La novela de caballerías en el Quijote

Crítica de los géneros literarios en el Quijote


Don Quijote (Cervantes Project)
Los libros de caballerías constituyen por excelencia lo más representativo de una parte determinante o intensional del Quijote, dada en la especie del género literario a la que cabe adscribir esta novela, en la cual se integran extensionalmente, de forma paródica y crítica, numerosos episodios propios de la literatura caballeresca. La temática de los libros de caballería podría sintetizarse en torno a los términos militia et amor, entendiendo por el primero “caballería”, tal como se interpretaba la palabra latina durante la Edad Media por quienes la traducían a una lengua romance, y concibiendo el amor como fin amors, en los términos del amor cortés, tal como lo desarrollan los trovadores provenzales del sur de Francia, primero, y lo reproducen, después, los poetas catalanes, gallego-portugueses y castellanos de los siglos XIII y XIV[1]
Los libros de caballerías constituyen un género literario en el que confluyen al menos dos tradiciones relevantes: antiguas narraciones francesas (romans), versificadas a fines del siglo XII y prosificadas durante el XIII, y narraciones caballerescas escritas por autores hispánicos desde finales del siglo XIII. El género de los libros de caballerías preservó, en pleno Renacimiento, el código de un mundo cuyas formas de conducta, pensamiento y expresión resultaban por completo arcaizantes, pero ideales en sus planteamientos políticos, estamentales, jurídicos, bélicos y amorosos. Se trataba de una sociedad tan perfectamente idealizada en sí misma como históricamente inasequible. Sólo para una mente enajenada, un mundo así interpretado podía resultar convincente y verosímil. Es una forma de vivir en el mito, en lugar de vivir en la realidad política, social y estatal efectivamente dada.
Al margen de la poética de la parodia, que explica y constituye su presencia en el Quijote, la literatura caballeresca es objeto al menos de dos referencias de particular importancia, presentes en el diálogo con el canónigo toledano (I, 47-49), bajo la forma de digresión racionalista y teórico-literaria, y en los episodios relativos al encuentro de don Quijote con el Caballero del Bosque (II, 12-13), donde la expresión teatral codifica tanto las formas de conducta de los personajes como el finis operantis del bachiller Sansón Carrasco.

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[1] “No cabe duda, eso sí, de que en la literatura caballeresca renacentista, nacida a la sombra y al arrimo de la antigua narrativa medieval, se ofrece la expresión nostálgica y la celebración casi exclusiva de un mundo nobiliario arcaico, habitado por figuras masculinas y femeninas de encumbradísima posición social —emperadores, reyes, príncipes, infantas, duques, condes y algún que otro caballero o escudero de menor cuantía—, en cuyas vidas solo hay lugar para las hazañas guerreras y las intrigas sentimentales, y a cuyo lado apenas si se perfilan, de tarde en tarde, las siluetas borrosas de un mercader o un rústico de plebeya extracción” (Roubaud, 1998: cx).



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