Idea de parodia en el Quijote

Crítica de los géneros literarios en el Quijote

Porque la escritura desatada destos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y de la oratoria: que la épica tan bien puede escrebirse en prosa como en verso (Quijote, I, 47).


Sancho en la ínsula (Quijote II, 51)
Desde el punto de vista de la teoría de los géneros literarios desarrollada desde el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, son potencias aquellas partes o rasgos distintivos y constituyentes de una obra literaria dados en función del género literario al que se adscribe la obra. En este contexto, se considerará la Idea de Parodia en el Quijote como la potencia fundamental de esta novela respecto a otras obras de su mismo género literario.
El narrador del Quijote desempeña al menos cinco capacidades en su actividad al frente de la historia que cuenta. En primer lugar, se advierte en el narrador una capacidad épica, por la que relata, refiere y, en suma, narra, unos hechos, expuestos de forma diegética, bien desde una perspectiva de conocimiento global (omnisciencia), bien desde una implicación en determinadas secuencias de la historia que cuenta (el hallazgo de unos manuscritos) (autodiégesis), bien desde la distancia más absoluta frente a lo que sucede (no comparte existencia operatoria con los protagonistas ni deuteragonistas: heterodiégesis). En segundo lugar, el narrador demuestra constantemente una capacidad dramática, al ofrecer un enfoque próximo e inmediato de los hechos, y desaparecer como instancia intermedia, formalmente presente, entre el lector y los personajes, a los que cede directamente la palabra mediante el diálogo literario que puntualmente los singulariza. El tercer lugar, el narrador introduce, como partes extensionales e integrantes de la novela, numerosos discursos líricos, entre odas, sonetos, romances, ovillejo, canciones, etc., ejerciendo una capacidad poética, que le permite actuar como una suerte de poeta o rapsoda que cita o recita poemas atribuidos a los personajes que forman parte de la historia o trama de la narración. En cuarto lugar, el narrador ejerce con suma frecuencia facultades críticas, a través de las cuales juzga, valora y reflexiona, sobre múltiples aspectos convocados en la novela, desde cuestiones fundamentales de teoría y crítica literarias, como los libros de caballerías, el concepto de poesía, o las comedias que “ahora se representan”, hasta aspectos fundamentales de filosofía natural y derecho civil, pasando por ideas relativas a la religión, la libertad, la guerra, las armas y las letras, entre otras muchas cuestiones realmente decisivas[1]. En quinto lugar, el narrador del Quijote ejerce una capacidad paródica, que confiere a esta novela una potencia singular frente a cualesquiera otras de su mismo género y especie, al hacer del discurso narrativo una imitación burlesca de referentes serios, tomados no sólo de la literatura (libros caballerescos, obras poéticas, comedias y autos sacramentales...), sino también de la vida real —social, política y religiosa— de su tiempo (frailes apaleados como los doce encamisados, suicidios fraudulentos como el de Basilio, suicidios proscritos como el de Grisóstomo, ociosidad aristocrática como la que se vive en el castillo ducal, parodia de las formas de gobierno tal como se representan en la ínsula Barataria…). Cervantes, consciente de que al poder sólo se le puede seducir, vencer o burlar, hace de la parodia una de las partes distintivas o constituyentes más importantes del Quijote respecto a cualesquiera otras obras pertenecientes al género literario de la novela. Además, la parodia cervantina no se limita a ser solamente una imitación burlesca de un referente serio. Ante todo es una imitación burlesca determinantemente crítica con su referente. Cervantes añade a la devaluación paródica un componente fundamental: el sentido crítico. La burla será, ante todo, crítica.

Sigue leyendo...







Nota

[1] “Las grandes discusiones se encuentran fundamentalmente en la Primera parte. Se inician con el escrutinio de la biblioteca de don Quijote, en el que se enjuician obras en su mayoría individuales: libros de caballerías, romances pastoriles y obras de poesía, épica y lírica (I, 6). Los juicios se hacen progresivamente menos severos al repasar estos géneros. Luego vienen las opiniones expresadas por el cura y el ventero, en particular sobre los libros de caballerías que hay en la venta (I, 32). En tercer lugar, los diálogos del canónigo de Toledo con el cura sobre los libros caballerescos y las comedias, y del canónigo con don Quijote otra vez sobre aquellos (I, 47-50). Es aquí donde más se profundiza en los problemas literarios. En la Segunda parte del Quijote el tema reaparece, pero con menor frecuencia y extensión. La discusión más importante es la de don Quijote y Sancho Panza con el bachiller Sansón Carrasco (II, 3-4). Con un cambio de dirección extraordinario, se centra ahora en la Primera parte de la propia novela. Más tarde se lee el discurso de don Quijote sobre la poesía (II, 16). Finalmente, el tema literario surge con brevedad en pocas ocasiones, como por ejemplo al comienzo del capítulo 44, sobre la unidad de la obra” (Riley, 1998: cxxxii).



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...