La Literatura como concepto pragmático, histórico y político

Crítica de la Razón Literaria

Lo que yo quiero son realidades. No les enseñéis a estos muchachos y muchachas otra cosa que realidades. En la vida solo son necesarias las realidades.
Charles Dickens, Tiempos difíciles (1854).


Richmond, George, 
Napoleón, lectura de su carta de abdicación
Ha de advertirse que cada uno de los términos codificados en la definición de Literatura que se toma como referencia —autor, obra, lector e intérprete o transductor— es resultado de un proceso histórico de racionalización cada vez más complejo y sofisticado, en el que se demuestra con la mayor evidencia el itinerario de expansión de los materiales literarios a lo largo del eje radial (oralidad, litografías, papiros, códices, pergaminos, manuscritos, imprenta, libro, soportes informáticos…)[1].
Estos cuatro términos literarios, que constituyen la Ontología de la Literatura y delimitan el campo categorial o científico de la Teoría de la Literatura, mantienen entre sí relaciones de naturaleza pragmática, cuyo desarrollo estructural ha tenido lugar siempre en el seno de sociedades políticas estatalmente organizadas, y cuyo progresivo desenvolvimiento a lo largo del tiempo ha permitido registrar y examinar sus consecuencias literarias en la historia literaria universal. Una pragmática social, una geografía política y una historia evolutiva han determinado la genealogía literaria en que se desenvuelven las operaciones de autores, obras, lectores e intérpretes o transductores.







[1] Vid. al respecto las siguientes obras de Gustavo Bueno (1972, 1990, 1992, 1995, 1995a) y mis trabajos sobre el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (Maestro, 2006-2009).



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