La Literatura Comparada contra la posmodernidad

Si todas las literaturas son iguales, 
entonces no hay nada que comparar



La symploké es formal y materialmente inherente a la esencia misma de la Literatura Comparada. Bajo ningún concepto se puede romper la symploké cuando se realizan estudios de Literatura Comparada. Esta idea de relación o comparación, que hago legible e interpretable desde el principio de symploké, está presente en todos los autores y estudios consagrados al comparatismo. En todos excepto en los posmodernos, como tendré sobrada ocasión de demostrar. Solo adelantaré en este punto una afirmación fundamental: el discurso posmoderno se ha inhabilitado a sí mismo para el ejercicio de la Literatura Comparada. ¿Por qué? Porque ha sustituido el criterio de la comparación por el mito de la isovalencia. Ha anulado de este modo el criterio de la comparación literaria por la falacia de la isovalencia de las culturas, ha reemplazado ideológicamente la comparación como figura gnoseológica y dialéctica por una idea de identidad como retórica acrítica y dogmática, ha desposeído, en definitiva, a la comparación y a sus términos de todo valor crítico, racional y lógico. El resultado no es más que la isonomía de las ideas, la igualdad acrítica de los valores, la supresión ficticia de las normas, la disolución de los instrumentos de relación y de medición, y en suma la anulación de la razón humana. El resultado no es más que un encefalograma plano. Porque si todas las literaturas, como todas las culturas, son iguales, entonces no hay nada que comparar. La igualdad anula toda posibilidad de comparación. La Literatura Comparada, posmodernamente hablando, es inconcebible.



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