La Cultura es la religión de los ateos de diseño

Icásticas teselas 

Más precisamente, de los ateos posmodernos. Habitantes jactanciosos de un tercer mundo semántico. Es curioso cómo esta forma de ateísmo, en varios modos más irracional incluso que muchas formas de creencia religiosa, adora un politeísmo de divinidades vivientes: los artistas.
Entre los artistas, el escritor constituye la figura por excelencia de la divinidad cultural. El politeísmo cultural es, en este punto, sobresaliente y superlativo. La Cultura es un paritorio de dioses y diosas vivientes.
Los fieles adoran a estas divinidades vitalicias, con pretensiones eviternas. Creen incluso encontrar en la adoración por estos seres una especie de salvación terrenal, la preservación de su supuesta —y tan hipotética— inteligencia, la superioridad moral de que ha de investirles la numinosidad cultural. Honrarás a tus ídolos culturales como a ti mismo. Cuidarás de tus escritores como de tu propia salud corporal. Incluso más aún que de tu propia salud corporal. Velarás por que, además de cobrar sus pensiones, vean garantizados sus recursos económicos haciendo compatible su trabajo por la Cultura con su pensión estatal. He aquí el liberalismo que el proletariado de fieles quiere preservar y ofrendar a sus dioses privilegiados. ¿Cabe mayor servilismo por la fe? Ni el luteranismo puede ofrecer más.
Las personas presuntamente inteligentes se comportan ante el politeísmo cultural como el pueblo llano del Siglo de Oro español ante la inquietud de portar sangre judía, morisca o conversa. El anatema de que la incultura es el pecado original de nuestro tiempo exige que todo el mundo quiera ser culto, que haya de acreditar una “pureza de sangre” intelectual, y que deba demostrar un toque culturalmente “ario” —políticamente correcto— frente a los que no lo son.
No es cierto que vivamos en una sociedad sin vergüenzas. Hay vergüenza. Y mucha. Una vergüenza que ha mudado sus lugares tradicionales y ha buscado nuevas posiciones. Hoy nadie se avergüenza de ser imbécil, pero sí de quedar por inculto. La Cultura es un excelente instrumento de coacción social, como antaño lo era la religión, en tiempos más recientes la raza, o a día de hoy el uso de una lengua vernácula frente al español, como tecnología lingüística, por ejemplo.
La Cultura es el timo más cuidadosamente idolatrado por la posmodernidad. La gran fortuna de la ignorancia es que nos libera de ese timo, más sofisticado cada día. 
Los cultos de la posmodernidad creen que las religiones son irracionales, y de hecho las reemplazan por contenidos posmodernos de cultura, bajo los cuales se parapetan y atrincheran. Pero ignoran algo importante: ignoran que, a veces, el ateísmo cultural es la forma más irracional de ser y de estar en el mundo. Porque muchas de esas veces el ateísmo es la forma más irracional de organizar las creencias. Sobre todo cuando se pretende que la Cultura reemplace ya no a la Religión, sino a la Ciencia y a la Filosofía, es decir, a la Razón.

Editorial Academia del Hispanismo, 2012.


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