La novela de aventuras o bizantina en el Quijote

Crítica de los géneros literarios en el Quijote 


Quijote I, 39 (Cervantes Project)
Según Alban K. Forcione (1972), la diferencia entre novela y romance es la diferencia que existe entre el Quijote y el Persiles. Tal sería el valor diferencial entre estos dos géneros o, mejor dicho, entre estas dos formas de un mismo género. En términos de Materialismo Filosófico, diríamos que el romance es una especie del género narrativo y, por lo que atañe a la literatura de Cervantes, bien una parte distintiva o constituyente de determinados episodios del Quijote, como el de Ana Félix o el capitán cautivo, bien una o varias partes integrantes o extensionales de piezas como La gitanilla, La ilustre fregona o La señora Cornelia, bien una o varias partes esenciales o intensionales de obras como La Galatea, El amante liberal, La española inglesa o el Persiles. Como sabemos, los conceptos de novela y romance están léxicamente diferenciados en inglés, donde existen sendas palabras que los designan (novel / romance); en francés, están aceptados y diferenciados por la crítica; sin embargo, en el hispanismo, semejante discriminación no parece estar aún suficientemente extendida[1]. Así lo señalaba Riley en 1981, y así lo confirmaba en 2001: “La crítica cervantina ciertamente no se ha beneficiado de la falta de reconocimiento de esta clase de narración, aludida por Ortega, la cual, aunque compuesta de tipos diversos, es esencialmente distinta de la novela realista. Lo importante es reconocer y anotar la diferencia. No es necesario contar con otra palabra, aunque obviamente es útil. Se hubieran evitado muchos dolores de cabeza ocasionados por los supuestos gustos inexplicables de Cervantes, así como muchos comentarios desacertados (algunos de estudiosos eminentes), si sus romances hubieran sido reconocidos como tales, en lugar de ser tratados como novelas fracasadas” (Riley, 2001: 188). En consecuencia, es necesario tener en cuenta la importancia de la prosa romance de Cervantes en el conjunto de su creación literaria[2].





Notas

[1] “La evolución ascendente de la palabra [romance], que, como derivado del latín medieval romanice («poesía en lengua vernácula»), designó al principio el género de mayor éxito en el período posterior a la Antigüedad: la novela (fr. romanz, ingl. romount), comenzó en una época en la que la gente comenzó a percibir la distancia entre el mundo de la novela medieval y la vida actual, hallando así en aquélla una incitación a la crítica, pero también un nuevo encanto estético en lo novelesco. El adjetivo romantic aparece entre 1650 y 1660 en Inglaterra, todavía en una forma y una ortografía fluctuantes. Significa: como en las viejas novelas, y con ello está en oposición a lo verdadero, a lo no inventado o también a la realidad prosaica. Del significado básico de algo que sólo ocurre en las novelas, pero no en la vida real, surgen dos sentidos paralelos, uno peyorativo y otro prestigioso. Por un lado, el adjetivo romantic se desarrolló hasta convertirse en el símbolo de lo inverosímil, lo ficticio, lo quimérico o también (por lo que respecta a los sentimientos de los personajes de las novelas) de lo exagerado. Pero lo que rechazaban los que desdeñaban la novela y criticaban los productos de la imaginación, no dejaba de resultar fascinante para los lectores de novelas, a quienes precisamente lo inverosímil de las acciones podía parecer extraño y cautivador, y lo exagerado de los sentimientos algo insólito y digno de admiración. Así, por otro lado, el adjetivo romantic pasa de lo novelescamente irreal a lo poético a través de lo insólito en la vida cotidiana, con lo cual el encanto de lo novelesco pudo encontrarse también pronto en acontecimientos comparables de la vida, en lugares antiguos y en sus correspondientes escenarios, y finalmente incluso en la soledad de la naturaleza (Jauss, 1970/2000: 43-44).

[2] Vid. al respecto las monografías de Aurora Egido (2005, 2011).


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