«Yo soy casi luzbelina» (6)

Breve y fabulosa historia de una loca gemebunda,

silvestre y babosilla, 
pero paternalmente incestuosa...

Superé lo grotesco de mi apariencia enloqueciendo, de modo que el huir de la cordura me permitió no verme, no reconocerme como lo que fui y todavía soy, un monstruo aborrecido por todos. No tengo amigos. Lo cierto es que no los he tenido nunca. He sobrevivido mintiendo, embaucando y traicionando a todas y cada una de las personas que he conocido a lo largo de mi vida, y he subsistido por supuesto engañándome a mí misma. Hoy ya no puedo continuar con esta farsa, que tanto éxito me proporcionaba en otros tiempos. Sin embargo, en la locura sí pude hallar una forma de racionalismo muy sofisticado, incluso respetado o tolerado por la estúpida sociedad que me alimentó de ingenuos e inocentes seres humanos a los que, ciertamente sin suerte ni éxito, traté de burlar y destruir. Porque donde hay voluntad, hay peligro. Yo pude y supe hacer de mí misma una loca extraordinariamente pulcra y correcta en el uso de la esquizofrenia, la paranoia y la demencia, así como de muchas otras patologías neuróticas cuyos nombres me resulta imposible recordar ahora. De hecho, pronto me percaté de que la locura no es una pérdida de razón, sino un bien muy diferente y alternativo: la locura es un uso patológico de la razón. Me fue muy fácil comprobar cómo el loco más peligroso es siempre aquel que sabe fingir la cordura mucho mejor de lo que cualquier artista profesional y cuerdo puede interpretar o representar una locura.



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