Las verdades de la Teoría de la Literatura



Ha de quedar claro que la verdad, o es científica, esto es, categorial, o no es. Fuera de las ciencias o categorías, no hay verdad (episteme), sino opinión (doxa). Pero es que la verdad científica es una propiedad de la materia —de la materia interpretada o formalizada, es decir, intervenida, construida, operada y categorizada por las ciencias—. La verdad no es, pues, una propiedad del intérprete —del sujeto—, como sostienen la epistemología y el idealismo. La verdad es una propiedad gnoseológica de los hechos, es decir, de la realidad material del mundo (M) interpretado operatoriamente por las ciencias (Mi). Al margen de lo que las ciencias son capaces de construir, no cabe hablar de verdad. Por eso no cabe concebir ni la ciencia, ni la verdad, como una adecuación, o correspondencia, entre lenguaje y pensamiento, ni como un descriptivismo o teoreticismo que de la realidad hace el lenguaje. Porque la realidad no se conoce por el hecho de pensarla —como creen los filósofos idealistas—, y aún menos por el hecho de decirla —como creen aún más ingenuamente los filólogos en funciones de hermeneutas—: la realidad se conoce en la medida en que se construye, es decir, en la medida en que se opera con ella y en ella. Lo operatorio siempre es previo a lo inteligible. El médico no cura las enfermedades pensándolas o diciéndolas, sino interviniendo operatoriamente, es decir, formal y materialmente, en el cuerpo del paciente. Es el paso decisivo que en la Historia de la Medicina lleva a cabo Andrea Vesalio en De Humani Corporis Fabrica (1543). Se me dirá que los críticos e intérpretes de la literatura no somos médicos. Evidentemente. Pero no por ello hemos de ser bobos. ¿Cómo vamos a hacer nuestro trabajo si ignoramos la realidad de los materiales literarios?

Jesús G. Maestro, El hundimiento de la Teoría de la Literatura, 2015.


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