La poesía exige racionalismo

Icásticas teselas

Licencia universal de dominio público
Siempre he sostenido que la poesía implica y exige un racionalismo dado a escala diferente de otros racionalismos (como el de la matemática, el de la música, o el de la gastronomía, por ejemplo).
Desde luego, es un racionalismo oculto bajo una apariencia de abstracciones absurdas, formas incorpóreas, relaciones ideales entre términos no menos ideales, etc... Pero tras esas apariencias se explicita una razón literaria que la poesía exige al lector reconocer e interpretar.
La poesía, como el amor, exige una realidad: no basta la imaginación. Al arte no le basta la imaginación. Al amor, tampoco.
El fin del arte en general, y de la poesía en particular, no es entretener a la gente (como se hace en el circo o la TV), ni hacerla mejor (para eso están las iglesias, las sectas, los partidos políticos, las ideologías..., que, como se ve, hacen que la gente sea cada día mejor...), ni lograr que sea feliz (para eso están las frases de autoyuda sin sentido, en las que se codifica el refranero posmoderno de la ignorancia contemporánea)..., quiero decir que el fin del arte no es nada de esto.
El fin del arte es desafiar la inteligencia humana, exigiendo una interpretación racional y lógica.
Otra cosa es que la gente exhiba sentimientos en lugar de inteligencia, como si sentir fuera más valioso que pensar, o como si los que piensan fueran insensibles.
El arte es superior e irreductible al sentimiento.

Jesús G. Maestro


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