El Quijote de Avellaneda como parodia del Quijote de Cervantes

Crítica de los Géneros Literarios en el Quijote


Portada del Quijote de Avellaneda
He indicado inicialmente que, si en el estudio de estas dos novelas se siguen los parámetros de la Literatura Comparada, es posible ofrecer un análisis de los materiales literarios basado en la figura gnoseológica de la relación. Desde este punto de vista, habrá que tener en cuenta el tipo de relación dada entre los términos literarios que se interpretan. Semejante relación intertextual podrá ser analógica, si tiende a la semejanza; paralela, si se atiene a la proximidad; y dialéctica, si se articula mediante la disposición de términos contrarios. 
Avellaneda se servirá de los tres procedimientos, en todos los casos de forma intencional, y siempre con el fin de conseguir el mismo objetivo: la parodia degradante del original cervantino. Hablo de degradante porque no se trata de una parodia burlesca, ni tampoco crítica, sino despectiva, menospreciadora y deformante. 
Avellaneda se propone dañar la obra de Cervantes semánticamente, primero, y pragmáticamente, después. El objetivo es que se interprete como la novela de un necio, cuyo protagonista es un necio también.
La analogía se limita básicamente a los referentes imprescindibles, entre los que figuran sobre todo los nombres de los personajes principales, así como la reproducción de episodios imitativos del Quijote de 1605, entre ellos la recuperación sanchopancina del rucio que se expone en el Avellaneda[1], con intenciones un tanto paródicas respecto a la primera parte de la novela, e impresa por primera vez en la segunda edición de Juan de la Cuesta (I, 30). Lo mismo cabe decir de la situación narrativa en que el Sancho de Avellaneda imita artificiosamente al don Quijote cervantino, al exigirle al soldado, que les acompaña junto con el ermitaño, que vaya a rendir pleitesía a su esposa, Mari Gutiérrez, como consecuencia absurda de una más que supuesta derrota ante el escudero. Avellaneda hace todo lo posible por situar a don Quijote en el contexto de las imitaciones y comparaciones más degradantes.






[1] “¡Ay, asno de mi alma, tú seas tan bien venido como las buenas Pascuas, y dételas Dios a ti y a todas las cosas en que pusieres mano, tan buenas como me las has dado a mí con tu vuelta! Mas dime: ¿cómo te ha ido a ti en el cerco de Zamora con aquel Rodamonte, a quien rodado vea yo por el monte abajo en que Satanás tentó a Nuestro Señor Jesucristo?” (Quijote de Avellaneda, vii). Otro ejemplo que ha de aducirse, también con Sancho como protagonista, es el que corresponde al relato intercalado que el escudero pretende narrar, por fortuna infructuosamente, ante las historias del soldado y el ermitaño, cuyo comienzo en el Avellaneda reproduce literalmente los principia, y también buena parte de la estructura y motivos (reemplazando aquí las cabras por gansos), del cuento del Quijote cervantino expuesto durante el episodio de los batanes: “Érase que sera, en hora buena sea, el mal que se vaya, el bien que se venga, a pesar de Menga. Érase un hongo y una honga que iban a buscar mar abajo reyes...” (Quijote de Avellaneda, xxi).



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...