El concepto de ficción literaria en la obra de Jauss

El pensamiento literario de Hans-Robert Jauss


Jauss nunca llega a formular explícitamente una teoría de la ficción literaria. Fueron Karlheinz Stierle (1975, 1975a) y Wolfgang Iser (1972a, 1975, 1979, 1990, 1993) quienes lo hicieron —presa como Jauss de la subjetivación de la estética por la crítica kantiana— conforme a los planteamientos establecidos por su maestro en la teoría de la rezeptionsästhetik. Como a continuación he de exponer críticamente, su planteamiento del concepto de ficción literaria será fenomenológico, posibilista y psicologista, es decir, considerará la ficción dada en las obras literarias como un hecho fenoménico, no esencial; como un discurso idealmente constitutivo de un “mundo posible”[1], no como una dimensión más del mundo real y efectivamente existente, y en él integrada; y como una experiencia psicológica, resultante de la operación de lectura, que no como una experiencia lógica, objetivada en la realidad de la literatura.
Al referirse a la teoría de la ficción de la estética de la recepción, Jauss remite siempre convictamente a los trabajos de Iser y Stierle[2], asegurando a cada paso un punto de partida y de llegada netamente fenomenológico, posibilista y psicologista.

La experiencia estética no sólo organiza la compleja transformación de los sentimientos en la imaginación, sino que, además, mantiene consciente, per negationem, la realidad cotidiana como fondo, ante el que la ficción puede desarrollar la «esfera más alta de la poesía» (Jauss, 1977/1986: 196).

Para Jauss, la ficción del arte pertenecerá siempre a la esfera de lo imaginario, constituido como un mundo posible y poético ajeno al mundo real y prosaico, distinto de él, e incluso en cierto modo también negador de él. Esta actitud fenomenológica es siempre resultado de una posición epistemológica de génesis aristotélica (Hombre / Naturaleza) y de confirmación y formato kantianos (Sujeto / Objeto), en virtud de los cuales las relaciones entre el Mundo (real), por un lado, y el Arte (ficticio), por otra, se resuelven en la mente o conciencia del receptor mediante una relación de adecuación o correspondencia[3].







Notas

[1] Volli (1978) tiene toda razón en su crítica a Dolezel, al negar que sea posible el uso del concepto de “mundo posible” fuera del ámbito de la lógica. Dolezel insiste en una falsedad palmaria: afirma que su teoría se basa en una lógica-ontológica de la obra literaria, cuando en realidad simplemente conduce a una metafísica de la literatura. No elabora una teoría del hecho literario, sino una Teología de la Literatura. Sus teorías son más ficticias que la propia ficción que él mismo dice estudiar en la realidad literaria. El concepto de “mundo posible” aplicado a la literatura desemboca en una tropología metafísica. Cuando Pavel (1975, 1986), Dolezel y Eco (1979) se declaran partidarios de una semántica específicamente literaria, lo que hacen es desvincular sus interpretaciones de la literatura de la realidad en la que la literatura está inserta, es decir, separan la literatura de la ontología, con lo cual convierten la obra literaria en una suerte de “alma sin cuerpo” o mónada megárica, autodeterminada y trascendente, de la que, por supuesto, sólo ellos pueden ser intérpretes o analistas, cuales mediums de la interpretación literaria y reveladores de su “verdad”.

[2] “Con la fórmula estructural «el mundo aparece como horizonte de la ficción, y la ficción, como horizonte del mundo» acepto los resultados de la teoría del acto lingüístico de Karlheinz Stierle (1975a)” (Jauss, 1977/1986: 196).

[3] Sobre la falacia adecuacionista, vid. Bueno (1992) y Maestro (2007a).



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