Las causas siempre son materiales


Téngase en cuenta que según el Materialismo Filosófico de Bueno, si algo existe es porque algo material lo ha causado. Las causas siempre son materiales. Como lo son también las consecuencias. Todas las Ideas, incluso las Ideas relativas a entidades inexistentes, metafísicas o incorpóreas, tienen su causa o desencadenante en un hecho material efectivamente existente y operatorio. Todos los hechos, incluso los psicológicos e imaginarios, remiten siempre a una causa física, corpórea y operatoria. La metafísica no es, ni puede ser, el motor de la realidad. La metafísica nunca es operatoria. Todos los fantasmas —incluido el Inconsciente— son obra del racionalismo humano. Las Ideas, incluso las más ficticias o aparentemente irracionales, están ancladas en un fundamento causal y operatorio genuino. El ejemplo más evidente lo tenemos en El animal divino (1985) de Bueno, donde el origen de la religión se sitúa fuera de la metafísica de un Dios teológico (religiones terciarias), porque su causa no es la imaginación humana, sino la existencia real y efectiva de dioses numinosos y animales (religiones primarias), codificados ya en el paleolítico inferior. Solo la transformación de estas divinidades vivientes y zoomorfas en divinidades mitológicas y andromorfas (religiones secundarias) explica la irrupción, con el triunfo del racionalismo filosófico de Platón y Aristóteles, de una religión teológica como el cristianismo, con una Idea de Dios terriblemente próxima al ateísmo, en tanto que constituye una vacuidad absoluta (totalidad, omnisciencia, universalidad, eternidad, omnipotencia, ubicuidad, pureza, invisibilidad, monismo, indivisibilidad…). Todas estas cualidades son los atributos de una nada absoluta. Quede claro que las Ideas son referentes trascendentales (a las categorías científicas) en cuyo origen, genealogía o historia hay siempre un fundamento material, del mismo modo que los conceptos son referentes categoriales (o científicos) constituyentes del cuerpo ontológico de las ciencias[1].
Jesús G. Maestro






[1] En su libro Presencias reales (1989), Steiner aborda precisamente este problema, pero desde una perspectiva que no es ni propia de la filosofía ni representativa de ninguna teoría de la ciencia. Steiner se refiere a estas cuestiones —la legitimidad ontológica y gnoseológica de las Ideas— desde un punto de vista intolerablemente retórico. Steiner se mueve en el terreno del ensayo tropológico.


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