La novela autobiográfica en el Quijote

Crítica de los géneros literarios en el Quijote



Yo, señor, soy Cervantes...
Los trabajos de Persiles y Sigismunda, Prólogo (1617).


Quijote I, 35 (Cervantes Project)
El Quijote contiene germinalmente las formas de un paradigma que en la Edad Contemporánea va a ser objeto de un amplio y complejo desarrollo: la novela autobiográfica [1]. La historia intercalada del capitán cautivo, Ruy Pérez de Viedma, intensionaliza en el Quijote rasgos determinantes de la novela autobiográfica. Lo que cuenta este personaje remite a hechos vividos por Cervantes. La forma es ficticia, y novelesca, pero la materia es real, y ha sido vivida por el autor de la novela. No estoy diciendo que el Quijote sea una novela autobiográfica, sino que el relato que hace el capitán cautivo es un episodio narrativo del Quijote (I, 39-41) que, integrado o extensionalizado en esta novela, se caracteriza por dar forma objetiva a rasgos determinantes o intensionales propios de la denominada novela autobiográfica. ¿Cuáles son estos rasgos?: los que definen la ficción autobiográfica, y que no habrá que confundir con los que corresponden a la autobiografía histórica o a la biografía ficticia.







[1] He de confesar al lector crítico que he leído, desde hace años, bastantes trabajos escritos, con frecuencia en nombre de la Teoría de la Literatura, sobre la autobiografía. Y he de confesar que cuanto más leo a los teóricos de la literatura que escriben sobre esta cuestión, menos la entiendo. El único trabajo que me ha ayudado a comprender lo que la autobiografía es es el de Philippe Lejeune, titulado Le pacte autobiographique (1975). Trabajos posteriores del mismo autor no me han sido más útiles (Je est un autre: l’autobiographie de la littérature aux médias, 1980; Moi aussi, 1986). En estos últimos libros la interpretación de lo autobiográfico se reduce a psicologismo, a través de una fenomenología del yo que culmina en las últimas versiones de “Le pacte autobiographique (bis)” (1983). Por desgracia, el resto de cuantos se han ocupado de la autobiografía, en sus diferentes facetas, versiones y tipologías, apenas han superado la obra de Lejeune, excepto en la retórica y en la fenomenología desde la que abordan estos temas: el “yo oculto”, la intimidad, lo personal, la voz de la conciencia, las “fronteras del yo”, las “tintas de Narciso”, “búsqueda de una identidad”, el “pacto ambiguo”, el “yo de papel”, la “ilusión biográfica”, “pleamar de la memoria”, el “multiforme prisma de la memoria”, y un larguísimo etc. de tropos y figuras semánticas... Reiterar una y otra vez el discurso del “pacto”, sea autobiográfico, ambiguo, o de cualquier otro tipo, equivale a incurrir constantemente en la falacia adecuacionista, desde la que se hipostasía tanto la conciencia del yo autobiografíado como la conciencia ilusa de su supuesto lector. Ese pacto es la fórmula retórica de una ilusión fenomenológica, que convierte los contenidos de un discurso cualquiera en un epifenómeno de la conciencia de quien lo recibe y cree interpretarlo, como el espejismo del agua en el desierto. Si la teoría literaria actual encuentra tantos problemas para abordar racionalmente la cuestión de la autobiografía debería preguntarse si esta situación no se resolvería, en cierto modo, acudiendo a una teoría de los géneros literarios capaz de interpretar gnoseológicamente, y no psicológica ni tropológicamente, qué es, y cómo puede explicarse, un material autobiográfico. 



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