La regresión reformista de John Milton: Paradise Lost

Paraíso perdido


Delacroix, Milton dicta a sus hijas Paraíso perdido
Paradise Lost (1667) de John Milton constituye uno de los más poderosos testimonios de Literatura programática o imperativa que, en la plenitud más avanzada de la Edad Moderna, no llega a romper jamás la placenta de una Literatura primitiva o dogmática, desde la que ha sido concebido y de la que procede, sin apenas rebasarla estructuralmente. Se ha sugerido con frecuencia que Paradise Lost es una suerte de Divina Commedia del protestantismo seiscentista en su versión insular inglesa. Esta es una declaración brillante, pero muy insuficiente, porque la obra de Dante sobrepuja a la de Milton por todas partes. En este punto, la comparación literaria es odiosa para el protestantismo.
En primer lugar, hay que advertir que Dante, en la frontera histórica de los siglos XIII-XIV, compone su obra reproduciendo un modelo filosófico que es el de la Escolástica de Tomás de Aquino, con tres figuras gnoseológicas de referencia —Mundo interpretado (Mi) fenomenológicamente, Mundo (M) trascendente o metafísico y Ego trascendente (E) identificado con el Dios cristiano—, cuya disposición es la siguiente:

Mi   Ì   M   Ì   E
 - - - - - - - - - - - - - - - >


Desde el punto de vista de Dante, el ser humano habita un mundo fenomenológico sensorialmente interpretable (Mi), esto es, un mundo físico, sensible y terrenal, el cual a su vez estará incluido en un mundo trascendente y metafísico (M) —obra de Dios, como sujeto supremo y trascendente (E)—, cuya inusitada geografía el poeta recorre de la mano de Virgilio. Dante parte del terrenal mundo del Hombre para adentrarse en la Metafísica y regresar. Milton, por su parte, escribe un poema metafísico que concluye precisamente allí donde y cuando comienza el terrenal mundo del Ser Humano. Milton recorre el camino inverso de Dante, y se detiene justo ante el mundo interpretado y sensible, es decir, ante el terrenal mundo del Hombre, aquel que la Divina commedia toma precisamente como premisa y punto de partida —y de regreso— fundamental. Los protagonistas miltonianos son seres irreales y fantásticos, cuya dimensión literaria es exclusivamente numinosa, mitológica y teológica, pero en absoluto operatoriamente humana. Son héroes y antihéroes metafísicos que no pertenecen a nuestro mundo. A pesar de la poderosa humanidad que domina las pasiones del Dios de Paradise Lost, de su hijo Cristo y del siniestramente esbelto Santán, podría decirse, en su sentido más literal, que nada humano hay en esta obra tan magna. Casi cuatrocientos años después de Dante, el modelo filosófico que se objetiva en el poema de Milton es el de la filosofía dogmática medieval, en la línea de Agustín de Hipona, y que durante el Renacimiento asumirá plenamente Lutero para dar forma definitiva a su regresiva Reforma protestante. Casi a las puertas de la Ilustración europea, Milton compone una obra basada en la dogmática medieval, cuyo modelo esquemático, que es el siguiente, dispone que el Ego trascendente (E) es ahora Dios, dentro del cual está incluido el Mundo en su totalidad, tanto en su dimensión metafísica (M), imperceptible e inasequible al ser humano, como en su dimensión física, fenomenológica o sensorial (Mi). Este es el modelo filosófico de la teología dogmática (Bueno, 2004), que siguen Agustín de Hipona y Lutero —el monje agustino—, y que está en la base del protestantismo...




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