Literatura e irracionalismo

Respuestas a cuestiones y preguntas

  • «No hay nada irracional en el arte, absolutamente nada. En el arte: el irracionalismo es siempre una construcción racional» (Jesús G. Maestro). Es su conclusión y su tesis. Claro, es buena, pero indemostrable para algunos casos. Ya que usted se basa en que los "artistas" hacen su obra utilizando "el racionalismo de diseño" el cual consiste, según menciona, en que el "artista" puede diseñar conscientemente arte irracional, basándose en que es una nueva forma de aplicar lo racional: haciendo creaciones irracionales.
Observación 1. 
Como sabe usted que el artista manifiesta en su "arte" ¿una autentica intención de aplicar la racionalidad en función del arte: haciendo obras irracionales? Su tesis me parece correcta pero con algunas excepciones. 
una alternativa es que "el artista" puede manifestar una autentica burla al arte: Utilizar el arte para hacer obras que son una burla al arte mismo. Ya no seria una expresión artística irracional, vía la racionalidad o haciendo uso de la razón; si no más bien, pura y simple burla, sin intención de aportar nada nuevo al arte. 
Otra forma de saltarse "el racionalismo de diseño" es que el "artista" quiera hacer fraude en el arte. 
"el racionalismo de diseño" aplica, según lo entiendo por usted: Cuando el artista genuino, quiere moldear la irracionalidad aplicando la racionalidad para crear nuevas obras y hacer con ellas una propuesta artística. Ya se vera después, si esta, tiene los valores genuinos de lo que es autentico arte o queda en una propuesta artística, sin más. 
Anexo una observación aparte: "Es arte, el arte irracional obtenido por medio de la racionalidad", o es "arte fácil de hágalo usted mismo". Seudo arte, sostenido por el mismo principio que sostiene y le da valor al dinero de papel en cualquier país: tiene valor, mientras tenga respaldo. Esta observación es tema aparte. Lo anexe porque viene al caso. 
Como vera, no es posible, aceptar la aseveración que usted hace, sin preguntarse al mismo tiempo ¿el como demuestro o demostrara usted que el artista realmente utilizo el procedimiento "el racionalismo de diseño" que usted dice y yo interpreto, creo, correctamente. Me parece que muchas veces, "el artista" no propone, y si quiere: hacer fraude o burla a los que aprecian el arte. 
Observación. 2. 
es sobre el subconsciente. Para usted el subconsciente no existe ya que es pura invención intelectual. así lo entendí de usted. Es una Aseveración muy tajante. Para mi, el subconsciente existe y es real, tan real como el consciente. Al menos para mi, no me es posible conscientemente, hacer la cantidad de trabajo que hace el cerebro y que yo, apenas percibo o intuyo: yo veo, pero no hago el trabajo de ver o pienso pero toda la construcción de la respuesta, la mayoría, ya no depende de mi conscientemente. 
Definiendo el subconsciente como la capacidad que tiene nuestro cerebro de hacer la mayor parte del trabajo que necesita el cuerpo para vivir o pensar, y que el consiente no tiene idea de que se realiza o se esta realizando.  
Como ya le comente, somos puntos de vista con los cuales construimos los diálogos. Que tenga buen día (F.T.G., 21.07.2015).



La presente pregunta está relacionada con la clase impartida por Jesús G. Maestro el 27 de enero de 2015 en la Universidad de Vigo, sobre los Primeros postulados de la Teoría de la Literatura, y que puede verse íntegramente en el siguiente vídeo.




