Teatro Romano de Mérida


05/01/2013 14:09h Eos 7D f 16 1/100 Iso 200 18-135 18 mm.
Teatro Romano de Mérida. España.

Los colores de la vieja Europa son también los que aporta, 
entre toda la vulgaridad que nos asfixia, su historia, 
y la obra de los grandes genios que, afortunadamente, 
también han habitado este continente.






Antes de objetivarse en obras literarias concretas,
y antes también de manifestarse en los escenarios griegos de la quinta centuria a.n.E.,
el teatro ha estado en la calle, en las relaciones humanas íntimas y privadas y,
sobre todo, el teatro ha estado en la vida cotidiana y laboral de cada uno.
Hoy, seguramente más que nunca, el teatro está en todas partes. 
En todas excepto en la literatura que pretende ser teatral 
y en los edificios urbanística o popularmente destinados a su representación.
Hoy el teatro está en todos sus géneros históricos dado en la política, como farsa; 
en la Universidad, como pantomima y commedia dell'arte
en la televisión, como entremés, mojiganga y jácara; 
en las monarquías, como loa; en la justicia, como esperpento valleinclanesco;
entre los intelectuales y periodistas, como comedia burlesca y de capa y espada;
en las diferentes iglesias y credos, 
como representación hagiográfica e incluso misterio farsesco;
en los movimientos sociales, migratorios y violentos, como tragedia...
Hoy el teatro está en todas partes, menos en la literatura, resto arqueológico de él.
En el teatro, el personaje nace donde empieza la máscara, y muere donde termina el actor.
Pero hoy los actores, es decir, los hipócritas genuinos, 
se han convertido en cínicos profesionales.
La vida en farsa ha reemplazado al teatro. 
Y a diferencia del teatro, la vida no ofrece la posibilidad de ser ensayada. 
De espaldas al arte es, como la mentira, irreversible.


© Fotografía: Gaspar Gala Ortiz
© Texto: Jesús G. Maestro


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