maestro el 1 de diciembre de 2014 en la Universidad de Roma, La Sapienza, sobre El lugar del Quijote en la genealogía de la literatura. Idea de Religión en Cervantes, y que puede verse íntegramente en el siguiente vídeo.



El lugar del Quijote en la genealogía de la literatura. 
Idea de Religión en Cervantes



Respuesta

En mi intervención he afirmado que “el catolicismo es la religión más racional”, no la “institución” más racional. En este contexto, me refiero al catolicismo como religión, en relación dialéctica contra otras religiones, y, también, contra el ateísmo, el teísmo o el agnosticismo.
Puntualizada esta cuestión, ¿cómo explicar las oposiciones que el catolicismo, como religión, como institución eclesiástica también, ha ejercido al avance de la ciencia?
Sería necesario, en primer lugar, especificar cuáles han sido esas oposiciones, y en qué contexto de descubrimiento científico y en qué contexto de justificación científica se han producido. Piénsese que en la Iglesia Católica ha habido muchas personas que han sido también científicos, filósofos y pensadores muy dedicados a la interpretación racional del mundo terrenal y humano. La Iglesia Católica nunca ha dado la espalda a la razón, porque sabe muy bien, por vieja, más que por endiablada, que al margen del racionalismo humano no podrá sobrevivir como religión. Ni como institución política que ha sido y es.
En segundo lugar, la historia de las oposiciones a los avances científicos no está protagonizada solamente por la dialéctica entre Ciencia y Catolicismo, sino también por la oposición entre unas ciencias contra otras (Bueno, 1992, 1995), en su disputa por interpretar e incluso dominar los diferentes campos categoriales, y entre Ciencia y otras religiones (Judaísmo, Protestantismo, Islam, Budismo, etc…) No solo el catolicismo se ha enfrentado a los avances de las ciencias. También lo ha hecho el Protestantismo, desde posiciones mucho más subjetivas, psicológicas, y, si cabe, irracionales, que el Catolicismo.
En tercer lugar, cuando, en relación con la literatura, hablo del racionalismo de la religión católica —desde los presupuestos del Materialismo Filosófico (y siendo yo mismo ateo)—, lo hago porque en efecto el racionalismo del catolicismo es mucho mayor que el racionalismo existente en cualesquiera otras religiones, las cuales no se han opuesto al avance de las ciencias simplemente porque no han tenido el poder que, en su momento, ha tenido y tiene el catolicismo (pero no porque les haya faltado la intención de hacerlo). O incluso no se han opuesto a las ciencias por ignorancia misma de los avances científicos. No todas las religiones están formadas por personas intelectualmente educadas. Ha habido y hay religiones completamente bárbaras, incultas o nescientes.
En cuarto lugar, enfrentarse racionalmente al avance de las ciencias implica razonar sobre las posibilidades de hacerlo, es decir, implica analizar, estudiar, examinar, con la debida atención, la postura que, dialécticamente, se pretende negar, invalidar o contrarrestar. La Iglesia Católica es una religión fuertemente racional. Otra cosa es que su forma de razonar no sea compartida por todo el mundo, y que no cuente con el consensus omnium, pero eso no invalida el racionalismo católico como uno de los más potentes que haya albergado jamás ninguna religión.
El racionalismo de las religiones, en concreto el racionalismo del catolicismo, es una racionalismo idealista, frente al racionalismo del Materialismo Filosófico, que es un racionalismo materialista.