Primeros postulados 
de la Teoría de la Literatura



Respuesta

Sí, en efecto, la tesis que se sostiene en esta y otras intervenciones es que «no hay nada irracional en el arte, absolutamente nada. En el arte: el irracionalismo es siempre una construcción racional».
He explicado en detalle esta tesis en mi libro sobre los orígenes de las literaturas, titulado Genealogía de la Literatura.
Esta idea se basa en una premisa fundamental, según la cual el ser humano no trabaja con ideas irracionales, porque las construcciones humanas, todas las construcciones humanas, responden a intenciones, propósitos, teleologías, finalidades que siguen determinados criterios. Esta intencionalidad obedece a un racionalismo, más o menos desarrollado, pero siempre orientado a cumplir, obtener o alcanzar un determinado objetivo. Ese proceso es un proceso intencional, y también pragmático, constructivo, operatorio: su objetivo es imponer unos hechos, sean hechos artísticos (una obra literaria, musical, escultórica, arquitectónica...), sean hechos verbales (una conversación, un diagnóstico, un coloquio, una orden...), sean hechos científicos (un acelerador de partículas, una nave espacial, un escáner, un telescopio...)
A veces, los artistas, los poetas, por ejemplo, pueden componer obras supuestamente irracionales. Es el caso del surrealismo, en poesía, en pintura, en teatro, en cine... Vicente Aleixandre, Salvador Dalí, García Lorca, Luis Buñuel... Sin embargo, todas estas obras, supuestamente irracionales, responden a un racionalismo de diseño, es decir, a un racionalismo dado a una escala diferente del racionalismo convencional, vulgar, ordinario. De ahí que el arte, en su originalidad poética, pictórica, teatral o cinematográfica, supere en sus formas la materialización ordinaria o vulgar del racionalismo común y corriente, e instaure una forma superior o diferente de razonar. El arte es siempre una forma alternativa de racionalismo.
Porque, de hecho, nada de cuanto han hecho Dalí, Lorca, Buñuel o Aleixandre es irracional, desde el momento en que usan lenguaje, colores y formas, secuencias y hechos, a los que confieren un orden y un fin, y a los que exigen una interpretación siempre racional, aunque sus razones sean más autológicas (basadas en el yo del artista) y dialógicas (basadas en un gremio o generación de artistas) que normativas (basadas en una tradición identificada o codificada en unas normas de aprendizaje). Se trata, en suma, de un racionalismo más exigente que el racionalismo chato y rupestre, propio de un espectador artístico que no ha sido suficientemente educado, según la idea de arte elaborada por la estética de Ortega y Gasset, en su idea de arte para minorías selectas.
1. La primera observación plantea la siguiente pregunta: «¿Como sabe usted que el artista manifiesta en su "arte" una autentica intención de aplicar la racionalidad en función del arte, haciendo obras irracionales?». Porque si el artista no quisiera hacer obras de arte, no utilizaría procedimientos racionales de expresión, como el lenguaje, por ejemplo. Si el artista quisiera hacer algo irracional no sería artista, es decir, no sabría lo que es el arte, ni sabría leer, ni escribir, ni usar los instrumentos racionales que usa el ser humano: el alfabeto, las manos, los ojos, etc..., es decir, el cerebro, en suma. Si el ser humano no quisiera usar la razón, se limitaría a seguir un comportamiento exclusivamente animal: comer, beber, defecar, reproducirse, dormir... Y nada más. Pero el ser humano, además de hacer estas cosas, y no como un simple animal, hace muchas otras.
Otra cosa es el «arte de diseño», es decir, el kitsch, el modelo ortodoxo de arte, que remite a la fabricación de obras de arte en serie: novelas rosas, novelas de caballerías, novelas feministas, etc..., de modo que cualquiera puede seguir una receta sobre cómo escribir ese tipo de cosas y, sencillamente, escribirlas. Es el producto artístico que se mueve siempre, recursivamente, en el mismo horizonte de expectativas, sin producir nada nuevo ni original. Es un arte reiterativo y automatizado. Un pseudoarte.
2. La segunda observación se refiere al subconsciente. Sí, en todos mis trabajos he insistido siempre en la misma idea: el inconsciente, tal como lo expone Freud en sus obras, es un mito incorpóreo, depositario de la metafísica anterior al idealismo alemán, y aún contemporánea del idealismo alemán, que el psicoanálisis recupera y salvaguarda ya no desde la trascendencia de un dios, sino desde la inmanencia de un yo (que se postula como centro del mundo). El inconsciente no será desde Freud el Dios todopoderoso que todo lo ve y todo lo controla, sino el resultado de la secularización de esta idea de Dios, reinterpretada desde la idea de voluntad de un Schopenhauer, y retroalimentada desde la idea nietzscheana de poder que brota de la naturaleza (más concretamente de las fuerzas irracionales de la naturaleza, según Nietzsche, que controlan la naturaleza humana), a las que el ser humano está forzosamente sujeto. Para Freud, en el inconsciente está la verdad, que la vigilia reprime, y el inconsciente mismo es la fuerza que se impone, quiéralo o no el ser humano, a su propia voluntad consciente, que es incapaz de controlar y dominar la verdadera fuerza inconsciente que habita en su interior. Es la idea misma de fuerza natural indómita que mueve a los personajes de las tragedias lorquianas en Yerman, Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba: la fuerza erótica del amor está por encima de cualquier otra fuerza o criterio racional. Y la razón no puede hacer nada por detener la fuerza del deseo erótico. En el arte, esa idea es muy «atractiva». En la realidad de todos los días, el deseo erótico busca la ayuda de la razón para satisfacerse de formas muy sofisticadas, en todos los terrenos de la actividad humana, a fin de sobrevivir, y que el deseo, cualquier deseo, no nos arruine la vida.
Semejante relato, me refiero al del insconsciente freudiano, es pura mitología. Este inconsciente es una suerte de dios secularizado que, en lugar de habitar en los cielos, habita en la inmanencia de la mente o conciencia humana. Es el resultado de una tradición luterana, la misma que está en el fondo de todo lo que ha alimentado desde siempre al idealismo alemán: suponer que en el interior de la conciencia humana está la verdad, de que cada cual puede interpretar lo que lee como le da la gana, desde la libertad de conciencia, y todas esas patrañas, etc... Todo eso es un timo. Freud habla del inconsciente como si el inconsciente fuera un órgano más del cuerpo humano, como lo es el hígado, los pulmones, los genitales, el corazón, etc... Pero lo cierto es que el inconsciente no existe en ninguna parte, ni como órgano, ni como nada. El inconsciente es un fantasma con el que los psicologistas pretenden, o bien intimidar a la gente, o bien hacer negocio convirtiéndose en intérpretes de él ante los demás, es decir, erigiéndose en sacerdotes de este dios, de nuevo diseño y creación, y, como todos los dioses, inexistente y ridículo.

Nota
No hay que confundir el concepto freudiano de inconsciente, que es un mito, con la cantidad de cosas que nuestro cuerpo hace (no nuestro cerebro: porque cuando escribimos un poema o metabolizamos proteínas no es nuestro cerebro quien lo hace, sino nuestra mano al escribir o nuestro hígado al participar en el proceso de la digestión). El ciempiés seguramente tampoco es consciente de todos y cada uno de los movimientos que hace con sus patas al andar. Se me dirá que no somos ciempiés, pero tal afirmación, por sí sola, no nos hace más inteligentes que los quilópodos.



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