El siniestro pacto de la Cruz y la Pluma

A G., que me censura por criticar a Montaigne...

Licencia universal de dominio público
Los humanistas de la Edad Moderna, cuyos prototipos representan mejor que nadie el filólogo moralista Erasmo y el acrítico ensayista Montaigne, se refieren al Mundo como a un enemigo del “alma”, un escenario de problemas políticos y bélicos derivados de los conflictos entre el Hombre y Dios, un campo de batalla entre Dios (el Bien) y el Diablo (el Mal) por el control de las voluntades humanas [1].
En este sentido, tales humanistas han recomendado siempre prudencia, austeridad, ascetismo, y han adoptado una postura “moralista” desde la que hacer compatible su trabajo con las exigencias e imperativos de las Iglesias católica y protestante.
El pacto tácito entre la Pluma y la Cruz, entre la Iglesia y los Humanistas, entre los hombres de letras y los hombres del clero, alcanza aquí su máxima expresión.
Humanistas como Erasmo y Montaigne habrían pactado obsecuentemente con la Iglesia una suerte de “tratado de no agresión”, en virtud del cual el humanista desarrolla su actividad con libertades que sean siempre compatibles con los imperativos teológicos de la Iglesia, a cambio de lo cual los hombres de Iglesia les ofrecerán su connivencia e incluso sus respetos.
Los humanistas de hoy han trocado la obsecuencia y la sumisión a la Iglesia por las subvenciones del Estado. Son los nuevos humanistas, es decir, los "intelectuales". El Estado ha reemplazado en la Edad Contemporánea a la Iglesia en la administración del poder, de modo que humanistas e intelectuales gestionan la administración de sus libertades y de sus tributos con las subvenciones que solo el Estado les puede ofrecer, mediante premios, reconocimientos, festivales de cultura, ferias de libro, actos en instituciones y fundaciones culturales, o nombramientos pseudopolíticos y burocráticos en la tutela y suministro del opio del pueblo, esto es, en palabras de Gustavo Bueno, la cultura [2].
Humanistas e intelectuales... Iglesia y Estado... Cruces y Plumas...
Jesús G. Maestro



Notas

[1] Gustavo Bueno se ha ocupado por lo menudo de ese dualismo teológico (Hombre / Dios) en su trabajo “Principios de una teoría filosófico política materialista”, de 1995. De él tomo esta referencia. Léase a Bueno.

[2] Me refiero a El mito de la cultura. Ensayo de una filosofía materialista de la cultura, obra cuya tercera edición han llevado a cabo con gran éxito los hermanos David Carpio Herrera y Francisco José Carpio Herrera.



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