La diferencia entre uno y otro consiste en que el racionalismo idealista se basa en relacionar de forma ideal (un espíritu santo fecunda a una mujer) términos también ideales (postula la existencia de formas incorpóreas, espíritus, ángeles, demonios, entes no operatorios).
Por su parte, el racionalismo materialista solo acepta relaciones reales, es decir, operatorias, que pueden tener lugar en la realidad del mundo interpretado, entre términos reales, esto es, términos que existen realmente, y no de forma ideal (no hay dragones, ni serpientes de 8 cabezas, ni fantasmas, ni dioses de ningún tipo, etc…).
La Iglesia Católica ha sobrevivido, por el momento, durante dos mil años gracias a su racionalismo. El catolicismo nunca ha dado la espalda a la razón. Pero ha de tenerse en cuenta también que el catolicismo es más racionalista que crítico: porque razona, sí, pero su crítica se detiene ante los dogmas, ideales, de su sistema de creencias. Y en este punto presenta la fe como superior e irreductible a la razón, de modo tal que la razón queda reducida, jibarizada, a una facultad humana muy limitada ante la “grandeza de Dios”. El catolicismo nunca renunciará a dos cartas fundamentales de su baraja: la inmortalidad del alma (una idea que es una pura ficción) y la existencia de Dios (una idea, la de Dios, en sí misma absurda e ilógica: es un completo paralogismo).
No por casualidad el Idealismo alemán es el Arca de Noé desde la que se trató de preservar para la Edad Contemporánea el ilusionismo metafísico y religioso del mundo antiguo. Destruida en el siglo XVIII por la física newtoniana la idea tradicional de Religión, los ilusionistas, que se dignifican a sí mismos llamándose Idealistas, se convierten en unos tránsfugas, que pasan de explotar las creencias religiosas a explotar las creencias culturales. Dejan de hablar en nombre de Dios para hacerlo en nombre de la Cultura: de la Lengua, de la Nación, de la Raza, del Pueblo, del Grupo, de la Identidad, de la Mujer, etc. No en vano José Sánchez Tortosa (2010) ha explicado muy claramente cómo a día de hoy la idea de Lengua ha reemplazado a la idea de Raza en la discriminación posmoderna entre geografías humanas y territorios políticos. Los nacionalismos posmodernos, a diferencia de los posrománticos, no se basan en las diferencias raciales, sino en las diferencias lingüísticas. La ficción y el artificio, es decir, el mito y la invención, se han desplazado de la etnia al lenguaje.
Las obsesiones culturales de la Edad Contemporánea han sustituido a las patologías y creencias religiosas de las edades Antigua, Media y Moderna. Averroes sostenía, con acierto, que la religión es una doctrina destinada al gobierno de las masas incapaces de darse una ley a sí mismas por medio de la razón. Aunque el nacimiento de la Literatura supuso la más temprana derogación de lo sagrado, las religiones jamás se han dado por vencidas. La Literatura progresa genealógica e históricamente en alianza con la Razón. Pero la Religión, sin embargo, mira a la Razón con muchos inconvenientes, como enemiga y adversaria, porque la razón socava y critica los dogmas religiosos, dogmas a los que los fundamentalismos religiosos no pueden renunciar. La Literatura y la Religión se divorcian muy tempranamente. Y se divorcian por culpa de la Razón. Si la Razón no hubiera irrumpido en el orden operatorio de los seres humanos, Literatura y Religión no se habrían divorciado nunca. Relación muy diferente es la que se establece entre Literatura y Razón: como el amor y el dinero, la Literatura y la Razón siempre viajan juntas tras un primer encuentro. Se seducen mutuamente. Jamás ha habido un divorcio entre Poesía y Filosofía. Jamás. No hay que confundir los deseos imperativos de Platón con la realidad de los materiales literarios y su alianza con el racionalismo humano.
El triunfo de la Literatura es el triunfo de la Razón antropológica sobre la Razón teológica. Con todo, ha de advertirse que sin el catolicismo —esencia filosófica de un cristianismo reconstruido conforme a Platón y a Aristóteles—, Europa habría perdido la razón con las invasiones bárbaras, esto es, con los recursos humanos del futuro luteranismo. La Escolástica no fue simplemente una filosofía medieval, no, la Escolástica fue una filosofía construida contra el enemigo medieval. Una filosofía que preservó el racionalismo europeo hasta mucho más allá del Renacimiento y el Barroco. Y que, en cierto modo, todavía sigue preservándolo.
Y no olvidemos que la Literatura, a diferencia de la Religión, ha estado siempre en la vanguardia de todas las revoluciones racionales: Homero implica un Platón, los trágicos griegos postulan un Aristóteles; Cervantes preludia a Spinoza; Shakespeare, a Berkeley; en Molière está la esencia de Voltaire; en la poesía de Vicente Aleixandre y en la narrativa de Camilo José Cela están implicadas muchas concepciones propias del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno…


Bibliografía

  • Véase la sección correspondiente AQUÍ.



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