El Quijote de Avellaneda como interpretación contrarreformista del Quijote de Cervantes

El fenómeno de la transducción literaria

Que son el demonio y Dios como la araña y abeja, que de una misma flor saca la una ponzoña que mata y la otra miel suave y dulce que regala y da vida.
Quijote de Avellaneda (xxi).


Don Quijote con Álvaro Tarfe (Cervantes Project)
El Quijote de Avellaneda constituye la primera interpretación “creativa” —en este caso literaria— del Quijote de Cervantes. Una interpretación determinada por la razón teológica de la Contrarreforma religiosa.
En este contexto, no sorprende al lector que la sobrina apócrifa de don Quijote,

por consejo del cura Pedro Pérez y de maese Nicolás, barbero, le dio un Flos sanctorum de Villegas y los Evangelios y Epístolas de todo el año en vulgar, y la Guía de pecadores de fray Luis de Granada; con la cual lición, olvidándose de las quimeras de los caballeros andantes, fue reducido dentro de seis meses a su antiguo juicio y suelto de la prisión en que estaba (Quijote de Avellaneda, i).

He insistido anteriormente cómo de este modo la mitología caballeresca resulta reemplaza por el racionalismo teológico contrarreformista. Del mismo modo, las religiones secundarias o mitológicas habían sido por completo destruidas por la fe impuesta desde una razón que, si bien idealista, se articula en las religiones terciarias a través de una Teología, es decir, a través de una filosofía —platónica y aristotélica— debidamente confesionalizada. La Iglesia se apropió de ese modo del pensamiento más avanzado del momento, hasta tal punto que, desde entonces, hizo de la razón su principal instrumento de interpretación. Por esa razón puede afirmarse, con todo rigor, que la Iglesia Católica —mucho más que el Protestantismo, sin duda, cuya incursión en el psicologismo irracionalista es patente— ha sido y es una de las instituciones más racionales que han existido nunca. Y lo sigue siendo hoy día, en una época en la que la razón antropológica es más atacada que nunca, desde el siglo XVIII, y no precisamente por la Iglesia Católica, que sabe que no puede sobrevivir al margen de la razón humana, sino por la sofística posmoderna, anti-europeísta y nostálgica de la barbarie. Hoy día la Iglesia Católica es la institución que más y mejor sabe defender —y de hecho defiende— la razón humana de los irracionales ataques que ésta está recibiendo por parte de quienes, sin más alternativa que la nostalgia de la barbarie, atacan los fundamentos de la civilización occidental.




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