Sobre la actualidad del mito de la cultura



Del mito de la cultura (Gustavo Bueno, 1997) brota, además, el mito de la identidad cultural. Este mito es un nuevo y seductor motivo retórico e ideológico que no resistiría la más leve comprobación científica o conceptual. En tales circunstancias de crisis gnoseológica e interpretativa, o se derrumba la Ciencia o se derrumban las Ideologías, es decir, en esta nueva pugna entre doxa y episteme, o bien las teorías científicas se desacreditan, incluso académicamente —¡por quienes deberían defenderlas, esto es, por los profesores de Universidad!—, hasta su hundimiento (lo que constituye el imperativo de la posmodernidad), o bien los mitos ideológicos, con los que determinados grupos humanos (financieros, nacionalistas, religiosos, feministas, indigenistas…) tratan de enfrentarse a la realidad de las ciencias, resultan triturados y desautorizados por estas últimas. Las aberraciones ideológicas de la posmodernidad han enfrentado —en el terreno de las Humanidades sobre todo— la Ciencia a la Cultura, y han tratado de eclipsar, desde las ideologías y tropologías sociales, el racionalismo de las teorías científicas. Las ideologías siempre tratan de hacerse compatibles con las investigaciones científicas más actuales, mediante formas sofistas y astutas —hermenéuticas—, de modo que sus exigencias ideológicas, gremiales, resulten preservadas y respetadas políticamente. El procedimiento esencial es siempre el mismo: buscar en las Ciencias formas de complicidad pseudocientífica, que doten a las ideologías de avales populistas, sociológicos, psicológicos o políticos. No por casualidad la filología ha sido y es cómplice y responsable —no solo desde el oscurantista Heidegger[1]— de múltiples aberraciones lingüísticas y pseudocientíficas. La Idea misma de Identidad es un monstruo metafísico preservado por la filología posmoderna.

Jesús G. Maestro, El hundimiento de la Teoría de la Literatura, 2015, pp. 43-44.





[1] Para que no haya dudas, ni medias tintas, subrayo que uso aquí el término oscurantista, aplicado a Heidegger —y sus escritos todos— según la segunda acepción del DRAE en su 23.ª ed. (octubre de 2014), es decir, como defensor de “ideas o actitudes irracionales o retrógradas”.



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