La literatura es una trampa para quien no sabe razonar

 Icásticas teselas



Me preguntan que por qué he escrito esto, por qué afirmo que la literatura es una trampa para quien no sabe razonar. Porque la literatura es el discurso más tramposo que existe, desde el momento en que no está sujeto prácticamente a ningún tipo de norma, a diferencia de las ciencias, del Derecho, de la Matemática, de la Óptica, de la Termodinámica, de la Música, del Lenguaje verbal mismo, o incluso de la Filosofía. Interpretar una obra literaria, sea cual sea, es un ejercicio tan audaz y tan arriesgado, o más, que jugar a las cartas con un tramposo profesional. Que eso es lo que son todos los escritores, unos impostores profesionales. Y el que más, Cervantes. Los demás son aprendices de brujo, incluido Shakespeare, al que, por cierto, es muy fácil pillarle las trampas. Son muy inocentes y evidentes. A diferencia de Cervantes, el mérito de Shakespeare está más en sus intérpretes que en su literatura, alienantemente sobrevalorada. A Cervantes le ocurrió precisamente lo contrario: sus intérpretes se creen más listos que su autor. La naturalidad de Cervantes hace que sus intérpretes se tornen soberbios, engreídos, sabihondos. Cervantes ha tenido mucho lector luzbelino. Ensoberbecido. Borges desempeñó muy bien este papel, tan propio de engañalistos. Y muchos trataron de seguirle. Ignorancia y osadía viajan juntas.

Jesús G. Maestro


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